SAN MAMÉS Y LOS LEONES

Todos nos dirigimos a los jugadores del Athletic Club como leones pero ¿Todos sabéis de dónde viene ese apodo?
Nos tenemos que remontar al año 1913 cuando comenzó la construcción del estadio de fútbol en los terrenos aledaños a la ermita San Mamés.

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Este santo tan venerado en Bilbao, no nació aquí (Aunque ya sabemos que los de Bilbao…) sino en Cesarea de Capadocia (Turquía) en el siglo III, en la cárcel, ya que sus padres se encontraban presos por cristianos.
Poco tiempo después fallecieron y Mames fue criado por una acaudalada mujer que, también, murió cuando el futuro santo contaba con quince años de edad.
Le dejó una gran fortuna pero no fue feliz, ya que el gobernador de la ciudad le sometía a variados tormentos para hacerle abjurar de su fe.
Al no conseguirlo, decidió arrojarlo al circo donde los leones hambrientos debían devorarlo.
Cuenta la leyenda que, lejos de darse un festín con el niño, los leones fueron amansados por él y se postraron a sus pies.
El gobernador, muy enfadado viendo aquella escena, ordenó clavarle un tridente en el abdomen para acabar con su vida.
Se le representa junto a un león y es considerado el protector de las personas con huesos rotos y de los lactantes.
A lo largo de la historia del Club nuestros jugadores han demostrado sobradamente su garra ante el contrincante y, por ello, su apodo es mundialmente conocido.
En la foto podéis observar la figura en el interior de la iglesia de la Misericordia, al lado de “La Catedral”.

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VEHÍCULO DEL DEMONIO

Cuántas veces comentamos la cantidad de coches que se ven en nuestra villa, el molesto ruido, los humos… Pues, aunque cueste creerlo, hubo una época en la que solo había uno.
El 23 de agosto de 1896 se publicaba en EL NOTICIERO BILBAINO una reseña sobre lo que sería el primer coche en la villa.

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Aquel carruaje familiar de cuatro asientos que cruzó la frontera de Irún tras pagar 2000 reales en concepto de derechos de aduana, fue adquirido por el señor Careaga.
El mecanismo era curioso: una gran cadena iba del motor a la rueda trasera para conseguir el desplazamiento, mientras que las ruedas delanteras se movían con una palanca situada en el interior del coche. Disponía de motor de gasolina que se hallaba instalado debajo del pescante.

Hubo muchos detractores de tan ingenioso invento e incluso algunos ciudadanos lo apedrearon, ya que lo consideraban un instrumento del diablo.La ventaja, según se decía en aquella época, respecto a los coches de caballos era su fácil conducción y su «docilidad». Se estimaba que eran necesarios quince días para conocer el manejo básico del automóvil.

Cuatro años después de llegar a Bilbao este “invento del demonio”, se produjo el primer desagradable suceso: el conde Tilly y su esposa la señora Zabálburu, sufrieron un accidente de camino a Gernika. Su vehículo volcó y varios aldeanos de la zona, corrieron a auxiliarlos. Afortunadamente, solo sufrieron contusiones y alguna fractura.

En el año 1900 se redactó el primer código de circulación que exigía la matriculación de los autos. Salustiano Mogrobejo, político y hermano del escultor Nemesio Mogrobejo, fue la primera persona que cumplió con esa orden y obtuvo para su vehículo de la marca Delahaye, la matrícula BI-1.

Muchos años y muchos coches después, no sabemos vivir sin estos “vehículos satánicos”

 

FOTO: INTERNET

MUSEO DE LAS ENCARTACIONES

Todos sabéis que me apasionan los museos, sus salas, sus exposiciones, su ir y venir de gente…
Hoy os hablaré de uno que no es muy habitual en los circuitos turísticos pero que merece mucho la visita.
El pasado 3 de diciembre, acompañada por Andoni y su cámara fotográfica, me dirigí al Museo de las Encartaciones situado en el barrio de Abellaneda en el municipio de Sopuerta.

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Amaneció un día frío, con sirimiri y bastante niebla, pero nada de eso podía empañar la belleza del lugar.
El paisaje merece la pena por sí solo, con la torre el conjunto es asombroso.
Estacionamos el coche en el aparcamiento y, al cruzar la puerta, notamos un agradable calorcito.
En el hall del museo, una gran maqueta de la comarca nos recibe.

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Nos acercamos al mostrador donde una chica nos comentó que la entrada es gratuita todos los días, pero que si no nos importaba nos haría unas preguntas para saber de dónde éramos y si habíamos oído hablar de este museo. Preguntas a las que, por supuesto, accedimos a contestar.
El Museo de las Encartaciones fue en origen la Casa de Juntas Avellaneda, sede del gobierno político encartado durante varios siglos.
En esta Casa de Juntas se daban cita los representantes de los valles y concejos de la comarca para tratar los diferentes asuntos de aquella época. Construida en el siglo XIV ha sufrido muchas reformas. Hubo un museo anterior al actual creado en 1968 pero, no sería hasta 1994 que se fundaría el Museo de las Encartaciones.
Este edificio está considerado el más emblemático de las Encartaciones y ofrece al visitante la posibilidad de adentrarse en la historia, disfrutar y aprender de la vida pasada de la zona.
Un museo que impulsa el estudio, difusión y recuperación del patrimonio histórico, artístico y etnográfico de esta comarca.
Se compone de diez salas en las que se explica la historia de esta comarca desde la prehistoria hasta el siglo XIX con diferentes soportes como maquetas, objetos cotidianos, herramientas de trabajos, audiovisuales, cuadros o esculturas, además de los paneles informativos correspondientes.

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En este museo se realizan, también, actividades como conferencias, cuentacuentos, visitas de centros educativos, talleres y cualquier cosa que ayude a difundir la memoria histórica de las Encartaciones.
La primera sala está dedicada a la prehistoria, con objetos que utilizaban como herramientas para su vida diaria. Avanzando en la historia vemos estelas funerarias.

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Llegamos a otra sala donde un grupo de estudiantes estaban realizando un taller que consistía en montar como si fuese un puzzle, el arco de la portada de la iglesia de San Miguel de Linares en Arcentales.
En la foto me veis a mí con una reproducción expuesta allí.

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Por una escalera de caracol vas accediendo a los siguientes pisos y a sus correspondientes salas.

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En una de ellas se muestran armaduras, blasones, armas y maquetas de diversas casas-torre.

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Pasamos a otra sala y vemos un cuadro realizado en cristal donde se observa una escena de una de las juntas de Abellaneda.

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Maniquíes con ropas de época nos dan una idea del lujo con el que vestían aquellos nobles.

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Un piso más arriba, varios objetos y máquinas utilizadas para la labranza nos dan la bienvenida.
Esta es una zona donde se cultiva la uva para realizar un exquisito txakolí y no faltan las prensas antiguas.

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En otra sala disfrutamos con maquetas de barcos donde observamos pequeños detalles como el velamen, los cañones, los timones…

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En esta imagen me podéis ver con una reproducción en piedra de Francisco de Garay, el primer gran explorador vasco en América. Con 18 años se embarcó en el segundo viaje que Colón realizó al nuevo continente.

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Una vez que visitamos todas las salas, nos bajamos a la zona de actividades donde el grupo de chavales que habíamos visto minutos antes, se encontraba en plena realización de un taller de escritura antigua. Otro de los locales habilitado para estos fines disponía de unos paneles pintados imitando a las paredes de una cueva.

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De nuevo en el exterior del edificio, paseamos por el jardín y subimos las escaleras hacia la parte superior de la torre donde se puede contemplar un bucólico paisaje con niebla incluida.

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Frente a la torre fotografiamos un gran viñedo de uva para txakoli.

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Antes de montar en el coche, algo que no solemos oír en Bilbao llamó mi atención, me acerqué y, en una campa, unas simpáticas ovejas parecían contentas de vernos.

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Yo intenté que se arrimaran a la verja, aunque fue en vano, claro, pero fue un momento muy divertido que unido al vivido dentro del museo hizo que la mañana de frio y sirimiri se convirtiera en soleada y cálida.
Gracias Andoni por tus fotos y tu compañía.