UNA CASA MUY MATERNAL

A finales del siglo XIX se hizo necesaria la creación de una Casa de Maternidad en la villa. La sociedad estaba cambiando y, cada vez, eran más las jóvenes y no tan jóvenes que por su inocencia o, por todo lo contrario, quedaban encinta. Por ello, la Diputación Provincial de Vizcaya impulsó este proyecto social.

Al principio se instaló para tal fin un piso refugio en la Plaza de la Cantera, atendida por las Hijas de la Caridad de San Vicente de Paul, quienes debían cuidar de la ropa, las camas, la comida y la limpieza.

Además había una comisión asignada por la Diputación para gestionar aquella obra benéfica.

Por supuesto contaban con un médico que visitaba a aquellas mujeres acogidas en el piso, una vez al día, por lo menos. Debía permanecer siempre de guardia y ocuparse de intervenciones y partos complicados.

Asimismo, la comadrona, era de vital importancia en este proyecto. El médico delegaba algunas funciones en ella, como por ejemplo los partos sin problemas.

Varias enfermeras y un capellán completaban los servicios de la Casa de Maternidad. El religioso debía inculcar a las mujeres allí alojadas, el arrepentimiento por los errores cometidos.

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Para solicitar el ingreso debían cumplir tres condiciones:

  • Ser soltera y primeriza
  • Ser de la provincia o llevar al menos tres años residiendo en ella
  • Encontrarse, al menos, en el sexto mes de embarazo.

Ya admitidas, se formaban dos grupos. Por un lado las que abonaban 2,50 pesetas diarias. Y, por otro, las llamadas «De comunidad» que no contaban con recursos económicos.

Ni qué decir tiene que el trato hacia ellas también era diferente; a las del primer grupo no se les  hacía preguntas e, incluso, se las inscribía con nombres falsos para que no se las pudiera relacionar con ninguna familia importante.

Era tal el cuidado que se dispensaba a estas mujeres para mantenerlas en el anonimato, que se las facilitaba un velo a las que asi lo querían para cubrirse la cara.

Muchos de los niños nacidos en esta casa terminaban entregados en la Casa de los Expósitos de Bilbao.

En 1895 se construyó el edificio para este fin en el barrio de Santutxu que, actualmente, funciona como Centro de Salud.

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FOTOS: ANDONI RENTERIA

CASA DE EXPÓSITOS

La noticia de un bebé abandonado en un contenedor hace unos días, es muy triste pero no es una práctica de nuestros tiempos; desgraciadamente, la historia nos demuestra que siempre han existido abandonos.
En Bilbao, en el año 1610, Juan de Bengoetxea creó la casa-asilo de niños huérfanos de San Lorenzo; pero no fue hasta el siglo XIX cuando la Diputación de Vizcaya se ocupó de estos desafortunados niños en la Casa de Expósitos, diferenciándolos así de los mendigos y transeúntes necesitados que vagaban por las calles.
En sus primeros cuarenta años de funcionamiento esta institución aceptaba a unos 124 niños anualmente, de los cuales el 39,5% fallecía debido a las diversas alteraciones intestinales provocadas por la no lactancia materna y por el hecho de no existir una correcta alimentación que la sustituyera.
Fue en 1845 cuando se pensó que debían contratar a nodrizas que se encargaran de amamantar a aquellos huérfanos. También se estableció la adopción de estos niños por parte de familias de la ciudad; de esta manera se desarrollarían equilibradamente.
Hubo una avalancha de peticiones de adopción que hizo sospechar a las autoridades y, cuando se pusieron a investigar, descubrieron que muchos aldeanos adoptaban con el fin de obtener mano de obra gratis. En la ciudad sucedió lo mismo con el fin de utilizar a estos niños como sirvientes.
El 8 de noviembre de 1883 se inauguró la Casa de Expósitos de Vizcaya en unos terrenos de la anteiglesia de Begoña.
Al principio era un edificio con capacidad para cien niños pero, tiempo después, hubo que ampliar las instalaciones para albergar, en 1929, a más de 220 niños.
Una de las modernidades de ese siglo fue la sustitución del torno o ventanuco giratorio donde se depositaba al bebé para entregarlo a la institución, por una cabina que aseguraba unas condiciones higiénicas más saludables.
Al lado de la Casa de Expósitos se encontraba la Maternidad donde, a muchas mujeres que daban a luz, se les ofrecía actuar como nodrizas para los niños abandonados y les pagaban 50 pesetas mensuales. A las que no amamantaban les daban alimento y ropa a cambio de realizar tareas domésticas, pero sin sueldo.
La Casa de Expósitos consiguió que se redujera la mortalidad infantil y perfeccionó el proceso de adopción.
En los años ochenta del siglo pasado cerró sus puertas y, actualmente, se ha convertido en el Centro de Salud de Santutxu

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