MODELISMO NAVAL EN EL MUSEO MARÍTIMO

El Museo Marítimo Ría de Bilbao ha preparado una de sus salas para acoger varias maquetas de barcos construidos de una manera artesanal.

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El modelismo naval, que así se llama este arte, viene de lejos; concretamente del antiguo Egipto. En las tumbas de los grandes faraones se encontraron los primeros modelos de los que se tiene constancia. Ellos creían que el barco les serviría para ayudarles en su viaje al más allá.

Hoy en día son muchos los aficionados a construir pequeños barcos a escala que requiere arduas labores de investigación, grandes dosis de paciencia y mucha destreza manual.

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En esta sala se pueden admirar diferentes tipos de embarcaciones. Llaman la atención los exvotos marineros, que son ofrendas que realizaban los marinos a las iglesias o ermitas en agradecimiento por haberles protegido en naufragios, temporales o ataques de enemigos.

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No faltan los modelos trabajados con huesos, hilos o cabellos humanos por prisoneros durante las guerras napoleónicas.

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Estas pequeñas obras de arte no son solo decorativas, sino que algunas tienen como objetivo servir como modelos para la formación de los futuros marineros de las escuelas naúticas.

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El Museo Marítimo ha concebido esta muestra como una actividad más para las familias y, por ello, al entrar en la sala encontraréis un folleto con diferentes explicaciones y pruebas para realizar con los más pequeños de la casa.

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En esta foto, al lado de un magnífico barco de vela, podéis verme con el director del Museo, el Sr. Jon Ruigómez.

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FOTOS: ANDONI RENTERIA.

 

 

ATYLA, DE NUEVO EN BILBAO.

Atyla ha vuelto. No, no estoy diciendo ninguna barbaridad. Me refiero al barco escuela internacional Atyla que, desde el pasado 21 de noviembre, se encuentra amarrado en el muelle exterior del Museo Marítimo Ría de Bilbao.

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En el año 2014, tanto el museo como el armador del barco, firmaron un acuerdo por el cual, el museo bilbaíno, sería su puerto base para atracar y desarrollar diferentes actividades educativas.
Partió de aquí hace seis meses y ha regresado tras recorrer 10 000 millas náuticas visitando trece países; además de participar en varios festivales de grandes veleros.
La Fundación Atyla, gestora del barco, recibe donaciones con las que sufraga becas para aquellos jóvenes que quieran aprender el arte de la navegación.
Pero, no solo navegación se enseña en esta aula flotante. La Fundación ha ideado un programa educativo en el que la coach letona, Laura Tiersen, imparte cursos en inglés sobre comunicación intercultural, inteligencia emocional, concienciación medioambiental, pensamiento crítico y liderazgo.
Durante el último año han sido 130 los alumnos que han participado en estos talleres.
Hasta el 18 de abril del próximo año, el Atyla se podrá visitar los sábados, domingos y festivos para los particulares, abonando dos euros o con la entrada si se visita también el museo.
Los miércoles, jueves y viernes serán los escolares y grupos los que podrán acceder al barco.
Hace unos días tuve la suerte de visitar este maravilloso barco de dos mástiles cuyas dimensiones son 31 metros de eslora y 7 metros de manga y, allí, mientras observaba todo, y me sentía cual pirata del Caribe manejando el timón, me explicaron su historia.

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La idea de su construcción surge hace sesenta años de Esteban Vicente Jiménez, soriano y piragüista profesional, cuya ilusión era dar la vuelta al mundo en un barco de madera.
En el año 1980 Esteban comienza el proyecto de su barco a la manera tradicional de los carpinteros de ribera.
Un ingeniero naval aprobó aquel diseño con influencias de las goletas del siglo XIX y, con ayuda de amigos y voluntarios, empezó a construir los mástiles y el interior del barco utilizando madera de los bosques de Vinuesa.

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Dos años más tarde, una flota de seis camiones, trasladó esas piezas de madera hasta la población bizkaina de Lekeitio, donde se ensamblaron y se dieron forma a otras nuevas.
El 15 de mayo de 1984, el Atyla fue botado en el puerto de Lekeitio. Pero, no hubo viaje alrededor del mundo; sino que, durante 19 años, el barco se dedicó a realizar excursiones por la costa de Lanzarote.
En el año 2005 fue contratado por el Gobierno de Cantabria para convertirse en buque imagen de la comunidad autónoma y, durante seis años, sirvió para formación de navegantes, avistamiento de aves y para realizar excursiones, entre otros usos.

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Fue en el verano de 2013 cuando Rodrigo, sobrino del creador del Atyla, tuvo la idea de convertirlo en un barco escuela donde se enseñara navegación de vela clásica.
Ochenta personas son las que pueden viajar en salidas por la costa y, un máximo de veintitrés, en travesías largas.
Dispone de cocina equipada, salón de reuniones, duchas y cuartos de baños como si de un pequeño hotel se tratara.
Vera, una joven finlandesa, cuyo cargo es de primera oficial tras realizar cuatro años de formación en su país, me explicó que, a partir de mayo, navegarán por Gran Bretaña, Irlanda y el Mar del Norte y que, la intención del Atyla es cruzar el Oceáno Atlántico.

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Los cursos, según me contó, duran desde una semana a tres meses, con un horario de nueve de la mañana a seis de la tarde.

También me mostró el libro que escribió Esteban cuando proyectó el barco; según me dijo, entre risas, es la biblia de a bordo.

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Salí del barco con la sensación de haber sido parte del sueño de Esteban. Un sueño que, su sobrino Rodrigo, ha convertido en realidad en forma de buque escuela.

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FOTOS: ANDONI RENTERIA

UN BOTE PARA EL PORTU

No todos los días se puede decir que has visto “crecer” un barco de manera artesanal.
Me enteré de que en los talleres del Museo Marítimo de Bilbao estaban realizando un proyecto y decidí acercarme hasta allí para ver de qué se trataba.
Al llegar me recibió amablemente su director Jon Ruigómez, quien me presentó a Jon Ispizua y a su equipo, responsables de llevar a cabo esta idea: la construcción de un bote.
Lo primero que me explicaron estos trabajadores es que eran unos doce voluntarios los que día a día iban dando forma a esta embarcación con la técnica de carpintería de ribera; un método que trata de rescatar la manera en la que se construían los barcos hace más de un siglo.

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En una gran mesa reposaban diferentes objetos que yo jamás había visto; además de un gran plano del barco que data de los años 20 del pasado siglo. Jon, con mucha paciencia, aclaraba todas mis dudas.

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Este bote (llamado igual que el gánguil) recreará aquellos que se utilizaban en labores de mantenimiento y apoyo y facilitaban las maniobras de atraque.
El Portu fue el primer barco construido por los astilleros Euskalduna en 1902 para la compañía Altos Hornos de Vizcaya.
Me informaron de que un gánguil se dedica básicamente a recoger vertidos en un depósito en su interior en cuyo fondo hay una puerta que se abre para arrojar al mar su contenido.
El Portu arrojó la escoria de Altos Hornos durante 65 años. En 1968, la Naviera Peninsular lo adquirió y lo mantuvo activo unos años más con el nombre de Julio.
Tiempo después y, con el cierre de la compañía, el Portu fue abandonado en el canal de Deusto donde permaneció hundido hasta que el propio museo con la ayuda de la Autoridad Portuaria lo rescataron. Actualmente permanece en el dique seco del propio museo.
También me dieron datos técnicos como los tres tipos de madera que utilizan en su realización: el roble, el alerce de Siberia y la acacia.

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El bote tendrá 4.65 metros de eslora y lo están construyendo a tingladillo; una técnica que consiste en superponer un tablón encima de otro para una mayor conservación tanto con humedad, estando en el agua, o por la falta de ella.
Este proyecto tiene dos objetivos claros: por un lado dar a conocer la carpintería de ribera y por otro atraer a aquellas personas que, voluntariamente, quieran ayudar a conservar la colección de barcos del museo.

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Entre las personas que se encontraban en ese momento trabajando estaba Javier Sánchez Eguiluz, restaurador del Museo Vasco y artífice de que, el Mikeldi situado en su claustro, luzca tan bonito y tan limpio.

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Él fue quien me enseñó cómo dar forma a la quilla con una gubia y un martillo.

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Después de muchas explicaciones técnicas me contaron algo mucho más entrañable. En el codaste de popa han colocado una moneda y en el codillo de proa una imagen de la Virgen del Carmen y otra de la Virgen de Begoña. Esta es una tradición que ellos también han querido perpetuar en la futura embarcación.

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Una hora más tarde me despedí de Jon, Javier, Carmen, Joseba y Ander, los voluntarios carpinteros de ribera que me habían atendido tan bien, que prometí visitarles más adelante para admirar los avances en la construcción del bote.
Mila esker!!
FOTOS: ANDONI RENTERIA.

ESCENAS DE BILBAO EN 3D

Jesús de Echebarria, fotógrafo bilbaino nacido a finales del siglo XIX, nunca pudo imaginar que sus fotos se exhibirían en un museo marítimo y que se podrían ver con unas gafas de cartón.

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Con 21 años entró a trabajar en el Banco de Bilbao pero, su gran pasión era la fotografía.

En aquellos tiempos, principios del siglo XX, se puso muy de moda la técnica estereoscópica, que consiste en intentar imitar la visión binocular humana partiendo de la utilización de dos objetivos distantes entre si 65 mm, que es la distancia media entre los ojos humanos.

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En la época del señor Echebarria necesitaban un visor para admirar estas imágenes; hoy en día podemos  hacerlo con unas gafas 3D.

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Hasta el próximo 15 de enero, permanecerá esta magnífica exposición  en la que se pueden admirar escenas cotidianas en la ría, en el monte Artxanda o en el Casco Viejo.

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Os recomiendo una visita porque seguro que estas 16 imágenes y los objetos de hace más de un siglo os sorprenderán.

FOTOS: ANDONI RENTERIA.