EUSKAL HERRIA MUSEOA

Muchas veces, el continente refuerza el atractivo del contenido. No hay duda de que eso sucede con el Museo Euskal Herria de Gernika inaugurado en 1991 en el palacio Alegría, también llamado Montefuerte. El edificio, construido en el siglo XVIII sobre las ruinas de una antigua torre medieval, perteneció a la familia Allende Salazar como se aprecia en el gran escudo que decora la fachada principal. La Diputación Foral de Bizkaia lo adquirió en 1982, lo rehabilitó y le dio el uso actual con el fin de mostrar la evolución, la historia y la cultura del pueblo vasco; de los territorios; del folklore y de la gastronomía. Su ubicación es inmejorable entre la Casa de Juntas y la iglesia de Santa María. Y, por si fuera poco, su jardín se reconvirtió en el parque de los Pueblos de Europa, para disfrute de todos los gernikeses.

El recorrido comienza en la planta baja donde las reproducciones de caseríos y casas-torre, comparten espacio con una maqueta de Gernika en la Edad Media. En estas salas se explica cómo surgieron los núcleos urbanos de las villas y de las anteiglesias; cómo se construían los caseríos y el gran valor de la madera. También se exponen varias cartas de navegación por la costa vasca desde el siglo XVI al XIX, que reflejan la importancia de la vida del mar en aquella época.

En la primera planta nos adentramos en la historia de los territorios. Por medio de paneles informativos se detallan las características de cada uno de ellos; cómo se organizaban política, social y económicamente; la trascendencia de la religión; el idioma… Y, por supuesto, ocupan un lugar destacado aquellos hombres y mujeres de la diáspora vasca que siguen manteniendo su lengua y su cultura. En la sección de folklore se exhiben objetos de deporte rural, de danzas, de música, de moda o de las famosas raquetistas de las que se conserva, por ejemplo, una máquina para fabricar las pelotas con las que jugaban.

El ático se reserva para las exposiciones temporales que, desde la apertura del museo, han sido más de un centenar.

En una vitrina el visitante puede admirar una bandeja propiedad de Andone Zorrozua y donada por una familia gernikesa, realizada en la fábrica de cerámica San Mamés, una empresa fundada en un antiguo molino hidráulico en Busturia, por las familias Bulucua y Chirapozu que producía, al principio, utensilios de cocina y que, poco a poco, comenzó a crear piezas más refinadas que, en la actualidad, se han convertido en piezas de coleccionista.

Otra de las joyas del museo es, sin duda, el cuadro titulado ALEGORÍA DE BIZKAIA. Pintado en 1897 por el artista vizcaíno Anselmo Guinea, sirvió como boceto para la vidriera situada en la parte superior de la escalinata principal del Palacio Foral de Bizkaia en Bilbao, que ejecutó el cristalero catalán Antonio Rigal. En esta impresionante alegoría queda representada la Señora, que personifica a Bizkaia, sentada bajo el árbol de Gernika, símbolo de libertad de los vascos. En la parte izquierda se observan los caseríos como ejemplo del mundo rural, agrícola y ganadero. A la derecha, el artista dibujó altas chimeneas de las industrias nacientes; así como varios barcos que surcan la ría. En medio de la imagen se encuentran todo tipo de profesionales como pastores, herreros, leñadores, artistas, médicos o poetas que portan en sus manos su trabajo para ofrecérselo a la Madre Bizkaia.

La obra, propiedad de Diputación Foral de Bizkaia, se encuentra en el museo desde su inauguración.

Y, no solo el interior es maravilloso; su jardín es digno de un paseo con calma.

Os dejo este enlace con más información de horarios y precios.

Euskal Herria Museoa

 

FOTOS: ANDONI RENTERIA

 

MUSEO DE HISTORIA VILLA DE BALMASEDA

La iglesia San Juan del Moral de Balmaseda se fundó en el siglo XV y, tras haber permanecido abandonada muchos años, se transformó en almacén para cobijar los pasos de la procesión de Semana Santa e, incluso, en aula para impartir clases de catequesis. En 2003, habiendo acometido una reforma completa, se presentó al público como Museo de Historia de Balmaseda en el que se concibieron un total de seis secciones: cinco en la nave y la sexta, arriba en el coro. En esta villa encartada, la primera de Bizkaia por fundación en el año 1199, han tenido lugar numerosos acontecimientos y el museo se ha encargado de recopilar una importante colección de objetos que contribuyeron durante siglos a enriquecer la cultura y la historia de Balmaseda.

Durante el recorrido, el visitante va descubriendo a los personajes más relevantes de la villa; algunos de ellos benefactores que dejaron su huella en forma de edificios o escuelas; como su fundador, Don Lope Sánchez de Mena, Señor de Bortedo. En un lugar destacado se conservan varios volúmenes de su Archivo Municipal desde el siglo XVI hasta el siglo XIX donde se recogen infinidad de datos y curiosidades que permiten comprender mejor la idiosincrasia del municipio. Tradiciones religiosas como las representaciones de Semana Santa; gastronómicas como la producción del txakoli; industriales como la maquinara de la fábrica de boinas La Encartada o las pucheras donde los ferroviarios del tren de la Robla cocinaban en sus largos viajes, representan muy bien la esencia del pueblo y su gran patrimonio a preservar. Las maquetas y dibujos nos ayudan a imaginar esta población amurallada durante la Edad Media.

Las nuevas tecnologías se han hecho un hueco en el museo y, a través de varios videos, se dan a conocer eventos culturales y festivos como el espectáculo de la quema de Balmaseda por parte de las tropas napoleónicas o su exitoso mercado medieval que atrae a tantos turistas cada año. Por si fuera poco, el museo brinda la oportunidad de asombrarse con las fabulosas vistas del entorno, ascendiendo por las setenta escaleras que conducen a la torre.

La zona donde un día se ubicó el coro, recrea en la actualidad una elegante alcoba  perteneciente a una casona palaciega del siglo XIX que fue la residencia de Don José Ignacio Llaguno Leniz, miembro de una familia acaudalada de la burguesía balmasedana. En este conjunto de mobiliario histórico destaca, por su diseño y por sus pequeñas dimensiones, una distinguida cama realizada en bronce sobre dorado. En una habitación como esta no pueden faltar un calientacamas, un pequeño armario escritorio y varios recipientes de bronce pulidos; objetos que aportan al visitante una imagen del estilo de vida de uno de aquellos poderosos linajes. Además, cuenta la leyenda que durante la última Guerra Carlista, el pretendiente al trono, Carlos VII, pasó unos días en Balmaseda hospedado en el palacio de Llaguno Leniz ocupando esta misma habitación.

La alcoba fue cedida hace unos años por un sacerdote, heredero de aquella noble familia.

En el Kolitza, emblemático monte balmasedano, se encuentra la ermita del siglo XV  de San Sebastián y de San Roque  donde, cada dieciséis de agosto, recibe la tradicional procesión de los vecinos de la villa.

La talla del santo, conocido como “el milagrero de las pestes”, se hallaba en el templo al estallar la Guerra Civil y, para evitar problemas y posibles destrozos, el mayordomo de la ermita, Juan Cruz Renovales, tomó la decisión de bajarla a su casa junto con la llave de la capilla y guardarlos a buen recaudo. Varios años más tarde aparecieron en Valladolid, en el domicilio de los descendientes de Renovales, quienes donaron los objetos al museo. La escultura, que se cree que data del siglo XVI, conserva en buen estado su policromía a pesar de no haber sido nunca restaurada. En la actualidad, la figura de la ermita es una réplica de la original.

Os dejo este enlace para mayor información sobre horarios y tarifas.

https://museoak.bizkaia.eus/detalleContenido.asp?idioma=CA&t=1&ID=62

FOTOS: ANDONI RENTERIA

 

 

 

 

BARCO MUSEO AGURTZA

Este barco museo fue construido en el año 1968 en los astilleros Murelaga de Lekeitio (Bizkaia) y uno de los últimos fabricados en madera. Tras varias décadas capturando bonitos y atunes por la costa cantábrica, venezolana o senegalesa, recaló hace veinte años en el puerto de Santurtzi donde se convirtió en Escuela Taller de Carpinteros de Ribera, para la construcción de buques de manera artesanal. Durante un tiempo permaneció en el agua hasta que el Consistorio construyó, para protegerlo de las condiciones meteorológicas, una gran estructura donde se instaló manteniendo su actividad.

Desgraciadamente, al no ser una especialidad con mucho futuro, la escuela tuvo que cerrar y el Ayuntamiento de Santurtzi decidió transformar el Agurtza en un Barco-museo y Centro de Interpretación de la Pesca con el objetivo de embarcar al visitante en el pasado de este atunero y contarle las aventuras, los sacrificios y el esfuerzo de tantos marineros. Así como los entresijos, los rincones, los aparejos, los modos de pesca y un sinfín de detalles con los que aprender sobre la vida del mar y sobre esta profesión que fue esencial en el desarrollo económico del País Vasco.

El recorrido comienza antes de subir al barco. Varios paneles informativos colocados en el recinto nos dan una idea de la evolución de las embarcaciones desde el remo hasta el motor y del arduo trabajo de las rederas, aquellas mujeres que reparaban las imprescindibles redes.

Teniendo en cuenta las incomodidades propias de la naturaleza de un barco, se han instalado escaleras donde antes no había, para ofrecer una mayor accesibilidad. Una vez en la cubierta, la guía explica a los visitantes cómo transcurrían, en tan reducido espacio, las complicadas jornadas de los aproximadamente dieciocho hombres que formaban la tripulación; cómo dormían en camarotes estrechos; cómo cocinaban en una diminuta cocina; cómo compartían un solo aseo o cómo se habilitaban neveras en las bodegas para conservar el pescado capturado. Es decir, lo normal en un barco pesquero donde toda la capacidad disponible está muy bien aprovechada.

Este atunero es un claro homenaje a aquellos barcos pesqueros y a sus tripulaciones que navegaban por el mar Cantábrico con gran sacrificio, en busca de los bancos de peces. También, hay espacio en el Agurtza, para destacar el papel tan importante que desarrolló la mujer en este sector. Su labor era fundamental para el día a día de los pescadores. Ellas arreglaban las redes, colaboraban descargando la mercancía, vendían lo capturado y atendían con diligencia sus hogares.

Gracias a la Oficina de Turismo de Santurtzi, se nos da la posibilidad de descubrir el interior de un atunero vasco y, además, de aprender detalles de este oficio tan tradicional en Euskadi como es el de arrantzale o pescador.

Su ubicación no puede ser mejor: en el paseo que une las localidades de Portugalete y Santurtzi; por lo que, además de conocer el Agurtza, el visitante puede llegar hasta el Puente Bizkaia, otro icono de nuestro territorio.

 

Os dejo un enlace para más información.

https://visitsanturtzi.eus/experiencias/barco-museo-agurtza/

 

FOTOS: ANDONI RENTERIA