LA CHELITO BUSCABA LA PULGA

Hubo un tiempo, hace ya un siglo, en que el que se buscaba afanosamente un insecto, concretamente una pulga.
En el Salón Vizcaya, los tumultos se desencadenaban cuando la bella “Chelito” aparecía en el escenario completamente vestida y contaba, mientras se rascaba, a los expectantes hombres que allí se encontraban, que una pulga se había colado entre sus ropas.
Ella, pícaramente, preguntaba al entregado público dónde podría estar aquel bichito, a lo que los caballeros, jóvenes universitarios o ancianos babeantes, le iban dando pistas mientras ella seguía en su empeño de rascarse.
“La Chelito” enseñaba poco; únicamente se levantaba la falda unos centímetros pero, aquel gesto, era suficiente para que sus admiradores llenaran a diario aquel local de Bilbao la Vieja, que se mantuvo abierto hasta el fin de la Guerra Civil y luego se convirtió en cine hasta que en 1981 cerró sus puertas para siempre.
Pero no fue el único lugar donde se podían admirar bellezas cantarinas y picaronas. El Pabellón Vega se inauguró en marzo de 1910 siendo su dueño Julián Vega padre del escritor Luis Antonio de Vega.
No muy lejos de su máximo competidor el Salón Vizcaya, este local contaba con “La Bella Peodima”, la gran estrella de la época en su género.

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Era muy conocida tanto por jóvenes como por maduritos caballeros, su picaresca encima del escenario. Pero no a todo el mundo le agradaban aquellos espectáculos. Muchos sacerdotes, entre ellos el Padre Basterra, arremetían desde sus púlpitos día sí y día también contra estas lúdicas prácticas.
Aquello, muy a su pesar, consiguió darles más publicidad y, por lo tanto, más clientes.
Las monjas del cercano convento de las Siervas de Jesús también se oponían a la picaresca de las vedettes y denunciaron ante el Gobernador la manera que tenía Julián Vega de anunciar su espectáculo a golpe de campana, cuyo sonido se escuchaba en medio Bilbao, alegando que no podían dormir. Pero, el propietario del local no se amedrentó y las denunció asegurando que él también sufría con las campanadas matinales del centro religioso.
Finalmente cedieron ambas partes suprimiendo los sonidos de campanas.
El Pabellón Vega continuó divirtiendo a los bilbaínos hasta que bajó la persiana y se convirtió en exposición de coches, después en fábrica de dulces para terminar siendo un almacén de huevos y, en 1974, se procedió a su derribo.
Mucho han cambiado los espectáculos ¿No os parece?

EL «EXPLICA» DE SAN FRANCISCO

El domingo pasado os hablé del bilbaíno origen del conocido y, ya desaparecido, NO-DO; hoy el tema también tiene relación con el cine.
En los años veinte del siglo pasado, el Salón Vizcaya de la calle San Francisco era un lugar de ocio y espectáculos con restaurante, bar, salas de juego y un pequeño escenario donde se representaban pícaros números con señoritas.
Además de estos atrevidos «shows», se proyectaban películas.
Para que los clientes entendieran los diálogos era necesaria la presencia de un «explica»; alguien que, desde un púlpito o lugar destacado en la sala, contaba el argumento y que, muchas veces, improvisaba como mejor le parecía.
Eduardo Pérez Mas fue el mejor profesional en este terreno que tuvo esta sala de espectáculos.

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Llegó a tener tanta fama con su vozarrón y capacidad de improvisación, que un ministro de la Gobernación de entonces, después de acudir a una de aquellas sesiones, exclamó: «¡Qué gran explicador de cine tienen ustedes aquí! ¡Menudo papel haría en el Congreso!»
En Enero de 1929 la Asociación de Periodistas Cinematográficos de Bilbao, le rindió un merecido homenaje a tan excelente «explica».
Una vez implantado el cine sonoro, Eduardo quedó fuera de lugar y trabajó en el guardarropía del cabaret «Las Columnas» en La Palanca.
Otra profesión que desapareció al llegar las nuevas tecnologías.