PRIMERA CABALGATA DE REYES

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En esta sección de recuerdos, hoy os hablaré de la Primera Cabalgata de Reyes en Bilbao.
Fue en el año 1934 y la idea surgió de la recién creada Radio Emisora Bilbaína.
Pero en esta iniciativa no estaban solos, sino que contaban con el apoyo de El Club Deportivo, La Sociedad Ciclista Bilbaína y la Txapel Gorri.
La primera cuestión que les surgió fue la cabalgadura de tan ilustres personajes.
Los camellos o dromedarios eran inviables, así que, se pensó en caballos.
Para ello se pusieron en contacto con el Gobernador Civil, al cual le encantó la idea y prestó los equinos de sus guardias.
El día 5 de enero, todas las entidades organizadoras, se dieron cita en el Teatro Campos, de allí, con ayuda de la compañía de Enrique Rambal, que aportó el vestuario, se acicalaron y prepararon todos los «actores» de la Cabalgata.
Ya preparados, comenzó el ansiado desfile. La comitiva se componía de un coche-piloto, un árbol iluminado con luces a pilas, numerosos coches y autobuses particulares abarrotados de chavales y, claro está, los Reyes Magos.
En cabeza iba un pelotón de ciclistas, poniendo la nota deportiva al evento.
En los autobuses, unas simpáticas modistillas, repartían pan con chorizo a los niños, acompañados de gaseosas donadas por Cerveceras del Norte.
Todo el cortejo se dirigió a diferentes centros benéficos a obsequiar con regalos a los más necesitados.
Después desfilaron por la Gran Vía y por varias calles céntricas.
Todo transcurría con alegría y mucha emoción pero, cuando se dirigían al Teatro Campos donde iban a terminar la fiesta, a la altura de Hurtado de Amézaga, se desató un fuerte chaparrón de granizo, lo que hizo que el suelo se convirtiera en una pista de hielo.
El caballo del rey Baltasar patinó y se fracturó las patas delanteras. Allí mismo uno de los colaboradores del evento, le apuntilló de un certero golpe.
A pesar de todo, el Gobernador se encontraba feliz con el resultado de la primera Cabalgata de Reyes en Bilbao y le restó importancia.
Al año siguiente también hubo desfile real, y el siguiente también pero, por motivos de la guerra, Melchor, Gaspar y Baltasar no volvieron a visitar la villa, hasta comienzos de los cincuenta.

No tengo foto de aquella ocasión, así que he ilustrado el post con la que veis que es de una cabalgata en Portugalete.

 

SORTEO LABORAL

Una de las consecuencias en Bizkaia, de la guerra de Europa o Primera Guerra Mundial, fue la crisis laboral.
La actividad minera y la producción siderúrgica se vieron gravemente afectadas, lo que produjo un aumento del paro.
Hubo varias empresas que se vieron obligadas a disminuir las horas a los trabajadores y, otras más drásticas, despidieron a muchos de sus empleados.
El Noticiero Bilbaino publicaba en sus páginas, cómo los socialistas vizcaínos, en un intento de mejorar el mercado de trabajo, rogaban a los obreros de otras provincias que pensaban conseguir empleo en Bizkaia, que se abstuvieran de venir y, los que vivían aquí pero eran de otros lugares y su situación era precaria, se les intentaba convencer de la vuelta a sus orígenes.
Estas medidas no parecían muy solidarias ni humanitarias.
Otro consejo fue elaborar unas listas con los vecinos de la villa que buscaban empleo, para participar en un sorteo y conseguir alguno de los puestos que el Ayuntamiento iba a crear para atender una cantidad importante de obras públicas que estaban en proyecto.
A estas obras solo les faltaba, en aquel octubre de 1914, que se las dotara de presupuesto.

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Para ello, una comisión del Ayuntamiento con su alcalde Marco Gardoqui a la cabeza, se desplazó a Madrid. Necesitaban el desbloqueo de fondos para dar inicio a dichas obras y, de esa manera, conseguir una mejor situación económica y social en nuestra villa.
Además de las obras nuevas se trataba de que se mantuvieran las ya existentes como la ampliación del cementerio de Vista Alegre, reformas de diversos edificios o el asfaltado de algunas de las calles de la ciudad.
Muchos trabajadores se manifestaban y acudían a las puertas de la Diputación reclamando trabajo pero, el problema, eran los fondos. Dicha entidad tenía las arcas vacías.

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Era una situación difícil y, se criticaba, que desde el gobierno de Madrid tampoco colaboraban para que mejorara.
Finalmente, el alcalde, hubo de crear una reglamentación para asignar puestos de trabajo de cara a cubrir las vacantes de una obra en el Monte Arraiz.
Los requisitos para formar parte de esa lista eran claros:
– Apuntarse antes del día 22 de aquel mes de octubre
– Los turnos serían de 10 jornadas, renovables de 5 en 5 jornadas
– El primer turno sería de 15 días.
– El ingreso en el trabajo sería por el orden de número asignado
– La no presentación implicaría la pérdida del turno.

Fue una sorpresa para todos que, tras el sorteo de los primeros 50 puestos, solo se presentaron 47. Días después se realizó otro sorteo para 33 obreros y se personaron 22 hombres.
Hoy en día las colas para acceder a un trabajo son enormes, tal y como están las cosas y suena extraño que, habiendo aquella crisis, no todos los convocados se presentaran. ¿No os parece?

JODRA, EL FLAUTISTA DE BILBAO

VICENTE JODRA

El 19 de Abril de 1845 nació en Pamplona el que sería conocido años más tarde como el flautista de Bilbao. De niño ejerció como monaguillo y, a instancias de su padre, empezó con la música siendo su propio progenitor quien le enseñara las primeras notas con el flautín. Obtuvo plaza de músico en el Regimiento de Extremadura en el que pasó toda la tercera Guerra Carlista. Posteriormente, vivió un tiempo en Zaragoza donde ejerció de alpargatero unos meses. Su pasión por el ejército hizo que se reenganchara y en 1880, Vicente, llegó a la villa como militar.

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Desempeñó el puesto de Músico de Primera del Regimiento de Garellano. En Bilbao se casó y tuvo dos hijos. Su mujer era lavandera de la compañía de Artillería. En 1894 su esposa, embarazada, falleció de un catarro muy fuerte y él tuvo que dedicarse a descargar bacalao, carbón, arena, ladrillos… Se jubiló a la edad reglamentaria, quedándole una mísera pensión que hubo de completar con sus “actuaciones” por las calles y bares de la ciudad. Su extenso repertorio, de diferente ideología y estilo, era conocido por todos; lo mismo tocaba una canción con unas ideas políticas como interpretaba otra con las contrarias. Lo mismo daba gusto a republicanos que a liberales Pero su fama era fundamentalmente por un hecho curioso: Tocar la flauta con la nariz. Con gran intuición musical y mal instrumento soltaba desafinadas notas, pero la gente se lo perdonaba. Su gran espectáculo comenzaba cuando introducía su flauta en el orificio nasal y soplaba hasta conseguir que aquello emitiera notas musicales. Su aspecto desaliñado era otra característica de este singular músico; siempre con una gabardina de color indefinido y sus zapatos con roturas que dejaban ver algún dedo. El jornal que ganaba al día fluctuaba entre dos reales y diez pesetas. Para la mayoría era un ser chiflado sin ideas políticas, para otros un simpático animador de calles y bares pero, de lo que no hay duda, es de que para los bilbaínos de hoy en día, es un auténtico personaje txirene.

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