RASTRILLO SOLIDARIO UNICEF

Esta tarde a las seis he asistido a la inauguración de la octava edición del rastrillo solidario a favor de UNICEF en el espacio Yimby de la calle Ercilla.

El gran txistulari Mikel Bilbao ha sido el encargado de amenizar con sus bilbainadas.

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Isidro Elezgarai, Presidente de Unicef, ha agradecido la asistencia y el apoyo de todos.

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También la diputada Isabel Sánchez Robles ha alabado la labor de UNICEF y ha resaltado la necesidad de cuidar de los pequeños, ya que son nuestro futuro.

No ha faltado la foto de los voluntarios.

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Este rastrillo solidario ha podido realizarse con la colaboración de la Asociación de comerciantes BILBAOCENTRO.

Por allí han pasado muchas caras conocidas como la soprano Miren de Miguel, el actor Mario Pardo y esposa, Davalillo, Dani… pero, sobre todo, muchos amigos que no han querido perderse la oportunidad de colaborar con tan buena causa.

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Yo he comprado un libro y he pasado un rato magnífico, rodeada de buena gente.

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Hasta el domingo 22 podéis pasar a adquirir alguno de los objetos expuestos.

FOTOS: ANDONI RENTERIA

LA CIUDAD DE ORDUÑA

Hoy os llevo a una ciudad a 38 kilómetros de nuestra villa.
Si, Orduña es la única ciudad del territorio bizkaino. Su situación es curiosa porque si lo veis en un mapa parece un islote entre las provincias de Araba y Burgos.
Orduña, declarada conjunto histórico monumental, gozó de gran protagonismo en la historia económica del Señorío de Bizkaia y se convirtió, por ello, en la única ciudad de la provincia.

Durante siglos ha sido un punto comercial y aduanero muy importante situado estratégicamente en el paso hacia Castilla.
Por sus calles se refleja la bonanza de aquella época, en sus casas, palacetes y elegantes comercios.

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Pero orduña es más que edificios elegantes y señoriales; aquí se apuesta por los productos agrícolas de calidad. Los primeros sábados de cada mes se organiza un mercado en la Plaza de los Fueros donde los productores muestran sus tesoros a todo aquel que aprecie degustar buenos y sabrosos alimentos.
Son muchos los atractivos de este rincón que parece distante pero que no lo es tanto, ya que en 40 minutos se llega desde Bilbao.
En la plaza, el edificio que destaca por sus dimensiones, data del siglo XVIII y lo mandó construir Carlos III para usarlo como aduana y, controlar así, lo que se ingresaba en el puerto de Bilbao.

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En este mismo entorno podemos ver la iglesia de la Sagrada Familia de estilo barroco y el colegio que, desde 1964 pertenece a la orden de los padres Josefinos.

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Como en toda plaza que se precie no faltan los soportales llenos de vida, el kiosko de la música y una elegante fuente.

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En un lateral de esta plaza de los Fueros, discretamente, aparece el edificio del Ayuntamiento en el que se pueden apreciar dos épocas diferenciadas: la torre medieval conviviendo con el estilo barroco de la construcción.

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Continuo mi paseo entre calles, me acerco a la Oficina de Turismo donde me atiende amablemente la encargada de orientar a todo aquel que llegue por primera vez a esta ciudad.
Me explica muchos datos de interés sobre la zona, me habla de sus fiestas, de su gastronomía. Agradezco toda la información que me facilita y me despido de ella.
Con varios folletos y mapas me encamino a una pastelería cercana a comprar unos dulces típicos.

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Observo una pequeña placita e imagino las tardes de verano con los vecinos allí sentados viendo pasar la vida.

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Mis pasos me encaminan hacia otra iglesia; se trata de Nuestra Señora de la Asunción de estilo gótico construida ente los siglos XIII y XV. Fue ideado como templo fortaleza y es por ello que le rodea una bien cuidada muralla.

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Después del paseo decido entrar en una cafetería para recuperar las fuerzas con un café y un pincho. Algo llama mi atención en el suelo del establecimiento: las baldosas de Bilbao.
No puedo abandonar este bello e histórico enclave sin acercarme hasta el Santuario de Nuestra Señora de la Antigua. Lugar donde muchas parejas de la zona se dan el “sí quiero”.
Aparco allí mismo y mi primera mirada la dirijo al monte Txarlazo, donde una enorme virgen de la Antigua se asoma en su cumbre dominando todo el valle. Hace años que no voy y me prometo a mí misma hacerlo en próximos días.

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Para mi decepción el templo se encuentra cerrado, así que me conformaré con tomar algunas fotos de los jardines y de la fachada.

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De vuelta al coche, mi siguiente parada será el salto del Nervión pero, antes, unas fotos a la plaza de toros.

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Decididamente a Orduña no le falta de nada.
FOTOS: ANDONI RENTERIA

ORDENANZAS DE LA NOBLE VILLA.

Para la buena convivencia de una ciudad son necesarias unas normas, leyes o reglas que todos respetemos y acatemos.
Las primeras ordenanzas de las que se tiene constancia datan de 1399. En ellas se podía leer sobre los cultivos de uva y los viñedos que existieron en Bilbao y sobre la prohibición de introducir en la villa otros vinos que no fueran de producción propia, mientras duraba la cosecha, ya que se daba prioridad a nuestros caldos.
Otro curioso decreto, en este caso de 1483, instaba a los vecinos a prender fuego en forma de pequeñas hogueras delante de la puerta de sus casas cuando llegaran personalidades como reyes o príncipes a nuestra villa, para, así, agasajarles.
En 1566, la ordenanza más curiosa, fue la referente a las invitaciones. Era habitual en aquella época, (como ahora), celebrar bodas, bautizos y nacimientos, y solían hacerlo con productos poco habituales en las mesas de los bilbaínos, así que el Ayuntamiento decidió que, únicamente, podrían ser repartidas pasas, higos y frutos de la tierra y quien esquivara esta ley debería abonar 10000 maravedís de multa.

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De aquellas leyes no se libraron ni los muertos. Se decretó que no se permitía llorar a los difuntos ni en casa, ni en la calle, ni mucho menos en la iglesia, (costumbre muy arraigada en toda la provincia) bajo pena de 3000 maravedís.
Era también muy típico contratar plañideras para el velatorio. Las mejores, dentro de esta fúnebre profesión, eran las bermeanas que se colocaban a la vera del difunto y a pleno grito enumeraban las proezas y virtudes del fallecido.
Para mejorar la salubridad y limpieza de las calles en los siglos XV y XVI se estableció el deber de limpiar la parte delantera de las casas cada sábado.
Tampoco se permitía deambular por las calles de la villa a los mendigos y, a los pobres que llegaban de otros lugares, se les propinaba 100 azotes y se les obligaba a abandonar la ciudad.
Jugar a naipes era otra de las ilegalidades que si se incumplía se castigaba con 900 maravedís y nueve días de cárcel.
En las iglesias se prohibió levantarse de los sitios durante el sermón, algo muy habitual entre las mujeres que llevaban su almuerzo y lo repartían entre ellas, moviéndose de sus asientos con la consiguiente molestia para el resto de fieles.
Leyendo estas ordenanzas realmente pienso ¿De qué nos quejamos?