Y…ENTRARON EN BILBAO

El 18 de junio de 1937 para muchos bilbaínos fue una jornada marcada por el miedo, el horror y el desconcierto. Momentos de angustia que se vivieron en Bilbao en pleno escenario de una guerra civil en la que no habían pedido entrar.
Los avisos de ataque eran continuos y debían acudir a refugiarse dejando aquello que estuvieran haciendo. Algunos se protegían en iglesias, como la de Santiago, donde el padre Francisco Vidal generosamente acogía a aquellas asustadas personas.
Catorce fueron los que aceptó aquel día y los introdujo en un cuartito de la parte derecha del templo en la que la única ventilación consistía en una ranura que daba al pórtico.
José Antonio Aguirre con sus consejeros observaba desde la terraza del hotel Carlton, (sede de la presidencia en ese momento) cómo la resistencia luchaba denodadamente para defender Bilbao.
Días atrás ya se inició la ruptura del cinturón de hierro por parte del ejército del norte del bando sublevado, con apoyo de 110 aviones alemanes y numerosos carros de combate.
Algunos ya veían que la partida estaba perdida y muchos fueron los soldados que regresaron con sus familias.
Mientras iban cayendo poblaciones como Derio, Plentzia, Lezama, Algorta, Basauri o Sondika, Bilbao seguía resistiendo con el ánimo cada vez más dañado.
Parte del Gobierno fue evacuado a Trucíos entretanto, en Artxanda se desencadenó una sangrienta batalla.
El 19 de junio, la ciudad amaneció en silencio, un silencio que no presagiaba nada bueno. Las calles desiertas. Entonces comenzaron las detonaciones para la destrucción de los puentes y evitar, así que los ejércitos los cruzaran.
Se corrió el rumor de que harían volar también el Casco Viejo y varias familias huyeron andando hacia Begoña, de allí a Artxanda para dirigirse a Asua.
No estalló, afortunadamente, y los vecinos pudieron volver a sus hogares.
La mañana del 20 todo había cambiado; se escuchaba música militar en las calles. Todo había terminado o…no.
Bilbao estaba ahora en sus manos.

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11 pensamientos en “Y…ENTRARON EN BILBAO

  1. Como persona que ha vivido la posguerra, por tener 72 años, este relato me resulta muy triste…El primer marido de mi madre, murio en combate en la defensa de Bilbao. En el monte Bizkargi. allí se quedo, nunca fué encontrado sú cuerpo para poder ser enterrado, debe estar en alguna fosa común junto a otros combatientes quizas con algunos del bando contrario.

    Gracias por recordar a los gudaris y milicianos que vinieron de todas partes de Euskalerria. para defender el Gobierno legitimo de la República.

    ¡¡ VIVA LA REPUBLICA !!

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  2. El hermano de mi aitite murió ,según algunos de sus compañeros que dijeron haberle visto caer, en la batalla de Artxanda. Mis familiares buscaron su cuerpo durante semanas, pero nunca lo encontraron.

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