Mi historia de hoy no es muy alegre, lo sé.
Nos situamos en el siglo XVIII; entonces la muerte y los difuntos tenían más protagonismo.
Tanto era así que las autoridades prohibieron las prácticas de tirarse de los cabellos, arañarse la cara y cantar de manera exagerada.
Las mujeres más populares y diestras en aquel oficio de plañideras, eran las de Bermeo.
Había actos considerados deshonestos, como rasgarse las mujeres los vestidos, tirarse al suelo o patalear.
Imaginaos el espectáculo.
Otra costumbre era ir improvisando canciones en recuerdo del difunto durante la procesión fúnebre.
En 1793, el Obispo de Calahorra, tras una visita a nuestra tierra, manifestó su disgusto por tales muestras de dolor y, aunque entendía que era normal, solicitó que fuesen más moderadas.
Afortunadamente, el jaleo fúnebre fue desapareciendo, pero seguía siendo una extraña exhibición.
En los años treinta del siglo pasado, el desfile mortuorio se realizaba en coche de caballos que, en función de la condición social del fallecido, podría ser con uno, dos o hasta seis equinos.
Al paso del cortejo las mujeres se santiguaban, los hombres se quitaban sus sombreros y todo se realizaba en silencio y con mucho respeto.
Se dirigían hacia la plaza de los Auxiliares, hoy conocida como Plaza Unamuno, donde se les trasladaba en el conocido «Tren de los muertos», que les llevaba hasta el cementerio de Derio, su morada final.
Se construyeron vagones para albergar a estos pasajeros tan especiales. Como en todo, había diferentes tipos en función de su «clase». Los había más lujosos para los difuntos adinerados y también había vagones con decoración muy sencilla para gente humilde.
La foto es de un cortejo funerario por la calle Ibáñez de Bilbao.
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LOCA DE AMOR
Unos dicen que la canción compuesta por José Luis Perales e interpretada, tanto por él como por el grupo bilbaíno Mocedades, fue en su memoria.
Otros aseguran que nada tiene que ver con el personaje del que os voy a hablar, sino con una mujer conocida del propio autor que enviudó y enloqueció.
Sea como sea, es una bonita historia, una historia de amor, aunque no podemos negar su punto de tristeza.
En Bilbao nos gusta pensar que la letra de la canción se refiere a una mujer, llamada Mercedes Lorenzo que, según lo que he investigado, trabajaba como secretaria en las oficinas que Martini y Rossi tenían en Alameda Urquijo, cerca de la famosa plaza donde luego ella pasó sus años sentada en un banco.

Enfrente de dichas oficinas, se situaba una tienda de ultramarinos regentada por Andrés Estebarán quien, dicen, fue su gran amor. Me explican que aquel hombre estuvo durante un tiempo encariñado con esta mujer pero, al final, se casó con otra.
Este es, cuentan las malas lenguas, el motivo de su enajenación.
Dejó su trabajo de secretaria y se dedicó a tejer sentada en uno de los bancos de la antigua plaza. Siempre el mismo banco, desde donde, afanada en su labor, observaba cualquier movimiento del negocio de su amado.

Así transcurrían las estaciones, con un calor abrasador en verano y un frío insoportable en invierno, pero ella persistía, año tras año.
Confeccionaba en punto unos vistosos y estrafalarios sombreros que usaba cada día.
Los niños y las niñas de los colegios cercanos: Santiago Apóstol y El Pilar, al pasar por allí, la miraban con una mezcla de temor y sorpresa. Algunos se burlaban de ella pero, ella jamás se molestó, ni reprochó, ni se enfadó con ningún paseante.
Ella no molestaba a nadie, ella estaba en su mundo y su mundo era su enamorado y sus lanas.
No queda claro en qué año se la dejó de ver, tampoco dónde vivía. No hay más datos de ella.
Pero lo que sí es seguro, es que es una de las grandes historias de amor conocidas, de nuestro querido Bilbao.
No quiero imaginar el sufrimiento de esta dama, “La loca de Arriquibar” como la conocemos todos. En fin “C’est l’amour!”
Os dejo una foto de la maravillosa actriz Lola Herrera quien, a principios de los noventa, posó caracterizada de “la Dama de los sombreros” (Como también se la conocía) para un programa de televisión que dirigía Antxon Urrosolo.
Y, por si no os la sabéis, aquí os pongo la letra de la famosa canción.
LE LLAMABAN LOCA
El mundo fue sólo de los dos y para los dos
su hogar unas nubes tendidas al sol,
en sus miradas amor, en sus respuestas sí
y para su dolor, un solo fin.
Él se fue, los cabellos pintados de gris
ella dejó de cuidar las flores del jardín
y le decía ven, tenemos que vivir.
Y LOS MUCHACHOS DEL BARRIO LE LLAMABAN LOCA
Y UNOS HOMBRES VESTIDOS DE BLANCO LE DIJERON VEN
Y ELLA GRITÓ NO SEÑOR, YA LO VE, YO NO ESTOY LOCA
ESTUVE LOCA AYER PERO FUE POR AMOR.
Y LOS MUCHACHOS DEL BARRIO LE LLAMABAN LOCA.
En el hospital en un banco al sol se la puede ver
sonreir, consultando su viejo reloj
pensando que ha de venir aquel que se marchó
y se llevó con él su corazón.
Y LOS MUCHOS….. PERO FUE POR AMOR.
No vendrá, él la espera en sus nubes al sol
en ese mundo que ayer tan sólo fueron dos
en ese mundo que
triunfó el amor.
Y los muchachos del barrio le llamaban loca.
HISTÓRICAS NEVADAS EN BILBAO
La nieve nos parece divertida, hermosa y saludable en algunas circunstancias pero, cuando día tras día sales a la calle y te la encuentras tan blanca y tan peligrosa, ya no te hace tanta gracia.
No es habitual ver nuestras calles o jardines luciendo ese frio y blanco manto , por eso nos hemos armado con nuestros móviles y cámaras de fotos y nos hemos echado a la calle para inmortalizar escenas como San Mames nevado, Artxanda , el Pagasarri, el parque de doña Casilda, el Arenal e infinidad de lugares y rincones
Nos parece que ha nevado mucho, pero la historia y la hemeroteca nos desvelan datos de otras nevadas importantes en nuestra villa.
Os hablaré de algunas de ellas para tener una idea de lo que han sido nuestros inviernos en los últimos tiempos.
Hace algo más de un siglo desde que empezaron a registrarse datos de las nevadas y, la primera de la que tenemos constancia es en Enero de 1881.
Marzo 1883
Primera vez que en este mes nuestras calles se cubren de nieve.
El “Noticiero bilbaíno” destaca en sus páginas el ahínco con el que barrenderos y empleados municipales limpian las calles con palas y escobones.
Invierno 1884-1885
Fue uno de los más intensos de finales del siglo XIX
Febrero de 1888
Concretamente el día 28 los termómetros marcaban -8ºC a las seis de la mañana; más que nieve lo que había era una helada de dos pulgadas de espesor.
Noviembre 1890
Una gran ola de frio azota la península y, en la Costa Cantábrica, la nieve cayó a nivel del mar. La temperatura descendió hasta los -5ºC
Enero 1891
El día 6 amanece con temperaturas gélidas y, algo en el ambiente, hacía presagiar una gran nevada, como así fue.
Los días posteriores el frío era insoportable; desapareció la nieve para volver a aparecer los días 18 y 19 del mismo mes.
Enero 1895
La nevada alcanzó los 10 cms de espesor.
Febrero 1902
Nuestra geografía se ve inmersa en una intensa ola de frío y temporal de nieve que produce una serie de desperfectos en la flota pesquera.
En el “Noticiero bilbaíno” destacan la cantidad de grupos de chicos y chicas que jugaban a arrojarse bolas de nieve.
El Ayuntamiento, mientras tanto, ponía en marcha la campaña para socorrer a los indigentes de la villa.
Mayo 1902
Se producen nevadas excepcionales para ese mes.
Los montes nevados en esa época era algo desconocido para los bilbaínos.
Diciembre 1903
Importante nevada en nuestra ciudad con temperaturas entre 1ºC y -5ºC.
Hasta 1920 casi tocó a nevada por año.
Durante seis años los temporales de nieve dieron una tregua a los bilbaínos pero, en las navidades de 1926, la ola de frio se desató en todo el país, considerándose la peor tempestad de los últimos 200 años hasta ese momento.
Febrero 1932
Varias nevadas dejaron su manto blanco en los tejados de nuestra villa.
Enero 1945
Un mes memorable en cuanto al frío se refiere. Lo llamativo de estas nevadas fue la duración, ya que a causa del frío no se desheló hasta pasados varios días.
Febrero 1954
La tradición popular la denomina como la mayor de todas las nevadas del siglo pasado, con hasta 35 cms de espesor.
Invierno 1955
La ciudad gris se convirtió en blanca.

Febrero 1956
El mes más frío del siglo XX en Bilbao. Tres fueron las nevadas que cayeron en la ciudad del Nervión.
Esta foto pertenece a un partido en San Mamés de los cuartos de final de la Copa de Europa en la temporada 1956-1957

Febrero 1963
Es menos conocida pero, importante también. Los termómetros descendieron a los -8,6ºC.
Para terminar esta lista de temporales invernales, la de enero de 1985, aquella sí la conocí y la recuerdo bastante bien.

Los 25 cms de nieve hicieron que nuestra ciudad se paralizara en actividades como las escolares o deportivas.
Las conclusiones de los expertos son claras: Ya no cuaja la nieve como hace un siglo y los motivos parecen ser el aumento de las temperaturas y la mayor actividad urbana.
Las fotos son de Internet




