¡NOS VAMOS A VALDEREJO!

Combinar paisaje con patrimonio, cultura e historia no siempre se consigue.
Desde 1992, fecha en la que fue declarado Parque Natural, Valderejo es uno de esos lugares que aúna estos tres conceptos.
Situado en el valle más occidental de Álava, limita con la provincia de Burgos y cuenta con una extensión de 3500 hectáreas.
Se puede acceder al parque por la carretera comarcal atravesando los municipios de Pobes, Salinas de Añana y Espejo; se cruza Valdegovía y se llega hasta San Millán de San Zadornil (Burgos) donde nos desviamos al pueblo Lalastra, en la parte alavesa.
Hace unas semanas visité este parque al que hacía veinte años que no acudía. Dejé el coche en el aparcamiento a las afueras de Lalastra y me dirigí al Centro de Interpretación donde me explicaron que la ruta desde allí hasta el desfiladero del río Purón sería unos cinco kilómetros de distancia. Me comentaron que esta era una de las nueve sendas que cruzan este bucólico paraje. También pude admirar diversos objetos en su museo etnográfico para conocer mejor la historia y las costumbres de la zona.


Comencé mi recorrido con mucha ilusión, sabiendo que la tranquilidad y el silencio, además de unas impresionantes vistas, serían mis acompañantes.


Había leído que la flora y la fauna de Valderejo era uno de sus tesoros y pude constatar que así es. Laderas no muy costosas donde crecen pinos, hayas, encinas…que ofrecen al paseante un espectáculo visual y hacen que el camino sea muy entretenido. También posee la colonia más numerosa de buitres leonados de Euskadi.


Llevaba más de media hora caminando cuando encontré un cartel que indicaba que había llegado al pueblo de Ribera, abandonado en los años setenta del pasado siglo. En este recóndito municipio vivían algo menos de un centenar de habitantes. Su iglesia, datada en el siglo XII, permanece orgullosa en lo alto de una colina, a pesar de su deterioro.


A pocos metros, una campa de gigantes dimensiones apareció ante mí con el color amarillento que poseen los terrenos áridos.


Me dispuse a cruzar y, al final, tras una puerta para evitar que pasen los animales, entré en el desfiladero del río Purón cuyas aguas han erosionado las rocas de ambas orillas y donde, todavía, quedan restos de una antigua calzada romana utilizada para comunicar la meseta con el norte de la península.


Por unos escalones excavados en la ladera bajé a una poza que invitaba a bañarse y rebajar, así, el calor corporal después de una larga caminata.


Sin duda es un fantástico parque para los amantes del senderismo y para los que buscan unas horas de silencio y paz mientras el camino les atrapa.
Terminada la excursión y, en mi camino hacia el aparcamiento, me detuve a observar la iglesia, el centro de interpretación (que fue la escuela del pueblo), las casas y todo el conjunto que forma este pequeño pueblo de Lalastra.
Entré en el único bar abierto a tomar un refresco y su dueña me explicó que servían comidas a diario y que durante el fin de semana acude mucha gente a este rincón alavés.
Al salir me di cuenta de que varias vacas, acostumbradas a ver humanos, se acercaban sin miedo a mí para acompañarme hasta el aparcamiento.


Sabéis que siempre os animo a recorrer nuestra geografía y visitar los rincones con los ojos bien abiertos con el objetivo de aprender y divertirnos. Espero que este post os sirva como idea de una bonita excursión.
FOTOS: ANDONI RENTERIA.

HUMEDALES DE SALBURUA

Hace unos días visité los humedales de Salburua en el cinturón verde de Vitoria-Gasteiz.

Esta zona se encuentra en el barrio del mismo nombre donde estuvo ubicado el aeropuerto viejo de la ciudad, tristemente conocido por ser el aeródromo desde el que despegaron los aviones que bombardearon Gernika durante la Guerra Civil.

Las lagunas principales de estos humedales son: Arkaute y Betoño. Hace siglos fueron desecadas para transformar la zona en campos de cultivo pero, desde 1994, se fueron recuperando para convertir este lugar en uno de los humedales más importantes del País Vasco.

En sus 206 hectáreas de superficie dispone de varios recorridos con un total de nueve kilómetros para disfrutar de la naturaleza en plena ciudad.

Después de estacionar el coche en el amplio aparcamiento, me dirigí al Centro de Interpretación ATARIA donde me facilitaron un plano y me atendieron amablemente ofreciéndome respuestas a todas mis preguntas.

En el interior del edificio se puede interactuar con diferentes objetos que explican la historia de la flora y fauna que allí conviven.

Existen paneles informativos, maquetas, zona de relax, zona de juegos…y un magnífico mirador que ya es el símbolo de este centro.

Con el plano en la mano me encaminé por un sendero para realizar uno de los recorridos.

Atravesé puentes, observé pequeñas cascadas, me crucé con varias personas y me embelesé con el vuelo de una cigüeña que recogía ramas para la construcción de su nido.

En una de las casetas de observación me quedé unos minutos para disfrutar de la escena en la que varios ciervos cruzaban la balsa hasta alcanzar un pequeño islote. En el agua los patos conviven en perfecta armonía con garzas y otras aves.

Nunca había visto tantos nidos de cigüeñas; es una estampa maravillosa. No me extraña que ornitólogos de diferentes lugares de Europa lleguen hasta Salburua para disfrutar de este bucólico lugar.

Durante mi paseo comprobé que han habilitado zonas de descanso donde sentarse a comer un bocadillo o, simplemente, disfrutar del silencio y de la abundante flora.

Todo se encuentra muy limpio y muy cuidado. Realmente merece una visita.

FOTOS: ANDONI RENTERIA.