UN MONTE DE BANDERA

Todos conocemos o hemos subido a los montes más conocidos de nuestra villa pero, hay otros a los que nunca vamos o, incluso, nunca hemos oído hablar de ellos.
Este es el caso del Monte Banderas; no es un lugar muy frecuentado. Posiblemente, una de las razones sea el grupo de antenas que afea la cumbre, además de prohibir el paso con unas vallas muy altas.
Aún así, el otro día decidí subir, ya que era una mañana soleada y se podría admirar mejor la parte del Gran Bilbao que se divisa desde allí.

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El nombre real de este monte de 222 metros es Elorriaga y es parte del macizo Gangurengana, aunque por todos es conocido como Monte Banderas ya que, a finales del siglo XVIII, existió una estación telegráfica con el sistema de banderas para informar a los buques que entraban y salían por la ría, del momento más oportuno para hacerlo.
Tres mástiles muy altos servían para indicar, mediante diferentes distintivos, el origen del barco que intentaban entrar en el puerto de Bilbao y también daba información sobre la carga que transportaba.
Existen rutas a pie o en bici, yo elegí la cómoda: en coche.
Se puede acceder subiendo por Enekuri o desde Artxanda.
El acceso desde Enekuri te muestra los restos de un antiguo fortín utilizado en las guerras Carlistas como vigilancia y defensa.

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Yo fui desde Artxanda hasta el Campo de Tiro y, ahí mismo, junto a estas instalaciones por un camino no muy ancho, lo justo para un coche, llegué al grupo de antenas que os he mencionado antes.
Estacioné el coche, no había nadie. El lugar se encontraba en calma; a unos cincuenta metros, en una campa, unas ovejas pastaban sin reparar en mí.
Por un lateral del camino accedí a la ladera que mira hacia la ría donde, en los años 50 y 60 del pasado siglo, un poblado de chabolas en condiciones lamentables era el hogar de muchos trabajadores que llegaron a Bilbao en busca de una vida mejor

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Durante unos minutos observé detenidamente la Torre Iberdrola, el Palacio Euskalduna, la grúa Karola, la ría, Deusto, San Ignacio… y, en ese momento, pensé ¿Y si además de fotos, grabamos un video?
Se lo propuse a Andoni y le pareció una estupenda idea.
No había guion, no había preparación de ningún tipo, los medios técnicos son de aficionados, aun así, nos atrevimos (Sobre todo yo que soy quien doy la cara, jaja)


Hicimos una primera toma pero, no fue hasta la tercera, que la di por buena.
Espero que seáis benévolos con el resultado.
Fotos y video: Andoni Renteria.

UNA VIDA ATADA A UNA SIRGA

Hoy ocho de marzo se celebra el Día de la Mujer y, por ello he decidido que, este post, lo dedicaría a hablaros de una profesión ya desaparecida en nuestra villa y alrededores. Una profesión muy dura que, curiosamente, no la realizaban los hombres fuertes, sino un grupo de mujeres llamadas SIRGUERAS.
Esta profesión siempre me ha despertado mucha curiosidad y admiración.
Su nombre procede de sirga o cuerda.
En el siglo XIX las sirgueras, mientras sus esposos, soldados, combatían en la guerra carlista, ellas sacaban la familia adelante arrastrando embarcaciones a la costa. Desde el Abra hasta el Arenal bilbaíno se las podía ver ejerciendo esta labor más propia de bestias de carga que de personas.
Esta actividad era fundamental para que los barcos pudieran avanzar ría adentro.
La sirga se ataba alrededor de su cuerpo mediante un tirante y, generalmente, iban en cuadrillas de cuatro.

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La prensa bilbaína siempre fue muy crítica con este rudo trabajo, aunque también lo justificaba aludiendo a que las grandes embarcaciones no podían entrar en la ría debido a obstáculos como por ejemplo la barra de Portugalete y había que utilizar gabarras para transportar las mercancías.
Las condiciones laborales de entonces eran precarias, no estaban amparadas por ningún sindicato y no disfrutaban de ningún privilegio; al contrario que los hombres que desempeñaban tareas de cargadores en los muelles que sí contaban con una reglamentación.
Se pensó alternar la mano de obra de estas mujeres con bueyes pero económicamente salía más costoso.
También existía la profesión de carguera que gozaba de un poco más de prestigio en aquella sociedad y que, en muchas ocasiones, se ganaban el puesto a base de peleas entre ellas.
Además de cobrar poco en condiciones extremas y penosas debían aguantar los descalificativos como “Ganapanes” o “Mozas de cordel”.
En 1879 salió publicado en prensa el accidente de una sirguera que hubo de ser atendida por un gabarrero, un herrero y la familia de éste mientras que sus contratadores se desentendieron del incidente.
Afortunadamente, todo esto ha cambiado.

LA TORRE DE LOS TELEGRAMAS

Existe una construcción en el alto de Santo Domingo, en las inmediaciones del Monte Artxanda, que muchos habréis visto desde diferentes puntos de la villa. Os habréis preguntado qué es o quizá habéis imaginado que sería la vivienda de alguien con una economía muy saneada.
Hoy os hablaré de este lugar y quizá os quede más claro.

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Originariamente este emplazamiento fue ocupado por el Fuerte de Santo Domingo, una construcción cuyo fin era, dada su privilegiada situación, observar los movimientos del enemigo durante las guerras, tanto de la Independencia como las carlistas, y defenderse en caso de necesidad.
Mucho tiempo después cuando planeaban ubicar la Estación Radiotelegráfica de Bilbao, se pensó en este área ya que no había montes cerca que hicieran de pantalla y, además, ya había alguna instalación en uso para ser utilizada.
En noviembre de 1912 dieron comienzo las obras para ubicar, en los barracones ya existentes, diferentes equipos de transmisión.

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En julio de 1913 la estación se unió al servicio nacional. Fueron unos años haciendo uso de las naves ya existentes pero, poco a poco, se fueron derribando aquellas instalaciones para dar paso a un edificio más moderno, hasta que en 1925 se construyó el actual.

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Esta estación radiotelegráfica, propiedad del ejército, estaba a cargo de su propio cuerpo de ingenieros.
La antena se sostenía por una torreta metálica de 60 mts de altura, apoyada sobre una base de hormigón y sujetada por dos vientos, también aislados de la tierra.
La distancia que alcanzaban las trasmisiones con aquella antena era de 600 kms, llegando a duplicarse en situaciones favorables.
Una vez al mes, los oficiales al cargo de esta estación, debían informar al detalle de los mensajes recibidos y enviados, así como la procedencia de los mismos o la cantidad de palabras empleadas.
Como curiosidad os contaré que en el año 1.913 fueron 3.890.567 las palabras utilizadas en estas misivas en todo el Estado, dos millones más que el año anterior. Lo que da una idea del éxito de aquel sistema y de la aceptación que tuvo.
Cuando yo era adolescente solía subir con mis amigos y entrábamos en la torre, sin contemplar ningún peligro. La recuerdo destartalada y en ruinas rodeada de mucho espacio verde.
Hace unas semanas quise adentrarme en el recinto pero me lo encontré vallado y muy protegido; alguien me informó que ahora es una propiedad privada y que lo han rehabilitado, aunque no se sabe qué uso le darán.
Para acceder a esta emblemática torre subí al alto de Santo Domingo y, de allí, me dirigí a la cima del monte Avril (con V porque el nombre procede del General Jean Jacques Avril , Gobernador de Bizkaia durante la ocupación francesa)

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Estacioné el coche en el aparcamiento frente a un restaurante merendero conocido por todos y, a través de un sendero, accedí a la zona recreativa Iturritxualde.

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Me senté en uno de sus bancos a disfrutar del sol de esa mañana de domingo, de la paz del lugar y de las vistas.

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Me dio mucha pena no poder entrar en el recinto de la torre pero, claro, la otra opción era saltar las vallas y no tenía ganas de líos, jaja.
Al bajar de nuevo a la civilización paré en la carretera para tomar otra imagen de aquel edificio que me trae muy buenos recuerdos de mi adolescencia.

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