El parque del que os hablaré hoy fue en otros tiempos una finca perteneciente a la familia de los condes de Zubiria. Tomás de Zubiria e Ibarra nació en el año 1857 en Bilbao y se casó con María del Carmen Somonte y Basabe en 1888. Fue un importante industrial, además de diputado y senador. En el año 1907 recibió el título de Conde de Zubiria. Falleció en el mes de septiembre de 1932. Esta noble familia se instaló en Sarriko a principios del siglo pasado. Entonces estaba de moda entre la gente pudiente, vivir cerca de Bilbao pero en zonas tranquilas y rodeados de campo. A finales del siglo XIX, Severino Achúcarro edificó el palacio de dos plantas. En 1906 el arquitecto Manuel Mª Smith construyó una casa-portería de estilo inglés que se sitúa en el camino de Etxezuri y, actualmente, continua en pie.
Existió otra entrada de servicio pero, con la construcción del canal, desapareció. También había una edificación dedicada a caballerizas y almacén para los aperos de labranza. En 1928 se realiza en la finca una reforma de los caminos, fuentes, adornos… y se instala el arco de piedra con el escudo de armas de la familia.
Durante la guerra civil, la condesa hubo de trasladarse a Las Arenas y, el palacio, utilizado como almacén, terminó incendiado. Al terminar la guerra, Manuel Mª Smith por orden de la condesa, reconstruye el palacio. Según he podido investigar, esta familia era muy normal, teniendo en cuenta su título nobiliario. En la finca trabajaban 30 empleados, algunos residían en el palacio y otros en las diferentes casas alrededor. Muchos vecinos de la zona trabajaron para esta familia como planchadores, limpiadores, chóferes, etc y todos destacaban su bondad y apoyo cuando lo solicitaban. Acostumbraban a celebrar fiestas, carnavales, cumpleaños…con fuegos artificiales muy coloristas pero sin ruido. El avance urbanístico afectó a la finca y, a finales de los años 50, la familia se trasladó a la casa que poseían en Las Arenas. En marzo de 1960 el Ayuntamiento de Bilbao con la colaboración de Diputación y de la Cámara de Comercio, adquieren esta finca de 63000 m2 por un importe de 38 millones de pesetas. Se construyó lo que todos conocemos actualmente: La facultad de Ciencias Políticas, Económicas y Empresariales; el resto quedó inscrito como jardín público.
Este parque, al que los estudiantes llaman “parque de las piras”, cuenta con una gran variedad de árboles tales como secuoyas, enebros o abedules.
Algunos edificios fueron remodelados para dar uso a las distintas actividades relacionadas con la Universidad. La torre Larrako, se hallaba en San Ignacio y fue trasladada a este parque, pero en ese traslado se perdieron algunas paredes y otra se la llevó un vendaval. Ese es el aspecto que tiene hoy en día.
El día que yo visité este rincón tan acogedor de nuestra villa, era un viernes por la tarde, apenas cuatro o cinco personas paseando. Fue un momento maravilloso de paz y de historia.
Estas preciosas fotos son de mi amigo ANDONI RENTERIA
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UNA MAÑANA EN LA NIEVE
El domingo ha amanecido bastante bueno, sin lluvia y con menos frío que días pasados asi que, una excursión era obligada.
El lugar elegido, El Vivero.
En la subida hacia Artxanda veo que muchos bilbainos han tenido la misma idea que yo pero, pienso que no será para tanto. ¡Qué equivocada estaba!
Al pasar por el merendero León los coches aparcados en la cuneta y la gente con trineos por las campas, me dieron una idea de lo que me esperaba unos kilómetros más arriba.
Sigo ascendiendo y tomando fotografías, el paisaje es precioso. La nieve cae de los árboles dejando un maravilloso espectáculo al que no estamos acostumbrados en Bilbao.
Más coches por los arcenes.
LLegamos al antiguo Parque de Atracciones y debemos pararnos, hay caravana. Mientras avanzamos me da tiempo a tomar imágenes de las pirámides nevadas y de observar cuánta gente se divierte con trineos, plásticos o tirando bolas.
Seguimos adelante.
Más coches, más gente.
Jamás he visto esta zona tan animada y, os aseguro, que he subido muchísimas veces desde que era una niña.
El aparcamiento de El Vivero completamente lleno; coches en doble fila por todos lados, metidos en la nieve, cruzados, en fin un auténtico caos.
Optamos por continuar hacia el campo de golf.
El campo precioso, absolutamente cubierto, no se ve ningún green, ningún bunker, solo el lago nos indica que ahí debajo de ese manto blanco, hay un campo de 18 hoyos.
Tampoco se puede parar allí, puesto que no hay sitio para estacionar el coche.
Empiezo a perder la esperanza de pisar la nieve.
Pero…por fin un kilómetro más abajo, camino de Galdakao, a la derecha, hay una entrada y allí, al lado de otros cuatro coches, puedo dejar el mío.
Veo, que un grupo de matrimonios con niños han entrado en el campo de golf por un lado donde la verja está rota.
Decido entrar yo también y lo primero que veo es un muñeco de nieve ataviado con la bufanda de los Hombres de Negro, con el que me saco una foto.
Me tiran bolas ¡Cómo no! Soy un blanco fácil, pero lo que no saben es que yo también sé contraatacar.
Después de la guerra de bolas, me acerco a la cuadrilla que allí había y les pregunto si me dejarían tirarme con uno de sus trineos. Por supuesto, me han dicho que sí amablemente.
Se me ha desviado un poco en el descenso porque la dirección estaba un poco fastidiada, jaja.
El aparato para limpiar las bolas de golf resulta curioso entre la nieve.
Y, como suelo hacer en la arena de la playa, no me he podido resistir a hacerlo en la nieve.
No sé si lo apreciaréis en la foto pero pone ; NIK (Corazón) BILBO.
Ya llevaba una hora y mis tripas me indicaban que se acercaba la hora de comer por lo que he decidido, que ya era suficiente nieve por hoy.
Ha sido una mañana muy divertida y hacía al menos tres años que no participaba en una guerra de bolas.
He disfrutado como una niña.
LOS PECHOS DE LA MERCED
En el puente de La Merced existe una leyenda alrededor de unas figuras al pie de las farolas, son seres alados.
Se cuenta que estos seres alados, de los cuales no se sabe si son aves o mamíferos o si son machos o hembras, habitaban en las zonas boscosas del actual barrio de San Francisco.
Siempre iban en pareja, por eso se los representa así en cada farola.
Solían acercarse a las personas que veían solas o desamparadas y les rozaban con su pecho o cualquier otra parte de su cuerpo, de esta manera transformaban el estado de ánimo de esas personas y les hacían sentir bien, queridas y afortunadas.

Esta historia data del siglo XV y ha sido recuperada gracias a unos apuntes del ingeniero Ernesto de Hoffemeyer, creador del primer puente de la Merced en el año 1883 que duró hasta que fue destruido en 1936. Esos apuntes han sido encontrados entre los documentos del ingeniero Manuel Gil de Santibáñez que reconstruyó el puente en el año 1937 y quiso rendir homenaje al Sr. Hoffemeyer colocando en cada una de las ocho farolas, dos seres alados, ya que en el primer puente no se pudo realizar porque los monjes del cercano convento de San Francisco y algunos miembros del Ayuntamiento, se opusieron.
Todo esto que os cuento ha sido descubierto por los investigadores de Bilbaohistoriko, mientras trabajaban en un proyecto sobre los puentes de Bilbao.
Muchas son las ciudades que tienen algún símbolo que tocar para atraer la fortuna. Recuerdo por ejemplo el Porcellino de Florencia, un jabalí de bronce, al que todos los turistas tocan el morro porque da buena suerte. Será una leyenda o no, pero yo estuve allí y lo toqué.
Sería maravilloso que en nuestra ciudad algo así sucediera y que, a partir de ahora, cada vez que pasemos por este puente acariciemos LOS PECHOS DE LA MERCED.
En un periódico del 28 de diciembre de 2012 explican que esta leyenda es una inocentada creada para convertir estos seres alados en un imán para atraer turistas.
Sea como sea, ahí lo dejo. A mi me gusta la historia.




















