RECUERDO DE UN SANATORIO

Era domingo, a finales del mes de noviembre. Bilbao se despertó con un cielo azul y la temperatura era tan agradable que quedarse en casa resultaba impensable.
Unos días antes alguien me habló de un edificio abandonado cerca del Hospital de Santa Marina. Ya sabéis que soy muy curiosa así que, decidí que esa mañana iría a inspeccionar la zona pero no lo haría sola, Andoni, me acompañaría.
Antes de ir me informé de qué edificio podía ser y resultó ser el antiguo Hospital de Santa Marina.
Nos dirigimos al lugar en coche con intención de estacionarlo en el aparcamiento del centro sanitario. Pocos metros antes de llegar, a la izquierda pudimos ver entre la frondosa vegetación, una construcción.
El parking a esas horas estaba casi completo pero encontramos una plaza. Cruzamos la carretera y por el arcén llegamos a una cuesta por la que accedimos a una explanada donde se nos apareció aquel ruinoso edificio que fue, en un tiempo, lugar de reposo y curación, pero que en este momento parecía el escenario de una película de terror.
10918334_10203411685152710_622476900_o

10912389_10203411686112734_1616104586_o
Es un pabellón bastante largo con una altura de dos pisos en un estado lamentable.
Los grandes ventanales sin cristales, los grafittis en las paredes, los agujeros en la fachada y la maleza en el exterior refleja un abandono y tristeza que me encogió el corazón.

10901506_10203411685672723_1849819516_o

Yo soy intrépida y me cuelo por todos los rincones, no suelo tener problema en subirme, agacharme, tirarme al suelo o cualquier cosa de ese tipo pero, he de reconocer, que carecí de valor para entrar en aquel lugar tan lúgubre.
No se oía nada, silencio absoluto. Llevaba unos minutos cuando de repente, se escuchó un fuerte golpe que me hizo retroceder unos metros. Miré para todos los lados pero no descubrí nada que indicara que alguien lo había producido.
¡Zas! Otro golpe y otro y así varios seguidos. Empecé a preocuparme y asustarme.
Mi parte racional del cerebro me aseguraba que era debido al viento que allí soplaba pero mi parte fantasiosa y peliculera afirmaba que alguien me vigilaba escondido detrás de un trozo de pared e intentaba asustarme con el fin de que me alejara de su “residencia”.

10927264_10203411685792726_1440183954_o
¿Habría alguien viviendo allí? ¿Algún okupa? ¿Algún mendigo? No lo sé pero, al dar la vuelta para ver la trasera de aquel destartalado pabellón, comprobé que alguna ventana estaba protegida con rejas e incluso se veían cortinas y alguna ropa en un colgador.

10922967_10203411686192736_1448075747_o
Ganó la parte imaginativa y me fui pero, no por donde había venido, eso hubiera sido lo fácil.
Me metí por un sendero que me llevó a un depósito de agua, decorado de una manera colorista en la que, sobre su fondo azul Bilbao, una niña, pájaros y flores alegraban aquel rincón.

10901720_10203411707513269_1212758613_o 10893024_10203411707233262_714902315_o
Unos minutos y unas fotos después seguí avanzando pero, algo llamó mi atención en el suelo. Eran piñas, me encantan las piñas. Hace años las pintaba con acuarelas en diferentes tonos.

10901415_10203411708393291_1192514715_o
Continué camino hasta llegar a la parte de atrás del sanatorio actual. Volvía a la civilización.
La vista desde la delantera del actual centro hospitalario es muy relajante, por algo lo construyeron allá arriba, tan alejado de la ciudad, porque para tratar las enfermedades respiratorias que siempre se han tratado allí, el aire sano es fundamental.
Me crucé con muchas personas, que acudían al centro a visitar a sus familiares y amigos, mientras me dirigía al parking.
Montamos en el coche y salimos hacia la carretera por donde habíamos venido.
Al pasar por el antiguo sanatorio, donde acababa de estar unos minutos antes se me fue, inevitablemente, la vista hacia la derecha y mi imaginación voló a aquellos años en los que tantos bilbaínos ingresaban allí para curarse en un entorno privilegiado, rodeados de naturaleza y aire puro.
Ya en casa intenté averiguar datos sobre el lugar que acababa de visitar, pero ha sido en vano.
El edificio debió construirse en el año 1930 y he leído que se llamó Victoria Eugenia.
No puedo daros más información pero con gusto aceptaría cualquier cosa que me contéis.

LOS REYES MAGOS VISITAN BILBAO

Esta noche, para muchos, es la más mágica del año.

Los Reyes Magos visitarán nuestros hogares dejando regalos, esperanza, ilusión y mucha alegría.

Pero, antes de que eso suceda, han querido pasear por la Gran Vía bilbaina para saludar a todos los niños y niñas de la villa.

Y yo, por supuesto, no he querido perdérmelo. A las seis y cuarto me encontraba junto con mi querido Andoni, muy cerca de la Plaza Moyua esperando al cortejo real.

Minutos después hemos escuchado las sirenas de los dos camiones de bomberos, decorados con luces, que encabezaban la marcha.

P1040636

La emoción se podía sentir en la cara de todos los niños; quedaba poco para que sus majestades aparecieran en sus carrozas.

P1040641

Un grupo de leones desfilaban haciendo las delicias de todos y arrojando confettis de colores.

P1040646

Voluntarios de la Asociación San Filippo han participado luciendo los ya famosos globos solidarios rojos y blancos.

P1040647

P1040648

Un buzón gigante con unos carteros muy especiales avanzan hacia nosotros. Iban introduciendo cartas y en unas pantallas se podían leer los nombres de los niños que las habían escrito. Muchos gritaban encantados al ver sus nombres.

P1040653 P1040649

Otra carroza más, una muy importante, la que transportaba todos los regalos que esta noche repartirán los monarcas por los domicilios bilbainos.

P1040660

Y, de repente, aparece Melchor, con sus pajes, saludando. La novedad de este año es que los Reyes iban sentados en unos sillones giratorios, por lo que podían moverse con libertad para saludar a todos los alli congregados.

P1040671

La lluvia de confetti no paraba. La música y las luces tampoco.

Gaspar venía detrás, sonriente, feliz por el recibimiento y el cariño de todos.

P1040683

Pero, sin duda, el más aclamado, ha sido Baltasar. Todos coreaban su nombre. Le he visto, incluso, levantarse de su sillón y saludar efusivamente a los que se asomaban a los balcones y ventanas de los edificios de la Gran Vía.

P1040693 P1040689

Cerrando la procesión, una última carroza, arrojando los tan preciados caramelos aptos para el consumo de todos.

El sistema era curioso, como si fuese un lanzapelotas. Ha sido muy divertido ver cómo lanzaban kilos y kilos de estos dulces.

P1040697 P1040699

De alli me he dirigido, atajando entre calles, a la plaza Pío Baroja y en la barandilla de la ría he esperado a que llegaran al Ayuntamiento.

P1040701

A pie de escalinata se encontraban las autoridades para recibirles como se merecen.

Nuestro querido alcalde Ibon Areso, les ha saludado cariñosamente con todos los honores.

P1040707

Han entrado en el edificio y, minutos después, se han asomado al balcón del Salón Árabe, desde donde han pronunciado cada uno un pequeño discurso, deseando a todos paz, unión, fraternidad y mucha felicidad para este nuevo año.

Baltasar, como nos tiene acostumbrados, se ha dirigido a todos llamándonos «potxolitos».

P1040721

Niños y mayores, nos hemos emocionado, incluso, he visto alguna lagrimita en las personas que estaban a mi lado.

Terminado el saludo, han entrado de nuevo para recibir, como todos los años, a todas aquellas personas que llevaban horas haciendo cola en el lateral del edificio consistorial.

He venido a casa feliz de ver cuánta ilusión desprenden nuestros txikis. Nunca deberíamos dejar de ser niños.

Feliz noche de Reyes.

PRIMERA CABALGATA DE REYES

cabalgata

En esta sección de recuerdos, hoy os hablaré de la Primera Cabalgata de Reyes en Bilbao.
Fue en el año 1934 y la idea surgió de la recién creada Radio Emisora Bilbaína.
Pero en esta iniciativa no estaban solos, sino que contaban con el apoyo de El Club Deportivo, La Sociedad Ciclista Bilbaína y la Txapel Gorri.
La primera cuestión que les surgió fue la cabalgadura de tan ilustres personajes.
Los camellos o dromedarios eran inviables, así que, se pensó en caballos.
Para ello se pusieron en contacto con el Gobernador Civil, al cual le encantó la idea y prestó los equinos de sus guardias.
El día 5 de enero, todas las entidades organizadoras, se dieron cita en el Teatro Campos, de allí, con ayuda de la compañía de Enrique Rambal, que aportó el vestuario, se acicalaron y prepararon todos los «actores» de la Cabalgata.
Ya preparados, comenzó el ansiado desfile. La comitiva se componía de un coche-piloto, un árbol iluminado con luces a pilas, numerosos coches y autobuses particulares abarrotados de chavales y, claro está, los Reyes Magos.
En cabeza iba un pelotón de ciclistas, poniendo la nota deportiva al evento.
En los autobuses, unas simpáticas modistillas, repartían pan con chorizo a los niños, acompañados de gaseosas donadas por Cerveceras del Norte.
Todo el cortejo se dirigió a diferentes centros benéficos a obsequiar con regalos a los más necesitados.
Después desfilaron por la Gran Vía y por varias calles céntricas.
Todo transcurría con alegría y mucha emoción pero, cuando se dirigían al Teatro Campos donde iban a terminar la fiesta, a la altura de Hurtado de Amézaga, se desató un fuerte chaparrón de granizo, lo que hizo que el suelo se convirtiera en una pista de hielo.
El caballo del rey Baltasar patinó y se fracturó las patas delanteras. Allí mismo uno de los colaboradores del evento, le apuntilló de un certero golpe.
A pesar de todo, el Gobernador se encontraba feliz con el resultado de la primera Cabalgata de Reyes en Bilbao y le restó importancia.
Al año siguiente también hubo desfile real, y el siguiente también pero, por motivos de la guerra, Melchor, Gaspar y Baltasar no volvieron a visitar la villa, hasta comienzos de los cincuenta.

No tengo foto de aquella ocasión, así que he ilustrado el post con la que veis que es de una cabalgata en Portugalete.