KAIFÁS, OTRO TXIRENE

Seguro que tenía nombre y apellidos pero era un dato desconocido para los bilbaínos de finales del siglo XIX, ya que todos le llamaban Kaifás.
Aquel personaje txirene frecuentaba la acera del Café Bulevar en el Arenal y se dedicaba a vender lapiceros a los que, a veces no se les podía sacar punta y cuando algún cliente se quejaba de ello, le decía sin pudor: “Pues, estás perdido; en esta vida para triunfar hay que sacarle punta a todo”.
Así era Kaifás, sin reparos.
Pero si algo le gustaba a este personaje de nuestra villa era, sin duda, piropear a las mujeres.
Eran muy famosos los dichos que se le escapaban cuando delante de él pasaba una guapa fémina. Si la dama en cuestión tomaba dirección a San Nicolás, Kaifás exclamaba con fervor: “Suuuu padre”; mientras que si se dirigía hacia La Ribera, la frase era: “Suuuuu madre”.
Ahora bien, si a la señorita se le veía un poco el muslo entonces era más vehemente y gritaba:” ¡¡¡Hija de mi vida!!!”.
Y, admirando mujeres, regalándoles piropos y vendiendo lapiceros, Kaifás se fue convirtiendo en un bilbaíno imprescindible en las calles de Bilbao hasta que a mediados del siglo pasado desapareció.
A pesar de ser poca la información de este personaje he querido darle su lugar en esta sección de personajes txirenes.


La foto es un dibujo del gran ilustrador y txirene K-Toño Frade, recientemente fallecido, tomada del periódico Bilbao donde él escribió sobre Kaifás.

PARQUE NATURAL DEL GORBEA

El Parque Natural del Gorbea es un lugar de referencia para todos los vascos amantes o no de la montaña. Un espacio natural entre Vizcaya y Álava cuya cumbre se encuentra a 1482 metros de altitud y a la que se puede acceder desde todas sus vertientes.
En lo más alto se encuentra el símbolo conocido por todos: La Cruz del Gorbea.


En el año 1899, el papa León XIII exhortó a los católicos a instalar cruces en todas las cimas de los montes de las zonas cristianas para recibir al nuevo siglo. Los vecinos de la zona no lo dudaron y para ello organizaron una comisión encabezada por el párroco de Zeanuri con el objetivo de recaudar fondos para la construcción de dicha cruz.
El día de la inauguración, los pastores de la zona vaticinaron que no aguantaría mucho tiempo en pie por su altura de 33 metros. Un mes más tarde se cayó.
Casi dos años después, en 1903, se colocó la nueva cruz bendecida con agua del río Jordán pero, desafortunadamente, solo duró tres años, ya que en 1906 fue derribada por un vendaval.
La tercera cruz se proyectó en 1907 con una altura de 17 metros, algo menos que las anteriores, y se realizó en hierro con una estructura semejante a la Torre Eiffel de Paris.
De momento, esta parece que se mantiene después de más de un siglo.
Los paisajes de este parque natural son muy diversos: suaves campos, zonas kársticas, magníficos hayedos o zonas rocosas muy escarpadas.


Es muy grande el sentimiento de los vascos por este paraíso natural y, por ello, se organizan muchas actividades como senderismo, rutas en bicicleta o rutas a caballo.
Históricamente es uno de los cinco montes bocineros de Vizcaya desde donde se realizaba la llamada, por medio de hogueras y con el sonido de los cuernos, a Juntas Generales.
Existen dos Centros de Interpretación: uno en la parte alavesa y otro en la parte vizcaína.
También podemos encontrar varias zonas de esparcimiento y de recreo donde poder descansar o comer un bocadillo.
Hace unos días decidí subir a una de las zonas más bonitas de este parque natural: las campas de Arraba.
Mi intención no era llegar a la Cruz, sino pasar unas horas en plena naturaleza sin realizar el gran esfuerzo que supone llegar hasta la cima.
El coche lo estacioné en el aparcamiento de Pagomakurre y comencé mi camino de ascenso con muchas ganas. Hacía frio aunque el día estaba soleado.


El sendero es ancho y el piso se encuentra en bastante buen estado teniendo en cuenta que estamos en el monte. Además, la pendiente no es muy costosa y se puede realizar con niños sin problemas.
Con cada paso iba admirando la belleza del paisaje y me preguntaba por qué había tardado tantos años en subir.


Algo más de media hora más tarde me encontraba en el comienzo de las Campas de Arraba. Allí me detuve a observar lo que nos ofrece la madre Naturaleza; eso que solo puedes apreciar si escalas una montaña y miras al horizonte.
La vista es tan impresionante que, durante unos minutos, no pude articular palabra. Solo admirar la belleza, respirar el aire fresco y sentir mucha emoción.

Allí, en aquella magnífica extensión, los caballos pastan sin preocuparse porque unos humanos llegan a compartir su espacio con sus mochilas y sus bastones de monte.
Para los que quieren reposar tomando un tentempié, pueden hacerlo en el refugio.


Yo continué el camino hacia Eguiriñao por un sendero un poco más complicado que el anterior con grandes piedras y bastante barro.


Minutos después apareció ante mí un fabuloso y frondoso hayedo que ocultaba, entre sus árboles, otro refugio cerrado en aquel momento.

 


A pocos metros algo llamó mi atención, se trataba de una pequeña ermita donde se aloja la virgen Nuestra Señora de las Nieves.


Como ya os he contado al principio del post, mi intención aquella mañana no era alcanzar la cumbre, ya que no me sentía preparada físicamente; así que, di la vuelta y volví a las campas de Arraba donde me comí el bokata con el mundo a mis pies. O, al menos, así me sentí yo ante tanta belleza.
Y, para los que no os atreváis a subir a la Cruz, esta excursión os aseguro que no tiene nada de dificultad.
FOTOS: ANDONI RENTERIA.

LOS RELOJES QUE CORONAN NUESTROS EDIFICIOS

En estas fechas tan próximas al fin de año, los relojes cobran una especial importancia; esos relojes que miraremos y escucharemos la última noche de diciembre esperando entrar con buen pie en 2019.
A medianoche permaneceremos todos pegados al televisor observando el paso de los segundos en el famoso reloj de la Puerta del Sol en Madrid.
Pues bien, en nuestra villa también tenemos importantes relojes que, esa noche marcarán las doce aunque no aparezcan en televisión.


Se cuenta que en los años veinte del pasado siglo, los relojes de Bilbao estaban descontrolados y cada uno iba por libre marcando la hora que mejor le parecía. Como podéis imaginar, eso causaba muchos contratiempos a los bilbaínos de entonces.
Casi todos los que podemos ver en los edificios importantes de la villa proceden de la firma francesa Bodet y varios de ellos, además de marcar la hora, suenan con una melodía determinada.

La conexión con un sistema central hace que todos, al unísono, ofrezcan la misma hora; además no es necesario darles cuerda, ya que reciben una señal codificada desde la emisora francesa DCF.
Actualmente, Bilbao posee varios relojes que solo adornan, no ofrecen ningún dato horario, pero ahí permanecen, elegantes, orgullosos… y, si no estuvieran, se les echaría de menos.
Me refiero, por ejemplo al de la calle Bidebarrieta con sus dos caras y ninguna funciona. Aunque hay quien, de manera txirene, asegura que dos veces al día marcan la hora exacta.


También existe un reloj aficionado al Athletic; se trata del situado en el alto del edificio de Consultas Externas del Hospital de Basurto. Hace años se personalizó el sonido y, cada vez que nuestro equipo juega, se escucha el himno durante unos segundos.
El reloj de la Casa Consistorial posee un generador de melodías que se instaló siendo alcalde, José María Gorordo y en ciertos momentos se escucha una música compuesta por Juan Crisóstomo Arriaga.
Y, si en ciudades europeas presumen de relojes con autómatas, en Bilbao también tuvimos uno en el que nueve figuritas se movían mientras daban la hora. Desafortunadamente, esta joya situada en una relojería de Alameda San Mamés, ya no está en funcionamiento.
Plaza nueva, Teatro Arriaga, edificio de la Equitativa, Ayuntamiento, edificio BBVA en la calle Gran Vía, Iglesia de San Nicolás…son muchos lugares emblemáticos de Bilbao donde los relojes forman parte de la arquitectura y, gracias a ellos, muchas veces levantamos la mirada hacia allí para asegurarnos que llegamos a tiempo a nuestras obligaciones.

FOTOS: ANDONI RENTERIA

OLENTZERO RECORRE LAS CALLES DE BILBAO

Olentzero, el carbonero más querido de la Navidad en Euskal Herria, ha llegado a Bilbao.
A las cinco de la tarde en la plaza Moyua y alrededores no cabía un alfiler.

Niños emocionados acompañados de sus padres esperaban ansiosos a que Olentzero y su compañera Mari Domingi salieran del Hotel Carlton para montarse en sus “animales” y recorrer la Gran Vía en Kalejira hasta el Teatro Arriaga.
En el interior del hotel, Olentzero se mostraba muy amable con los medios de comunicación y posaba delante de un gran árbol de Navidad.


Minutos más tarde salían la pareja y los alborotadores galtzagorris a la gran terraza de este emblemático establecimiento. Allí han saludado a todos los niños y niñas y han cantado su canción.


Pasaban varios minutos de las cinco y media cuando ha comenzado la procesión navideña.
Olentzero en su pottoka de madera y Mari Domingi en la oca avanzaban por la calle más importante de Bilbao saludando, desde la altura, a todos los que allí se habían congregado para recibirles como merecen tan ilustres personajes.


Pero, no iban solos; los duendes, los dantzaris y los zanpanzarrak con sus cencerros han querido desfilar con la pareja recién llegada a nuestra villa para repartir, la noche del 24 de diciembre, miles de regalos a todos los bilbaínos.


No han faltado los confetis ni los fuegos ni las risas ni las cartas…nada.
Las caras de felicidad de los más pequeños de la casa iluminaban la Gran Vía.
Por fin han llegado a la plaza del Teatro Arriaga donde les esperaban un grupo de música y los dantzaris amenizando la espera.


Olentzero y Mari Domingi no lo han dudado y han bailado con los duendes mientras abrazaban a los niños y niñas y recogían alguna carta que les entregaban a última hora.


El Alcalde, Juan Mari Aburto, acompañado de la Concejala Itziar Urtasun les ha dado la bienvenida a Olentzero y a su compañera con un afectuoso abrazo. Además, les ha cedido la makila o bastón de mando de la villa y Olentzero le ha obsequiado con un regalo.


Todos los asistentes hemos cantado varios villancicos al compás del grupo de música y de la lamia.
Ha sido una tarde mágica y muy emotiva que, seguro, los niños de Bilbao no olvidarán.
Ahora solo falta portarse bien y que la suerte nos sea propicia.
FOTOS: ANDONI RENTERIA