UNA FALSA ALARMA DESEMBOCÓ EN TRAGEDIA

La tarde del 24 de noviembre de 1912 fue, sin duda, una de las más trágicas de la historia de nuestra villa. Una tarde que, después de tantos años, seguimos hablando de ella con tristeza e incomprensión.
A principios del siglo pasado no había tantas posibilidades de ocio como disfrutamos actualmente y el Teatro Circo del Ensanche era un lugar donde evadirse de los problemas, donde reír, llorar, soñar o dejar volar la imaginación viendo una de aquellas películas que se proyectaban en este local construido en madera en el año 1895 y que se encontraba en la Gran Vía no muy lejos de la actual plaza Moyua.
Era un lugar de encuentro para todo aquel bilbaíno que le gustaban los espectáculos modernos y las tecnologías que, poco a poco, iban llegando a Bilbao. Aquella sala había albergado, también, espectáculos circenses e, incluso, deportivos. Pero, en 1924 se dedicaba únicamente a la exhibición de películas en sesión continua desde las tres de la tarde hasta las doce de la noche, al económico precio de 10 céntimos; lo cual era un aliciente más para atraer al público infantil.


Esa fría tarde, el salón rebosaba de gente ansiosa por ver el film italiano titulado “¿Quién ha robado el millón?”
Pasaban unos minutos de las seis cuando se oyó una voz (algunos dicen que femenina) que gritó ¡¡FUEGO!! Una de las hipótesis que se barajó es la de que una mujer estaba siendo acosada por un hombre en la galería alta y por eso gritó.
Esa voz de alarma se extendió como la pólvora por toda la sala, la gente corría sin control, desesperados, dirigiéndose a una de las tres salidas. Los mayores pisoteaban a los más pequeños, los gritos eran desgarradores. Un grupo de guardias que se encontraban allí intentaron tranquilizar a la multitud pero fue imposible. Los supervivientes declararon a los medios, días más tarde, que fue un infierno.
La confusión y el pánico se apoderaron de todos los asistentes. Dos de las tres salidas permanecían cerradas y, entre varios hombres, lograron tirarlas abajo. Ya en la calle, el caos crecía. Alguien alertó a los bomberos que se presentaron con sus innecesarias mangueras.
Por fin, pudieron salir y a los heridos evacuarlos a las Casas de Socorro y al hospital de Basurto. El drama comenzó cuando los padres se acercaban a los centros de salud en busca de sus hijos para verificar si estaban vivos o muertos.
Desde Garellano se enviaron a muchos soldados para ayudar; los propietarios de coches los usaron para ayudar en el desplazamiento de las víctimas, las tabernas de la zona se convirtieron en improvisadas salas de curas. Pero, aquello no impidió que esa misma noche el balance fuera de cuarenta y dos niños fallecidos y dos adultos. Al día siguiente perdieron la vida otros dos pequeños.
El Alcalde, Federico Moyua, junto a su equipo municipal convocó un pleno extraordinario esa misma noche que terminó de madrugada, donde se acordó sufragar los gastos de los funerales y traslados hasta el camposanto de Vista Alegre en Derio y construir un gran mausoleo. El funeral se ofició en la Catedral de Santiago.
Tres días después de la tragedia, la comitiva fúnebre salió desde la Casilla hasta el ferrocarril de Lezama. Cuarenta y cuatro féretros blancos y dos negros desfilaron bajo las tristes miradas de cuarenta mil bilbaínos que quisieron acompañar en el duelo a aquellas destrozadas familias.


Se escucharon gritos y llantos de dolor durante todo el recorrido, también hubo muchos desmayos.
El Teatro Circo del Ensanche fue demolido en 1914 por orden del Gobernador Civil. La investigación realizada concluyó que el local no cumplía las normas de seguridad y que había más personas de las permitidas en aquel momento, pero jamás se llegó a saber quién dio aquella falsa voz de alarma.
En 1916, con el patrocinio del Ayuntamiento de Bilbao, se erigió un imponente mausoleo cubriendo la fosa donde reposan los cuarenta y seis fallecidos. Varios arquitectos municipales fueron los encargados del proyecto que realizaron los alumnos de la Escuela de Artes y Oficios de Bilbao.


Actualmente, es uno de los rincones emblemáticos del cementerio de Vista Alegre.
Las fotos las he tomado de INTERNET.

UNA ESTATUA CON MUCHA CONTROVERSIA

A principios de los años veinte del siglo pasado el fervor religioso de un sector de la sociedad bilbaína tuvo la idea de construir un monumento por suscripción popular.
Un socio anónimo del Apostolado de la oración bilbaína realizó una donación de 50000 pesetas para la futura estatua del Sagrado Corazón que se ubicaría en la Plaza Bélgica, nombre que tuvo esta conocida plaza frente a la Avenida de los aliados, que así se denominó a la actual Gran Vía.
Los de izquierdas rechazaron la propuesta pero, tras muchas deliberaciones, la idea comenzó a tomar forma gracias a diversos proyectos que se presentaron, tanto nacionales como extranjeros.
El Ayuntamiento puso dos condiciones: que fuesen ellos quienes aprobaran el proyecto y que la futura estatua se asentara en terreno municipal.
Fueron varios los bocetos, incluso hubo quien propuso instalar un ascensor interior en el futuro monumento.
Finalmente, la propuesta elegida, fue la del arquitecto guipuzcoano Pedro Muguruza y el escultor Lorenzo Coullaut.
El día de San Pedro de 1924 fue un gran día para Bilbao, ya que fue colocada y bendecida la primera piedra.
En un principio se utilizó para la base piedra de las canteras de Mutriku pero, se cambió por razones estéticas, a caliza blanca de la cantera cántabra de Escobedo.
La estatua se fundió en los talleres de la Compañía Euskalduna.

sagrado corazon.
El día de la inauguración no faltaron autoridades; además del alcalde Don Federico Moyua, el obispo, el Gobernador Civil y toda la corporación provincial, también acudieron representantes tanto de pueblos de nuestra provincia como de las capitales más cercanas como Santander, Logroño, Vitoria o Donosti.
Por supuesto, no faltaron tampoco las asociaciones religiosas de la época y obispos de ciudades como Calahorra, Santander, Pamplona o Tortosa, entre otras.
Se levantaron unas tribunas alrededor del monumento para situar a todas estas personalidades.
A las once y media de la mañana del día 26 de junio de 1927 y, tras haber llegado en procesión a dicho lugar, el nuncio de su Santidad bendijo el monumento y descorrió la cortina que ocultaba el bajorrelieve de su fachada principal.
Era mucha la expectación y muchos los bilbaínos que estaban deseosos de ver cómo había quedado la obra para la que todos habían aportado su granito de arena.
Las sirenas de las fábricas cercanas y de los buques en la ría se dejaron oír queriendo participar también del festejo.
Se celebró una solemne misa, para a continuación dar paso a la marcha real interpretada por la Banda de Garellano y la Municipal de Bilbao; terminando el acto con discursos de las máximas autoridades civiles y religiosas.
Como no podía ser de otra manera, también disfrutaron de una suculenta comida para 500 personas, entre ellos muchos pobres, en el Campo de fútbol de San Mamés.
La emisora “Unión Radio” retransmitió el acto desde Madrid para toda España y el extranjero.
Había sido un gran éxito, tanto, que nadie hubiera imaginado que años más tarde se planteara su demolición.
Pero… esa es otra historia que os contaré algún día.