CALLE NAVARRA, EL PORQUÉ DE SU NOMBRE

En Bilbao siempre se ha valorado y rendido tributo a los que, por alguna razón, han sido o han formado parte de nuestra historia; bien sean personas, lugares o fechas señaladas.
La manera de agradecérselo, en muchos casos, ha sido y es la de nombrar una calle, avenida o edificio.
En algunos casos los nombres elegidos no han tenido mucho que ver con nuestra villa, pero las circunstancias o el momento político así lo requirieron. Como por ejemplo, la calle Primo de Rivera, los puentes Mola, Sanjurjo o Generalísimo.
Hoy en día, aquello es un recuerdo para alegría de muchos.
En este post os comentaré el origen del nombre de la calle Navarra.

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Anteriormente a como la conocemos hoy, se la denominó calle de la Estación. El 21 de agosto de 1937 se la rebautizó como calle Navarra para homenajear a cientos de combatientes navarros que habían luchado a favor de la causa franquista
Fue un día con varios festejos como desfiles, música y bailes folclóricos. Desde Navarra acudieron autoridades políticas como el Gobernador militar de la provincia, diputados forales, miembros de la falange, así como varios alcaldes.
Las bandas de música del Requeté de Navarra y de la Falange de Pamplona fueron las encargadas de poner la nota musical a tan importante evento.
El alcalde de Bilbao, Don José María de Areilza, ofreció a las autoridades un pequeño refrigerio en el edificio consistorial para, seguidamente, partir hacia la entonces plaza España donde se celebró una misa y se pasó revista a las tropas.
La plaza lucía en todo su esplendor con banderas, gallardetes y diferentes muestras de júbilo.

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Aquel acto concluyó con un desfile de las bandas de música, las tropas voluntarias y los soldados por la Gran Vía.
Este, nos guste o no, es el origen del nombre de una calle céntrica en nuestra villa por la que, a diario, transitamos tantos y tantos bilbaínos.

NIÑOS DE LA GUERRA

Llevamos días observando el horror, la tragedia, la tristeza, la barbarie, el miedo…en las caras de todas aquellas personas que huyen de su país en guerra.
Huir de un país en conflicto no es nada nuevo, desgraciadamente. Durante la Guerra Civil Española hubo millares de personas que debieron refugiarse en otros países.
En 1938, el entonces Obispo de Vitoria, Francisco Javier Laucirica, declaró respecto a los niños evacuados antes de la caída de Bilbao, que aquello era “un crimen espantoso”. Vaya que sí lo era.
Aquellos niños fueron puestos a salvo de un sinsentido, de una guerra, de una matanza.
El 20 de marzo de 1937 fue la primera evacuación. Salieron 450 niños del puerto de Bermeo hasta Burdeos donde tomaron otro barco con destino a la isla de Olerón en Francia.

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Se pensó enviar a 5000 niños a Estados Unidos, pero la falta de tiempo lo hizo imposible.
En mayo de ese año los buques “La Habana” y “Goizeko Izarra” llegaron a realizar cinco viajes durante todo el mes.
Desde el puerto de Santurce, El Habana trasladó a Gran Bretaña a 4000 asustados niños y niñas.
Este barco también transportó, en un día triste y lluvioso de junio, a 1500 niños y 72 maestros a la Unión Soviética. Casi todos aquellos pequeños eran hijos de miembros del Partido Comunista o de ideas republicanas.
Aquel embarque se llevó a cabo de noche para evitar posibles ataques de la aviación enemiga. Incluso una pequeña flota de aviones rusos vigiló la operación desde el aire.
Durante el viaje les llegaron noticias de que Bilbao había sido tomada por las tropas franquistas.
Días después atracaron en Leningrado donde les recibieron con honores. Hubo más viajes a esta ciudad, también desde Gijón con niños asturianos.
En total fueron 1500 los niños vascos refugiados en la antigua URSS.
El trato que les dispensaron fue maravilloso, llegaron, incluso, a proporcionarles libros de texto en castellano para que pudieran continuar con su educación académica.
A pesar de tantos cuidados y de haber sido protegidos de una cruenta guerra, es inimaginable el dolor que sintieron aquellos padres que vieron partir a sus retoños hacia un futuro incierto.
Ojalá nada de esto volviera a ocurrir en el mundo, pero eso…eso es un utopía.

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INUNDACIONES DEL 83

Muchos años han pasado desde aquel fatídico 26 de agosto de 1983 en el que se produjo la mayor catástrofe natural que ha sufrido Euskadi en los últimos tiempos, pero no se borra de la memoria de los que lo vivimos.

Aquel día, después de una semana de continuas e intensas lluvias, llegó una “gota fría” en la que se registraron 503 litros de agua por metro cuadrado en 24 horas.

El cauce del Nervión se desbordó desde Llodio (Álava) hasta su desembocadura.

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En Llodio fallecieron cinco personas. Basauri. Galdakao, Etxebarri, Arrigorriaga y, sobre todo, Bilbao donde se celebraba la Semana Grande, la Aste Nagusia, fueron las poblaciones más afectadas.

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En el Casco Viejo bilbaíno el agua alcanzó más de tres metros en algunas zonas. Hubo destrozos de edificios o puentes como el de Bolueta o el de La Ribera. Todo estaba anegado por la riada; comercios, locales, portales… todo, incluso el famoso barco “Consulado de Bilbao” se soltó del amarre y fue dando tumbos por las márgenes de la ría hasta que, finalmente, se hundió dejándonos una imagen terrible para el recuerdo.

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Villas como Bermeo, en la costa, también sufrieron el azote de las intensas lluvias en edificios tan emblemáticos como su casino que llegó a desplomarse.

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El barro acumulado se contaba por toneladas; al día siguiente ya se organizaron 5000 voluntarios que trabajaron codo con codo con bomberos, policía y ejército.

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Ataviados con botas de goma y palas participaron en las labores de limpieza dando, a toda la sociedad, un ejemplo de solidaridad que nunca olvidaremos.

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Esperemos que nunca se repitan aquellos terribles días de agosto de 1983 en los cuales, la peor pérdida, la única que no se podrá recuperar, son los 39 fallecidos por los que nada se pudo hacer.

Vaya, desde aquí, un recuerdo para ellos.

Fotos Internet