JOSÉ MANUEL ROZAS, LA LIBERTAD A TRAVÉS DEL ARTE.

El pasado 13 de junio se inauguró en la Sala Ondare de la calle María Díaz de Haro de Bilbao, la exposición de José Manuel Rozas.

Este artista, nacido en Bilbao en el año 1944 fue un pintor y escultor autodidacta muy comprometido con la sociedad de aquella época. José Manuel Rozas tuvo una breve, pero importante carrera artística. Su trayectoria fue intensa, con una ingeniosa inspiración surrealista y firmes convicciones políticas y sociales.

No hay duda de que fue un artista polifacético que destacó en dibujo, pintura, escultura y arte gráfico. En Irún transcurrió parte de su juventud y contó con el apoyo de la congregación de La Salle donde diseñó y creó varios enseres litúrgicos.

Muchas de sus obras están repletas de diminutos seres, habitantes de mundos oníricos y surrealistas que representan a todas las personas con nuestros problemas, necesidades y preocupaciones. Su inspiración era la vida libre, responsable y comprometida con los ideales de su tierra. Uno de sus deseos era que la cultura vasca llegara a todos los rincones y a toda la sociedad. En vida, José Manuel Rozas realizó una veintena de exposiciones individuales y más de cuarenta colectivas; algunas, incluso, en Alemania.

Lamentablemente, a los treinta y ocho años, falleció dejando una tristeza inconmensurable en su viuda, en su hija, en su entorno y, por supuesto, en todos los amantes del arte, de la libertad y de la justicia. Dicen los que lo conocieron que era un hombre afable, de buen carácter y muy familiar. Hoy podemos disfrutar de sus creaciones gracias a su viuda, María José Abasolo, que ha querido mostrar algunas de sus obras al público. Concretamente, en esta sala de exposiciones se presentan cincuenta y cinco piezas producidas desde 1967 hasta 1983.

Este cuadro del poeta y músico José María de Iparraguirre subido al árbol de Gernika, es muy llamativo por los tonos y por el simbolismo de la libertad representada en el emblemático roble.

La pieza de madera de la imagen representa a los poderes fácticos de cualquier sociedad.

Os dejo el enlace a su web José Manuel Rozas y os animo a visitar esta exposición hasta el próximo 30 de septiembre.

 

FOTOS: ANDONI RENTERIA

 

 

 

 

RESTAURANTE EL AMPARO

En Bilbao nunca han faltado establecimientos donde se comiera bien; algunos han gozado de mejor y mayor fama y otros han pasado, por la historia gastronómica de la villa, casi de puntillas. El Amparo fue considerado un templo de la gastronomía, según los escritos de la época.

Todo comienza cuando Sebastián Azcaray y Felipa de Eguileor abrieron una taberna en la planta baja de una casa situada en la calle Concepción número 11, muy cerca del puente de Cantalojas. Al crecer el negocio, en 1879, se mudaron al número 3 de la misma calle, a una casona a la que bautizaron con el nombre de El Amparo. En el primer piso instalaron la cocina y el comedor y en el piso de arriba vivió el matrimonio junto a sus hijos: Vicenta nacida en 1866 quien precedió a Úrsula y Sira y Enrique, el hijo mayor. Las tres hermanas, que habían heredado de su madre la pasión por la cocina, decidieron viajar a Francia donde aprendieron los secretos culinarios de los mejores profesionales. A su regreso, el padre de familia falleció a causa de una pulmonía; quedándose, las cuatros mujeres, al frente de los fogones de los cuales salían los mejores manjares de Bilbao.

Se les ocurrió fusionar la gastronomía bilbaína con la francesa, surgiendo unos platos modernos pero con el sabor de siempre que tanto asombraban a los paladares de los bilbaínos. Diferentes salsas, pescados y aves convivían perfectamente con los garbanzos, los huevos fritos o las alubias de siempre. El bacalao y la merluza frita eran sus platos estrellas, ganando una merecida fama, sobre todo, entre la clase alta bilbaína que traspasaba regularmente la puerta del Amparo para degustarlos. Úrsula y Sira, además de cocinar, se dedicaron a escribir un libro con 685 recetas, que fue publicado a su muerte.

En aquellos tiempos felices nada hacía presagiar el cierre del restaurante pero, llegó la tan temida gripe del año 1919 que dejó más de quinientos fallecidos en Bilbao, causando también la muerte de Vicenta, la hermana que siempre fue reconocida por la preparación del bacalao. Sus hermanas, completamente destrozadas, no quisieron continuar con el negocio del restaurante y solo cocinaban por encargo. La casa terminó derribándose y, de aquel local, nos queda su historia y su legado en forma de libro titulado: “El Amparo, sus platos clásicos” escrito por Úrsula, Sira y Vicenta Azcaray Eguileor, en el que se recogen seiscientas ochenta y cinco recetas con clara influencia de la cocina francesa del siglo XX.

Foto en blanco y negro: INTERNET

Fotos en color: Andoni Renteria, tomadas del libro.

CASA DE LA MISERICORDIA

En el siglo XVIII, los pobres se convirtieron en un problema para la sociedad bilbaína que daba sus primeros pasos hacia el progreso. Las autoridades comenzaron a advertir el incremento de personas con grandes necesidades y había que tomar alguna resolución. Fue entonces cuando decidieron crear una “casa para pobres” que diera cobijo a los bilbaínos y a los de la provincia; no así a los foráneos, que solo dispondrían de un día para alojarse en este hogar.

Se creó una comisión para investigar y estudiar la mejor manera de llevar a cabo este proyecto y, en 1755 se habilitó, de manera provisional, un viejo caserón en Bilbao La Vieja. Cinco años más tarde, nacía la Casa de la Piedad en la calle Sendeja, en un antiguo edificio que había sido carnicería. A los pobres se les vistió con un uniforme consistente en una chaqueta, calzones, medias, zapatos y un gorro. Además se les proporcionaba dos comidas diarias.

Diez años tardaron en darse cuenta de que el espacio era insuficiente, por lo que hubo que buscar una residencia nueva y más grande. El edificio que fue colegio de la Compañía de Jesús, en la actual Plaza Unamuno, fue el elegido para albergar a estos cien pobres de solemnidad. Pero, no sería este su destino final. Una vez más, con el paso de los años, se propuso un local más amplio y en mejores condiciones de higiene y salubridad. Entonces se pensó en el antiguo convento ubicado en la zona de San Mamés, perteneciente a la anteiglesia de Abando. Muchos bilbaínos se opusieron alegando que aquellos terrenos no pertenecían a la villa de Bilbao. Finalmente, el Consistorio bilbaíno lo solucionó incluyendo, al edificio en cuestión, dentro del límite de la villa. El proyecto se otorgó al arquitecto Antonio de Goicoechea y el 9 de agosto de 1872, el rey Amadeo de Saboya junto a su esposa, asistían a la inauguración de aquel hogar conocido desde entonces como Casa de La Misericordia que, rodeada de campas y huertas, le daba a la institución un aire de esparcimiento que perduró hasta que comenzaron a construirse bloques de viviendas en la zona.

En sus jardines de estilo romántico, que permanecen abiertos al público durante el día, se muestran una gran cantidad de árboles centenarios de más de cuarenta especies distintas.

Desde aquel día hasta la actualidad, han sido muchas las personas atendidas en esta casa, donde perdura el espíritu de solidaridad con el que nació. Actualmente se dedica al cuidado de las personas mayores como residencia para la tercera edad con el nombre oficial de Santa y Real Casa de Misericordia.

FOTO: ANDONI RENTERIA