VICENTE, «EL COJO» DEL CICLISMO BIZKAINO.

Una ciudad con 700 años de historia como la nuestra da para muchas anécdotas, “sucedidos” y biografías.
Hoy os hablaré de Vicente Blanco un Deustoarra nacido en el año 1884 que quiso ser ciclista profesional.

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Fue pinche de cocina en un barco cuya tripulación no le trataba nada bien. Decidió cambiar el trabajo en el mar por otro en una empresa de hierro en tierra firme.
Se puede decir que Vicente era bastante tirado “pa’lante” y siempre aceptaba retos de sus compañeros aunque le costaran un buen golpe o caída.
Su mala suerte hizo que una barra de hierro candente le cayera encima atravesándole un pie.
Años después le amputaron los cinco dedos del pie derecho debido a otro accidente laboral.
De ahí le viene el sobrenombre de “El cojo”.
Tuvo que dejar su puesto de trabajo y convertirse en botero de la ría.
Previo pago de cinco céntimos, Vicente, cruzaba la ría a todo aquel que se montara en su embarcación.
Pero, él tenía una ilusión muy grande. Él quería ser ciclista, algo que, a priori, parecía imposible debido a sus problemas físicos. Aun así, adquirió una destartalada y barata bicicleta con la que comenzó su andadura en este deporte a dos ruedas.
En 1908 la Federación Atlética Vizcaína corrió con los gastos para que participara en el Campeonato de España de fondo en carretera que tuvo lugar en Gijón.
Después de 100 kilómetros y varias paradas para “desahogarse” debido a una indigestión, consiguió hacerse con la victoria y las 500 pesetas de premio.

vicente blanco
Un año más tarde corrió en Madrid quedando en segundo lugar. Aquel viaje lo aprovechó bien, ya que participó, también, en una regata de boteros en El Retiro.
Comenzó a cosechar éxitos y cada vez era más reconocido en la villa.
A los 26 años decidió correr el Tour de Francia y hasta París se fue en bicicleta desde Bilbao para presentarse a esta prueba tan dura.
Como era lógico, llegó en un estado lamentable y con su bici destrozada por los kilómetros que tuvo que realizar.
Le prestaron otra con la que poder correr pero, finalmente, tuvo que retirarse de la competición.
La Volta de Cataluña también fue otro de sus éxitos.
Se retiró completamente a los 32 años y creó un negocio de transportes con el dinero ganado en las competiciones, pero no le fue bien.
Murió en 1957 arruinado y solo.
Vicente Blanco, a pesar de todo, hizo historia y es un símbolo del ciclismo bizkaino.

ATRACCIONES PARA EL RECUERDO

Los de mi generación lo recuerdan perfectamente. Recuerdan el autobús que partía de la plaza del Ensanche lleno de jóvenes con ganas de divertirse cargados de mochilas con bocatas y que, horas después, nos bajaría de nuevo, después de esperar una larga cola, al mismo lugar.
Recuerdan las pirámides, la montaña rusa, el zoo, la piscina, la casa encantada, los cars…y muchas cosas más que permanecerán con nosotros aunque una excavadora arrastre todo lo que una vez fue el Parque de Atracciones de Bilbao.
Situado en la ladera del monte Ganguren ocupaba 10 hectáreas de terreno.
A principios de los 70 la Diputación Foral de Bizkaia impulsó una iniciativa para crear un parque de entretenimiento al aire libre.
Esta institución otorgó a la Sociedad Parque de Atracciones de Vizcaya S.A. la construcción de este lugar que serviría para diversión de personas de todas las edades. En esta sociedad participaban tres entidades financieras y la gestora Parque de Atracciones de Madrid.
Las obras comenzaron en 1973 y, un año después, se inauguró el que sería durante quince años el mayor parque de atracciones de Bizkaia, incluso se aseguraba que, durante un tiempo, fue el más moderno y mejor parque de Europa.

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Se utilizaron 13 toneladas de dinamita para remover 300 000 metros cúbicos de tierra y la inversión económica fue de 515 millones de pesetas.
La plantilla de trabajadores estuvo formada por 130 personas.
En 1975 la afluencia de público fue de 447 000 personas en todo el año.
Contaba con numerosas y variadas atracciones para todos los públicos y edades. Nadie se aburría en sus tiovivos, campamentos indios, casas encantadas, pista de cars, montaña rusa, gusano loco y muchísimas más. En los primeros años se inauguraba una atracción por temporada.
Tampoco faltaba una piscina que había que pagar aparte y que no era muy utilizada. Un anfiteatro en el que se podía disfrutar de muchas actuaciones en un gran escenario, un mini zoo donde los animales se alojaban en un edificio de hormigón y en unos estanques exteriores, completaban las instalaciones.
No faltaban cafeterías, restaurantes y tiendas de golosinas, así como un impresionante aparcamiento gratuito en el exterior.

Fuente parque atracciones
La forma de pago fue diversa. Al principio se abonaba una entrada de entre 10 y 20 pesetas por acceder a las instalaciones, pero luego en cada atracción debías pagar un importe para obtener el ticket. Más tarde aumentó el precio de la entrada pero podías montarte en casi todas las atracciones por ese precio, excepto en los kars, las motos y la selva mágica.
El horario también fue variando. Al inicio de su actividad el parque abría todos los días de marzo a septiembre, fines de semana y festivos de todo el año. Luego se fue limitando el horario y se decidió cerrar durante el invierno. No tenía mucho sentido que permaneciera abierto con la meteorología de nuestra ciudad.
Hubo un tiempo en los años 80 que solo se abría los sábados por la tarde y los domingos todo el día hasta las nueve de la noche.
Poco a poco iba decayendo el interés por tan magnífico parque. Fueron muchos los factores que llevaron al cierre. Por un lado el tiempo no acompañaba para disfrutar de unas instalaciones al aire libre. También la zona, tan alejada de Bilbao, con tan mal acceso por carreteras sinuosas hacía interminables las subidas y las bajadas provocando retenciones de hasta una hora.
Fue mucha la publicidad tanto en prensa escrita como en cuñas publicitarias que nos hablaba a diario de la diversión de este parque, de sus atracciones y de lo felices que seríamos si subíamos a comprobarlo.
Varios logotipos fueron distintivos de este, hoy, olvidado lugar. Desde un árbol con una noria, hasta un txinbo o un basajaun.
Todos los intentos de conservación fueron en vano. En el año 1985 empezó el declive que fue imparable a pesar de los grandes esfuerzos y la ampliación de capital.
El que fuera un centro de diversión y entretenimiento de tantos y tantos bizkainos cerró definitivamente sus puertas en 1990 y los únicos que pueden acceder son los empleados de seguridad que cuidan de estos fantasmas de hierro día y noche.
Este año 2016 será demolido totalmente para disgusto de muchos que llevamos en nuestro corazón recuerdos imborrables de aquellos felices días de infancia y juventud.
Hace unas semanas subí a tomar alguna fotografía desde el exterior, por supuesto.

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Los ladridos de varios perros me dejaron bien claro que mi presencia allí no era muy grata. Aun así me acerqué lo que pude mientras mi mente volaba a los años 80, a mi cuadrilla, al grupo Mecano que pude ver en directo, a las carreras para ponernos en la cola de la atracción de moda, a las risas frente a aquellos espejos que distorsionaban la imagen y te hacían parecer un globo o un alambre.
Os dejo algunas imágenes que seguro os harán recordar.

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FOTOS: Tanto las de blanco y negro tomadas hace 30 años, como las actuales son de ANDONI RENTERIA.

INAUGURACIÓN DE «RÍA DE FUEGO»

Esta tarde he asistido a la inauguración de la nueva exposición en el Museo Marítimo de Bilbao.
El ciclo COLOR DE HIERRO aúna la obra de tres artistas con su particular visión de la ría y su entorno. Desde enero hasta hace unos días fue el pintor Antonio Aldama el primero en exponer su magnífica obra.
Hoy comienza el turno de RÍA DE FUEGO de José Abel, bilbaino y enamorado de su profesión. José nos ha comentado a todos los asistentes que fue su padre quien sembró en él la semilla del amor por la pintura.

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Nos ha hablado de sus recuerdos al cruzar la ría con su madre y observar aquel agua sucia que a él no le parecía tan fea ni tan decadente.
Se considera un artista urbanita y le gusta definirse como trabajador de la pintura.
Siempre en continua experimentación de materiales y objetos con los que plasmar su arte.
No utiliza pinceles sino espátulas o soplete para dar forma al estaño, plomo o madera con los que forma paisajes increibles.

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Busca, con sus obras, despertar en el público sensaciones que no dejen indiferente a nadie. Y, os aseguro, que lo consigue.
Un video de presentación ha sido el encargado de dar comienzo y mostrarnos a José Abel quien nos ha enseñado cómo maneja las pinturas y el soplete.

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El artista ha pronunciado unas palabras muy emotivas bajo la atenta mirada del director del museo Jon Ruigómez.

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Al terminar nos hemos dirigido a la sala donde permanecerán sus obras hasta el próximo día 15 de mayo y allí hemos podido ver, tocar, oler y escuchar algunos cuadros.
He podido charlar unos minutos con él y ha sido encantador.

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No ha faltado un tentempié y vino para los asistentes.

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Os recomiendo una visita a la exposición, veréis una manera diferente de crear arte.
Por mi parte solo me queda agradecer al director del museo por haberme invitado una vez más a una inauguración y decir que ha sido un enorme placer encontrarme con el pintor Antonio Aldama y con mi amiga diseñadora y acuarelista Arantza Saez de Lafuente.

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FOTOS: ANDONI RENTERIA