AKARLANDA, UN LUGAR PARA EL RECREO.

Akarlanda es un parque de grandes dimensiones cercano a Bilbao en el alto de Umbe.

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A finales del siglo XIX y principios del XX aquí hubo una tejería y una cantera.

Hoy en día se ha convertido en un lugar de recreo para muchas familias de la zona y de Bilbao que quieren disfrutar de la naturaleza y de las diferentes actividades deportivas que alli se ofertan.

 

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En verano suele acudir mucha gente e incluso cuesta trabajo encontrar aparcamiento pero, en noviembre y un día entre semana, como es el caso de mi visita, no tuve ningún problema.

En una esquina del parque se encuentra un rocódromo donde dos chicos, ataviados con ropa deportiva, practicaban el deporte de escalada.

No me pude resistir. No iba preparada pero tampoco quería marcharme sin intentar subir aunque fuese un metro.

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Cumplido mi objetivo me dediqué a pasear, a observar cada rincón y también a sentarme en una de las mesas pensadas para comer en un ambiente relajado.

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En esta foto me quedé embelasada mirando las copas de los árboles, aunque más bien parece que me hablan del «Más allá».

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El que prefiere moverse en vez de descansar en un banco puede hacerlo en las instalaciones deportivas y lúdicas que se hallan en este parque y que yo no dudé en subirme a algunas de ellas.

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También hay un circuito de tirolinas, puentes, cuerdas y diferentes pruebas para pasar un rato divertido y aventurero. Eso sí, esta actividad es de pago.

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Totalmente recomendable el parque de Akarlanda, os animo a todos a disfrutar de sus senderos, del entorno y de todas las posibilidades que ofrece.

FOTOS: ANDONI RENTERIA

 

 

OBJETIVO: POL POL

El Parque Natural de Urkiola es un magnífico punto de arranque para realizar alguna de las variadas rutas que nos ofrece este bucólico entorno.
Una mañana de noviembre estacioné el coche en el aparcamiento junto al santuario y cargué la mochila con lo imprescindible; mi destino sería la fuente Pol-pol, llamada así por el ruido que hace el agua al caer.
Hay dos caminos: el más costoso y empinado es por Urkiolamendi (Urkiolagirre); el otro, el que yo elegí, es una opción perfecta para familias con niños o para personas que no estén habituadas a subir grandes pendientes.

La distancia es de tres kilómetros doscientos, como marca en el cartel.

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Lo primero que me encuentro es una verja. Están prohibidos los vehículos no autorizados y tampoco los animales pueden cruzar por este paso canadiense formado por unas barras de hierro en el suelo.
Una cuesta pronunciada es lo más duro de este recorrido pero ni te das cuenta del ascenso, ya que solo tienes ojos para los montes que a lo lejos asoman, como el Gorbea o el Sabiagain.

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El suelo es de grava y su anchura permite caminar cómodamente.
En las campas, a mi izquierda, unos caballos pastan tranquilamente sin reparar en mí, totalmente acostumbrados al trasiego de montañeros.
En estas fechas otoñales los abedules lucen unos preciosos colores cobre que le dan al paisaje un aire de postal.


La cuesta llega a su fin y el camino se suaviza. Entro en una zona muy tupida donde la vegetación es la reina y hasta el silencio parece echarse encima.

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La temperatura es agradable y andar a paso ligero hace que entre en calor y deba quitarme la chaqueta.
Me cruzo con varias personas que, posiblemente, regresen del Amboto ya que su equipación tanto de botas como bastones indican que son montañeros de verdad, no como yo.
También un par de familias con niños pequeños me saludan al pasar, ellos no habrán subido a la cumbre pero seguro que han disfrutado en las campas donde se encuentra mi meta, la fuente Pol-pol.
Unos minutos más tarde al final de una recta aparece ante mi majestuoso, orgulloso, elegante, bello… uno de los montes más codiciados por los montañeros: El Amboto donde, según la mitología vasca, habita su dama, conocida por todos como Mari.

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Me detengo a observar los 1331 metros de altura de este monte casi sagrado que ocupa terreno en Bizkaia y en Araba. Sus paredes verticales y rocosas le dan un aspecto imposible de ascender para muchos.

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Bajo la mirada y, ante mí se abre un valle verde, espacioso, salpicado de pequeños caballos ajenos a otro mundo que no sea este, el suyo.
Pero, mi objetivo no era Amboto sino la fuente de Pol Pol y hacia ella me dirijo. El suelo, bastante embarrado por las lluvias de días anteriores, me dificulta el camino pero, por fin, llego.


Esta fuente ferruginosa tiene varios caños. Me habían advertido del sabor fuerte del agua, no obstante, me decido a comprobarlo y, efectivamente, imposible beber mucha. Su sabor es árido, fuerte, solo para los muy sedientos.
Hacia la derecha una construcción llama mi atención y decido subir a ver de qué se trata. Parece una piscina vacía pero no lo es; es una nevera.

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Un poco más arriba, un refugio de montañeros del que, en ese momento, salía humo por la chimenea.
Me siento a descansar, a tomar aire, aire del bueno mientras pienso en tantas leyendas sobre el monte frente a mí, del que tantas veces he visto fotografías y he leído, pero que jamás había estado tan cerca.
Sé que nunca ascenderé a su cumbre y él también lo sabe. Hacemos un pacto: yo hablaré bien de ti pero tú cuidaras de tantos y tantos montañeros que suben y subirán a tu cumbre.

En el cielo, vigilando mis movimientos, los buitres.

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Y, a mi lado, un pequeño caballo no tiene tiempo de fijarse en mi.

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He de volver al aparcamiento, mi objetivo de visitar la famosa fuente está cumplido. Me siento diferente, con más energía, puede ser la magia, puede ser el aire o el influjo de la dama del Amboto.
Gracias por acogerme.
FOTOS: ANDONI RENTERIA

LA VIRGEN DE UMBE

El 25 de marzo de 1941 Felisa Sistiaga se encontraba sola en la cocina de su caserío de Monte Umbe a unos 15 kilómetros de Bilbao, donde vivía junto a su marido, guarda forestal, y donde nacieron sus cuatro hijos.
Era de noche y, a través de la ventana, Felisa observó un resplandor fuera. De repente unos golpes en la puerta la sobresaltaron, se dirigió hacia allí y abrió pero no había nadie.
Volvió a la cocina y fue entonces cuando pudo ver a la Virgen arrodillada. Felisa se echó a llorar y habló en Euskera a la virgen quien segundos después desapareció.
Aquella aparición solo la conocieron los miembros de la familia. Lo mantuvieron en secreto preguntándose cómo un hecho tan trascendente les había sucedido a ellos.
No fue hasta 1969, es decir, 28 años después que la Virgen volvió al caserío de Umbe. Esta vez Felisa la encontró en el camino hacia el pozo y la santa señora le explicó que había bendecido el agua para que los enfermos se lavaran la cara y los pies en ella.
También le pidió que se levantara una capilla en el interior de la casa.
Bonifacio el esposo de Felisa padecía una enfermedad que, según cuentan, fue curada con el agua bendecida por la Virgen.
Hubo varias apariciones más, incluso, un ángel le entregó a Felisa un trozo de terciopelo negro como muestra para confeccionar un manto a la estatua de la Virgen.
Ya se había corrido la voz; los vecinos de la zona se reunían a rezar el rosario y, por supuesto, a lavarse con el agua bendita.
En 1970 fueron varias las curaciones de los asistentes a los rezos y al pozo de agua milagrosa.
La virgen se aparecía mientras rezaban pero solo Felisa la veía, nunca nadie más la vio, ni siquiera sus hijas.
Felisa falleció en Febrero de 1990 y sus hijas Felisa, María e Inés, cumpliendo la voluntad de su madre, abrieron ante notario un sobre con un mensaje de la Virgen en el que explicaba que había venido para salvar a la Humanidad. Para sorpresa de todos aquel sobre contenía una medalla que, según allí constaba, se la había entregado la Virgen.
Hace unos días me acerqué a visitar este santuario, no era la primera vez, pero si hacía mucho tiempo que no iba.

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La zona de parking es amplia para acoger a los creyentes que vienen de todas partes, tanto en coche como en autobuses organizados.
Al entrar en el caserío me encontré con una capilla vacía en ese momento y, en el altar, la imagen de la virgen con su manto negro.

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A los lados dos habitaciones; una con objetos utilizados por enfermos o lisiados que han entregado allí porque, debido a su recuperación, ya no los necesitan.
La estancia de la derecha es otra capilla pequeña con otra imagen de la virgen.
Rodeo la casa y me dirijo a lo que fueron las cuadras. Allí otro altar con otra imagen.

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El entorno es precioso, en plena naturaleza, con unas vistas espectaculares que, si te fijas bien, se descubre el Castillo de Butrón entre árboles.

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Antes de marcharme es de visita obligada el pozo con agua curativa. Me encamino hacia allí por el sendero donde se apareció por segunda vez la virgen.

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Una especie de piscina rodeada de unos impresionantes eucaliptos, alberga un agua bendecida por la Virgen hace más de 40 años. O, al menos, eso es lo que cuenta la historia de este lugar. Yo decido lavarme las manos en uno de los más de diez caños que dispone este pozo santo.

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Cada uno es muy libre de creer o no creer, de sentir o no sentir. Yo he pasado un buen rato en plena naturaleza y he conocido algo más de nuestro entorno más cercano.
Ahí lo dejo.
FOTOS: ANDONI RENTERIA