SALÓN CINEMATOGRÁFICO OLIMPIA

Después de cuarenta años de proyectar en su pantalla documentales, películas mudas, incluso los primeros films sonoros de la historia del cine, el Salón Olimpia finalizó su actividad y cerró sus puertas el 19 de enero de 1947. Aquel mítico cine se hallaba en la Gran Vía bilbaína, sustituyendo al café Olimpia donde, además, disponía de un almacén a modo de galería comercial.
Su historia comienza cuando el negocio hostelero no funcionaba bien y fue entonces cuando se creó una sociedad para reconvertirlo en cine. El 12 de septiembre de 1905 abrió sus puertas como Cine Olimpia presumiendo de todas las comodidades de la época. El día de la inauguración se proyectaron varios documentales. Pero, sin duda, fue el titulado “La Sociedad Atlética en el campo de Lamiaco” el que despertó más interés entre los asistentes. Un cuarteto de músicos fue contratado para amenizar la espera entre cada una de las funciones.
Los bilbaínos de entonces acogieron bien aquellas imágenes en movimiento que narraban historias o reportajes de diferentes lugares del mundo. Uno de aquellos asiduos era Félix Unamuno, hermano de nuestro bilbaíno más universal, Miguel de Unamuno, quien se acomodaba en una localidad reservada para él.

 

Juan Álvarez, gerente de la sala, gozaba de fama de buen empresario que utilizaba originales técnicas para atraer al público; como el hecho curioso de permitir acceder al local comiendo unas manzanas caramelizadas o cacahuetes que vendían en la entrada. Desgraciadamente, el progreso también afectó a aquel lugar de entretenimiento; la construcción de salas de cine más grandes y más modernas hizo que el Salón Olimpia dejará de ser un referente del cine en Bilbao y se vio mermada la asistencia de público. Por ello no hubo más remedio que clausurarla y, como colofón a aquellas cuatro décadas de existencia, el gerente decidió que los últimos días de vida del salón se mostrarían las películas más exitosas que se habían visto allí. Durante cuatro días los bilbaínos fueron pasando por el Olimpia para despedirse con mucha pena del que había sido lugar de encuentro, de besos furtivos, de risas, de lágrimas, de emociones…
Aquel edificio, construido por el arquitecto municipal Ricardo Bastida, fue derribado para dar paso a uno nuevo propiedad de la Caja de Ahorros Vizcaína donde instaló sus oficinas y, en cuyo patio interior, llegó a construirse el cine Gran Vía hoy en día desaparecido y reformado en la conocida Sala BBK.

(No confundir esta sala de cine con la que hubo en la calle Iparragirre desde 1951 hasta 1985)

La foto es de Internet.