COLEGIO JESUITAS EN BILBAO

Al mismísimo Ignacio de Loyola le solicitó el Obispo de Calahorra en 1551, que fundara un colegio en Bilbao para evitar las influencias religiosas de muchas de las personas que habitaban en la villa, procedentes de países con creencias luteranas.
Pero, no fue hasta 1604 que los jesuitas recalaron en Bilbao, concretamente en el Colegio San Andrés, actual Museo Vasco.
Casi tres siglos después se fundó el primer centro universitario dirigido por esta orden religiosa: La Universidad de Deusto.
Los años transcurrían y seguía Bilbao sin contar con un centro de Bachillerato de jesuitas.
Finalmente, fue un industrial de origen italiano, Don José Román de Moronati y Zuazo quien alentó a la compañía religiosa a fundar un colegio.
Para llevar a cabo este proyecto convenció a su suegro Don José Allende y Plágaro para que cediera unos terrenos de su propiedad en Indautxu, cuya superficie total era de 12 450 metros cuadrados.
Esta zona, en aquella época, se situaba en las afueras de Bilbao donde gran parte de la alta sociedad bilbaína poseía elegantes chalets.
En este nuevo ensanche de la villa se instalaron, además, un velódromo, una plaza de toros (más o menos en la actual plaza de Indautxu), el campo de fútbol de San Mamés y los cuarteles de Garellano, entre otros.
La primera piedra del Colegio se colocó el 18 de agosto de 1924. A este acto acudió el Prepósito General de la Compañía de Jesús, el Padre Lechodowsky.

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Desafortunadamente, aquel proyecto del arquitecto José María Basterra, no se pudo completar (solo la iglesia se inauguró el 20 de abril de 1930) ya que hubo un decreto por el que el Gobierno Republicano interrumpió el 24 de enero de 1932 toda actividad referente al colegio que pasó a manos de autoridades civiles.
Sin embargo, los padres Acha y Sagarminaga junto con muchas familias bilbaínas, consiguieron impartir clases en varios lugares de Bilbao como el Campo Volantin, Botica Vieja o en la calle Gardoqui.
Incluso en un chalet anexo al palacio Chávarri, actual Subdelegación del Gobierno.
A partir del curso 1937-1938 se trasladaron a su actual ubicación que, desde entonces, tuvo varias ampliaciones debido al gran número de alumnos.

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AQUELLAS FIESTAS DE BILBAO

Hace cuarenta años las fiestas de Bilbao, distaban mucho de parecerse a la actual ASTE NAGUSIA.
Por supuesto, no faltaban las representaciones teatrales, las regatas en nuestra ría, los txistularis poniendo la nota musical, los fuegos artificiales dando color a nuestro cielo, los tradicionales bailes de las romerías y, cómo no, los gigantes y cabezudos.
En el año 1962 estos seres que, tan bien conocemos incluso por su nombre, reaparecieron por iniciativa del entonces director de Radio Bilbao Eduardo Ruiz de Velasco.
Estos personajes llegaban a las fiestas en sustitución de los que ya existían desde 1934 que también fueron obsequio de la emisora.
El lugar elegido para su estreno fue el Ayuntamiento; concretamente frente a la escalinata, en un soleado domingo 19 de agosto.

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Allí, el alcalde, pronunció unas palabras de agradecimiento y dio paso al colorista pasacalles por la villa.
Para los portadores de estos recién estrenados bilbaínos supuso un enorme esfuerzo, ya que pesaban mucho y resultaba muy costoso bailarlos, tanto que dos de los gigantes se quebraron: Doña Tomasa y el Inglés.
Quien gozó de mucho éxito aquel día fue el inigualable Gargantua que, también, se estrenaba.
Además de estos desfiles por Bilbao, había otro espectáculo que hacía las delicias de los bilbaínos, sobre todo, de los más pequeños: el Circo Atlas.
Instalado en la Campa de los ingleses, los hermanos Tonetti eran los más aplaudidos y las estrellas principales del mayor espectáculo del mundo.
Ese mismo año, pero una semana más tarde, tuvo lugar en Artxanda, un evento diferente a lo conocido hasta la fecha: la primera carrera de motocross.
Fue una exhibición de destreza y rapidez en la que participaron tanto motoristas nacionales como internacionales dejando a todos los bilbaínos asombrados.
Tampoco faltaron en aquella semana de fiestas las funciones de marionetas o las corridas de toros.
Estas actividades divertían a todos aquellos bilbaínos del siglo pasado; quizá ahora haya más oferta lúdica, pero no dudo de que entonces también eran unas fantásticas fiestas.

EN BUSCA DE UNA VIDA MEJOR

La inmigración, como todos sabemos, no es una palabra actual, no es un movimiento moderno.
A finales del siglo XIX Bilbao ya era una ciudad cosmopolita habitada tanto por ciudadanos venidos de diversos países europeos como de todas las provincias españolas.
Toda Vizcaya era un imán para estas personas que llegaban esperanzadas en busca de trabajo, en muchos casos relacionado con la minería y la industria, tan importante en aquel momento.

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Esta realidad social contribuyó al incremento de matrimonios y nacimientos en nuestra provincia, creando así más riqueza.
La tasa de crecimiento de nuevos bilbaínos era la mayor de Euskadi entre los años 1877 y 1900, con un 64% frente al 3% de Álava y al 17% de Gipuzkoa.
Sin embargo, aquel aumento de la población no fue equitativo en la provincia, sino que hubo zonas como Abanto o Santurce que, debido a la actividad empresarial, su censo creció considerablemente. Tanto como para que las condiciones de vivienda, higiene o salubridad no fuesen las más óptimas.
La mayoría de los inmigrantes se integraron perfectamente y formaron familias en Euskadi, con lo que la vida social, política y económica nunca volvió a ser lo que era cien años atrás.
Y…como la vida siempre se repite, actualmente estamos asistiendo a la diáspora de nuestros jóvenes por medio mundo y a dar la bienvenida a los que buscan una vida mejor en nuestro país.