VEHÍCULO DEL DEMONIO

Cuántas veces comentamos la cantidad de coches que se ven en nuestra villa, el molesto ruido, los humos… Pues, aunque cueste creerlo, hubo una época en la que solo había uno.
El 23 de agosto de 1896 se publicaba en EL NOTICIERO BILBAINO una reseña sobre lo que sería el primer coche en la villa.

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Aquel carruaje familiar de cuatro asientos que cruzó la frontera de Irún tras pagar 2000 reales en concepto de derechos de aduana, fue adquirido por el señor Careaga.
El mecanismo era curioso: una gran cadena iba del motor a la rueda trasera para conseguir el desplazamiento, mientras que las ruedas delanteras se movían con una palanca situada en el interior del coche. Disponía de motor de gasolina que se hallaba instalado debajo del pescante.

Hubo muchos detractores de tan ingenioso invento e incluso algunos ciudadanos lo apedrearon, ya que lo consideraban un instrumento del diablo.La ventaja, según se decía en aquella época, respecto a los coches de caballos era su fácil conducción y su «docilidad». Se estimaba que eran necesarios quince días para conocer el manejo básico del automóvil.

Cuatro años después de llegar a Bilbao este “invento del demonio”, se produjo el primer desagradable suceso: el conde Tilly y su esposa la señora Zabálburu, sufrieron un accidente de camino a Gernika. Su vehículo volcó y varios aldeanos de la zona, corrieron a auxiliarlos. Afortunadamente, solo sufrieron contusiones y alguna fractura.

En el año 1900 se redactó el primer código de circulación que exigía la matriculación de los autos. Salustiano Mogrobejo, político y hermano del escultor Nemesio Mogrobejo, fue la primera persona que cumplió con esa orden y obtuvo para su vehículo de la marca Delahaye, la matrícula BI-1.

Muchos años y muchos coches después, no sabemos vivir sin estos “vehículos satánicos”

 

FOTO: INTERNET

PRIMERA CABALGATA DE REYES

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En esta sección de recuerdos, hoy os hablaré de la Primera Cabalgata de Reyes en Bilbao.
Fue en el año 1934 y la idea surgió de la recién creada Radio Emisora Bilbaína.
Pero en esta iniciativa no estaban solos, sino que contaban con el apoyo de El Club Deportivo, La Sociedad Ciclista Bilbaína y la Txapel Gorri.
La primera cuestión que les surgió fue la cabalgadura de tan ilustres personajes.
Los camellos o dromedarios eran inviables, así que, se pensó en caballos.
Para ello se pusieron en contacto con el Gobernador Civil, al cual le encantó la idea y prestó los equinos de sus guardias.
El día 5 de enero, todas las entidades organizadoras, se dieron cita en el Teatro Campos, de allí, con ayuda de la compañía de Enrique Rambal, que aportó el vestuario, se acicalaron y prepararon todos los «actores» de la Cabalgata.
Ya preparados, comenzó el ansiado desfile. La comitiva se componía de un coche-piloto, un árbol iluminado con luces a pilas, numerosos coches y autobuses particulares abarrotados de chavales y, claro está, los Reyes Magos.
En cabeza iba un pelotón de ciclistas, poniendo la nota deportiva al evento.
En los autobuses, unas simpáticas modistillas, repartían pan con chorizo a los niños, acompañados de gaseosas donadas por Cerveceras del Norte.
Todo el cortejo se dirigió a diferentes centros benéficos a obsequiar con regalos a los más necesitados.
Después desfilaron por la Gran Vía y por varias calles céntricas.
Todo transcurría con alegría y mucha emoción pero, cuando se dirigían al Teatro Campos donde iban a terminar la fiesta, a la altura de Hurtado de Amézaga, se desató un fuerte chaparrón de granizo, lo que hizo que el suelo se convirtiera en una pista de hielo.
El caballo del rey Baltasar patinó y se fracturó las patas delanteras. Allí mismo uno de los colaboradores del evento, le apuntilló de un certero golpe.
A pesar de todo, el Gobernador se encontraba feliz con el resultado de la primera Cabalgata de Reyes en Bilbao y le restó importancia.
Al año siguiente también hubo desfile real, y el siguiente también pero, por motivos de la guerra, Melchor, Gaspar y Baltasar no volvieron a visitar la villa, hasta comienzos de los cincuenta.

No tengo foto de aquella ocasión, así que he ilustrado el post con la que veis que es de una cabalgata en Portugalete.

 

SORTEO LABORAL

Una de las consecuencias en Bizkaia, de la guerra de Europa o Primera Guerra Mundial, fue la crisis laboral.
La actividad minera y la producción siderúrgica se vieron gravemente afectadas, lo que produjo un aumento del paro.
Hubo varias empresas que se vieron obligadas a disminuir las horas a los trabajadores y, otras más drásticas, despidieron a muchos de sus empleados.
El Noticiero Bilbaino publicaba en sus páginas, cómo los socialistas vizcaínos, en un intento de mejorar el mercado de trabajo, rogaban a los obreros de otras provincias que pensaban conseguir empleo en Bizkaia, que se abstuvieran de venir y, los que vivían aquí pero eran de otros lugares y su situación era precaria, se les intentaba convencer de la vuelta a sus orígenes.
Estas medidas no parecían muy solidarias ni humanitarias.
Otro consejo fue elaborar unas listas con los vecinos de la villa que buscaban empleo, para participar en un sorteo y conseguir alguno de los puestos que el Ayuntamiento iba a crear para atender una cantidad importante de obras públicas que estaban en proyecto.
A estas obras solo les faltaba, en aquel octubre de 1914, que se las dotara de presupuesto.

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Para ello, una comisión del Ayuntamiento con su alcalde Marco Gardoqui a la cabeza, se desplazó a Madrid. Necesitaban el desbloqueo de fondos para dar inicio a dichas obras y, de esa manera, conseguir una mejor situación económica y social en nuestra villa.
Además de las obras nuevas se trataba de que se mantuvieran las ya existentes como la ampliación del cementerio de Vista Alegre, reformas de diversos edificios o el asfaltado de algunas de las calles de la ciudad.
Muchos trabajadores se manifestaban y acudían a las puertas de la Diputación reclamando trabajo pero, el problema, eran los fondos. Dicha entidad tenía las arcas vacías.

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Era una situación difícil y, se criticaba, que desde el gobierno de Madrid tampoco colaboraban para que mejorara.
Finalmente, el alcalde, hubo de crear una reglamentación para asignar puestos de trabajo de cara a cubrir las vacantes de una obra en el Monte Arraiz.
Los requisitos para formar parte de esa lista eran claros:
– Apuntarse antes del día 22 de aquel mes de octubre
– Los turnos serían de 10 jornadas, renovables de 5 en 5 jornadas
– El primer turno sería de 15 días.
– El ingreso en el trabajo sería por el orden de número asignado
– La no presentación implicaría la pérdida del turno.

Fue una sorpresa para todos que, tras el sorteo de los primeros 50 puestos, solo se presentaron 47. Días después se realizó otro sorteo para 33 obreros y se personaron 22 hombres.
Hoy en día las colas para acceder a un trabajo son enormes, tal y como están las cosas y suena extraño que, habiendo aquella crisis, no todos los convocados se presentaran. ¿No os parece?