LEZAMA, UN PORTERO CON HISTORIA

Hoy os hablaré de un histórico portero del Athletic: RAIMUNDO PÉREZ LEZAMA.
Su hijo Manu, al que me une una gran amistad, ha sido tan amable de dedicarme un rato para explicarme quién fue su padre y qué relevancia tuvo en nuestro club.
Nos citamos en una cafetería del centro de Bilbao y, como siempre que nos vemos, los primeros minutos se dedica a bromear conmigo.

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Manu comienza la historia por el principio a instancias mías y yo se lo agradezco.
Raimundo Pérez Lezama nació en Barakaldo un 22 de Noviembre de 1922. A los quince años su vida dio un giro inesperado: Le enviaron junto con su hermano menor a la ciudad de Southampon (Inglaterra) en el barco “La Habana”, para preservarle de la Guerra Civil. Unos 4000 niños vascos fueron evacuados a Gran Bretaña.
Raimundo fue apadrinado por un Comandante de la RAF (Fuerza Aérea Real) que le ofreció un puesto de chófer. Aquel hombre era, además, un directivo del Southampton Club de Football, donde le hicieron unas pruebas y tanto les gustó que, Raimundo Pérez Lezama, debutó como portero en un partido frente al Arsenal.
Aquello, sin él saberlo, iba a cambiar su futuro; le iba a convertir en una leyenda.
En el año 1940, tras casi cuatro años de exilio, llegó de nuevo a Bilbao y su padre, trabajador de Altos Hornos, le preguntó qué es lo que había aprendido en Inglaterra además del idioma, a lo que el muchacho respondió ufano que sabía jugar al fútbol.
El progenitor, sin pensarlo dos veces, habló con un amigo directivo del Arenas para que le probaran. Mientras todos los jugadores de aquel equipo entrenaban en alpargatas, Raimundo, se presentó con tres pares de botas y su suéter irlandés.

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A los pocos minutos de observar su juego en el campo Gobelas, le ficharon y, cuatro meses más tarde, ya pertenecía a la plantilla del Athletic en la temporada 1940-1941, aunque seguía jugando en el Arenas.
El primer gran triunfo fue la Final de Copa del año 1943 en el entonces METROPOLITANO, hoy estadio Bernabéu, contra el Real Madrid. En aquel partido Lezama paró todo lo que le tiraron.
Solían entrenar en Lezama y en Ibaiondo. Su equipación era muy básica; las botas, que traían de Inglaterra y Portugal llevaban tacos de madera prensada unidos a la suela con unos clavitos.
En un partido Lezama sufrió un clavo de aquellos en la frente, perteneciente a la zapatilla de Puskas.

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Terminó su andadura en el Athletic en la temporada 1956-1957 y se fue al Indautxu a instancias de Pirulo Laso. Raimundo no quiso cobrar nada de aquel club porque Pirulo y él eran muy amigos y como él decía: “A un amigo no le voy a cobrar”
Por aquel entonces, el portero, disponía de un negocio de luminosos pionero en Bilbao en este sector.
Al dejar el Indautxu le llamaron del Sestao donde jugó bajo palos durante un año.
Su andadura futbolística concluyó en el mismo equipo donde comenzó: El Arenas. Fue un regreso a sus orígenes.
Fueron muchos los trofeos conseguidos en los que Lezama participó activamente, que paso a reseñar:
-Dos Ligas
-Cinco subcampeonatos
-Seis Copas
-Trofeo Zamora concedido por el diario MARCA.

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Manu me relata todos estos datos biográficos de su padre con verdadero orgullo reflejado en el brillo de sus ojos.
Le pido que me cuente alguna anécdota más personal que refleje el lado más humano de su padre y, por supuesto, está de acuerdo.
Vivían en María Díaz de Haro y, los domingos de partido, su ama le preparaba a su aita siempre el mismo menú, consistente en un caldo, una tortilla francesa, un plátano y un café.
Con su pequeña maletita preparada, donde llevaba su ropa deportiva y los objetos de aseo, se dirigía hacía La Catedral a realizar su trabajo, lo que mejor sabía a hacer: Evitar que el equipo contrario les marcara un gol.
No solía ir solo, le acompañaba su hijo Manu, quien sonríe recordando tantas y tantas veces que iba de la mano de su padre.
Al llegar allí, Raimundo le daba un duro que llevaba en un bolsillo interno de su pantalón de fútbol, para que se acercara a una de las vendedoras que paseaban su mercancía por las gradas y comprara un regaliz de palo. Al portero le encantaba aquella golosina que masticaba en la portería mientras se concentraba en el juego.
Raimundo Pérez Lezama, era conocido como Lezama pero, además, tenía dos motes: “El señor de las altas torres” porque era un señor debajo de los palos en su trato con todos y el “Bocas”, porque, según sus compañeros, no se callaba nada.
Manu evoca aquellos partidos en San Mamés como auténticas romerías; los aficionados se acercaban al estadio desde diferentes lugares de Bilbao y desde pueblos de la provincia. La zona no estaba asfaltada como la conocemos hoy en día, sino que había campas y barrizales, por ello, solían acudir en alpargatas. También se traían las botas de vino, con lo que el aspecto era de fiesta dominical.
Los domingos que jugaban fuera de Bilbao los vivían como auténticas odiseas. Utilizaban un autobús que salía de la sede del Athletic situada, entonces, en la calle Bertendona, al que bautizaron como “Bala Roja”. Entre los futbolistas se organizaban apuestas sobre el tiempo que tardaría el vehículo en llegar a Orduña y cuántos pinchazos se producirían hasta Miranda de Ebro. Lo que nos da una idea de las aventuras que soportaban aquellos deportistas. En Miranda dejaban el autobús y se montaban en el tren que les acercaría a su destino.

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Otra curiosa anécdota es la protagonizada por el portero Zamora quien, en un partido, se acercó a su padre, cuando éste comenzaba su andadura futbolística, y le dijo: “Chaval, esto no es lo tuyo, déjalo”. Tiempo después coincidieron de nuevo en San Mamés y le confesó: “Chaval, estaba equivocado, eres el mejor portero de España”
Lezama será recordado, además de por su calidad humana y su buen juego, por ser innovador en su manera de parar. De Inglaterra importó unas formas diferentes de actuar bajo palos, de sacar con la mano y a botepronto. Algún árbitro se lo recriminó, pero él se defendía explicando que era la técnica utiliza en aquel país donde aprendió a jugar al fútbol.
Desde hace unas semanas RAIMUNDO PÉREZ LEZAMA dispone de una calle al lado de su querida Catedral. Seguro que a él le hubiera hecho muy feliz saber que se le sigue recordando en Bilbao como se merece y que muchos jóvenes sin haberle visto jugar le admiran.
Me despido de mi querido amigo Manu agradeciéndole su tiempo y sus innumerables historias sobre un gran portero pero, sobre todo, un gran padre. Antes de marchar de la cafetería me enseña una camiseta de Lezama, enmarcada y dedicada a la Peña Kalimotxo, que cuelga de una de las paredes del local.

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FOTOS ACTUALES: ANDONI RENTERIA

UN ESCENARIO DE 125 AÑOS.

Hoy, día 31 de Mayo de 2015, se celebra el 125 aniversario de un lugar mágico, un lugar en el que ocurren cientos de historias, un lugar imprescindible para cualquier bilbaíno y foráneo.
Me estoy refiriendo al Teatro Arriaga.
En el año 1882 se presentó una moción de la Comisión Especial de Nuevas Obras Municipales, con las bases del concurso encaminado a la construcción de un teatro en nuestra villa en el solar donde ya estuvo el Viejo Teatro, el cual se quiso sustituir ya que, había sido dañado durante las Guerras Carlistas.
El Ayuntamiento cedió los terrenos a una empresa privada llamada Sociedad Nuevo Teatro de Bilbao para que lo edificara y explotara por un período de 92 años. Pasado este tiempo volvería a pertenecer al Consistorio bilbaíno.
El arquitecto cántabro Joaquín Rucoba fue el elegido para llevar a cabo una obra de semejante envergadura.
Rucoba se encontró con muchas trabas por parte de los ciudadanos. Por ejemplo, los vecinos de la calle Bidebarrieta, se opusieron a la ubicación inicial que el arquitecto propuso, ya que, hubiera sido un poco más delante de lo que se encuentra y hubiera taponado la entrada de la calle. Para ello, hubo que rehacer los planos y construir un nuevo muelle desde El Arenal hasta La Merced.
También en el propio Ayuntamiento hubo detractores de este proyecto, como algún concejal que criticaba la cesión de un terreno municipal para uso de negocio privado.
El hierro fue uno de los materiales decisivos en su construcción, ya que se tomó como ejemplo el Teatro de la Ópera de París, construido unos años antes, para paliar el gran problema de aquella época: los incendios.
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Una peculiaridad del proyecto era que disponía de entradas separadas para el público. Los más adinerados accedían por la puerta de la fachada principal, mientras que los menos pudientes lo hacían por unas puertas laterales que les llevaban a la zona de “paraíso” y, de esta manera, no se mezclaban las clases sociales.
También hubo anécdotas más tristes, como el desplome de una parte mientras se hallaba en construcción, muriendo dos trabajadores y resultando heridos otros cuatro.
En Septiembre de 1889 se coloca la placa de la plaza con el nombre “Plaza de Maestro Arriaga”.
Meses después, concretamente, el 31 de mayo de 1890 se inaugura el “Nuevo Teatro de Bilbao”, pero para entonces, ya todos los bilbaínos lo denominaban “Teatro Arriaga”.
Varias han sido las remodelaciones motivadas por incendios o las tristemente famosas inundaciones de 1983 pero…eso es otra historia.

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ZORIONAK ARRIAGA ANTZOKIA!

AMBIENTE ROJIBLANCO

Esta mañana he acudido al evento que había organizado mi amigo Javier De Peque junto con otros comerciantes de la calle Belosticalle en pleno Casco Viejo.

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A las doce ya se respiraba un gran ambiente festivo, mucha animación e ilusión por ver la Copa el lunes en Bilbao.

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No han faltado ni las bebidas ni los aperitivos ni, por supuesto, la música. Hemos cantado y bailado todas las canciones que, sobre el Athletic, se han compuesto.

Me he encontrado con verdaderos amigos como: Andoni Renteria, Toni Alvaro y Javi, Luis Bañeres, Eguzkiñe Elorrieta, Iñaki Alonso y por supuesto Javier de Peque y su esposa Lourdes Leoz.

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Al volver para casa he entrado en la Plaza Nueva que me ha recordado a la típica mañana de Aste Nagusia.

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Ya está instalada la pantalla para que esta noche todo el que quiera pueda acercarse hasta allí para ver ganar a nuestros leones.

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Os dejo fotos.

Aupa Athletic!

FOTOS: ANDONI RENTERIA