Acerca de Esme

Soy de Bilbao, vivo en Bilbao y nací enamorada de Bilbao.

BEBER, BEBER Y BEBER.

Que la bebida puede resultar un gran problema si no se toma con moderación es algo que sabemos de siempre.
A principios del siglo XX beber hasta quedarse sin sentido parecía el deporte favorito de los vizcaínos.
Los más aficionados eran los trabajadores y también los más perjudicados debido a la siniestralidad laboral.
Aquella situación se iba agravando cada vez más y, en los años veinte, se convirtió en un mal que había que atajar cuanto antes.
Hubo varios estudios en diferentes países europeos en los que se reseñaban los delitos cometidos y los accidentes causados por todos aquellos que pasaban horas y horas en estado de embriaguez.
La delincuencia aumentó considerablemente, sobre todo, los domingos, jornada en la que se ingería más alcohol.

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En el manicomio de Bermeo, se aseguraba, que la gran mayoría de internos lo estaban debido al alcoholismo.
Los centros de beneficencia no daban abasto para atender a tantas personas aquejadas con esta enfermedad.
Se temía por la juventud, por las familias que empezaban a estar desestructuradas, por el abandono de hijos pequeños, por la transmisión de la tuberculosis…
Para los diputados nacionalistas la situación era considerada una catástrofe y debían ponerle remedio a la mayor brevedad.
Las autoridades decidieron realizar una campaña para educar a los ciudadanos explicándoles las consecuencias de la ingesta de alcohol.
11,523 litros por habitante al año era la escalofriante media que se consumía en alguna de las 1609 tabernas que existían en Bizkaia en el año 1919 cuando más de 300000 eran los ciudadanos vizcainos.
También se propuso restringir los horarios de apertura y de cierre de todos aquellos locales.
No fue hasta el año 1923 que se aprobó aquella moción.
Así se bebía en nuestra provincia hace un siglo. Ahora también se bebe, claro que sí, pero no con tanta “devoción”.

ESCENAS DE BILBAO EN EL ENSANCHE

El dia 3 de diciembre se inauguró una exposición en el Edificio «Ensanche Bilbao» que permanecerá hasta el próximo 24 de enero.

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Se trata de una muestra de 130 fotografías expuestas en paneles en las que se reflejan diferentes momentos de nuestra villa hace más de un siglo.

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La historia de esta exposición comienza en 1960 cuando el hermano de Benito Tejedor, calderero y aficionado a la fotografía, le entrega una serie de negativos y una cámara de 1880 que había encontrado durante unas obras en un camarote de la calle Ronda.

Una reseña sobre este hallazgo fue publicada el día 25 de agosto de ese mismo año en la Gaceta del Norte.

Pasaron los años y, en 2012, Jesús Valbuena, yerno de Benito, también aficionado a la fotografía decide darlas a conocer; para ello ha sido necesario un proceso de recuperación de las fotos para transformalas en imágenes digitales de calidad.

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Las escenas nos enseñan momentos familiares, niños jugando en el pórtico de San Nicolás con el famoso tilo a sus espaldas, los alrededores de la iglesia de San Antón, El Arenal y muchos lugares más que seguro os costará reconocer.

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No os la perdáis, merece mucho la pena.

FOTOS: ANDONI RENTERIA.

 

 

ORIGEN DE LA FERIA DE SANTO TOMÁS

El 21 de Diciembre es una fecha señalada en los calendarios de los bilbaínos. Es un día de fiesta, de música, de talo, de txakoli, de pañuelo al cuello, de amigos, de bajar al Arenal…
Eso lo sabemos todos pero, muchos jóvenes, quizá se pregunten de dónde viene esta tradición y qué es exactamente lo que festejamos.
El origen de tal festividad se remonta al siglo XIX cuando la mayoría de los caseríos de las afueras de la villa estaban arrendados por familias que se encargaban de cultivar las tierras y de criar el ganado.
Aquellos inquilinos debían pagar su renta a los dueños a final de cada año y, para ello, debían acercarse hasta Bilbao. Aprovechaban el viaje y traían a la capital productos de su huerta, así como algún animal para venderlo en el mercado y abastecer así las mesas de los bilbaínos en aquellas fechas cercanas a la Navidad.

 

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Los artesanos exhibían el género para su venta, como también, se organizaban concursos para premiar al mejor queso, la mejor miel o el mejor txakoli entre otras sabrosas viandas típicas de nuestra tierra.
Esta es una tradición que, con el paso de los años, ha ido adquiriendo una importante fama más allá de nuestras fronteras. Son muchos los que acuden desde diferentes poblaciones a disfrutar de un buen talo con chorizo, un vaso de sidra o txakoli, música de txistu o, simplemente, se acercan a los puestos instalados en el Arenal y la Plaza Nueva a adquirir dulces, embutidos o productos de la huerta.
¡Qué importante es para la cultura de un pueblo mantener las tradiciones!
Gora Santo Tomás!