MODELISMO NAVAL EN EL MUSEO MARÍTIMO

El Museo Marítimo Ría de Bilbao ha preparado una de sus salas para acoger varias maquetas de barcos construidos de una manera artesanal.

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El modelismo naval, que así se llama este arte, viene de lejos; concretamente del antiguo Egipto. En las tumbas de los grandes faraones se encontraron los primeros modelos de los que se tiene constancia. Ellos creían que el barco les serviría para ayudarles en su viaje al más allá.

Hoy en día son muchos los aficionados a construir pequeños barcos a escala que requiere arduas labores de investigación, grandes dosis de paciencia y mucha destreza manual.

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En esta sala se pueden admirar diferentes tipos de embarcaciones. Llaman la atención los exvotos marineros, que son ofrendas que realizaban los marinos a las iglesias o ermitas en agradecimiento por haberles protegido en naufragios, temporales o ataques de enemigos.

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No faltan los modelos trabajados con huesos, hilos o cabellos humanos por prisoneros durante las guerras napoleónicas.

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Estas pequeñas obras de arte no son solo decorativas, sino que algunas tienen como objetivo servir como modelos para la formación de los futuros marineros de las escuelas naúticas.

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El Museo Marítimo ha concebido esta muestra como una actividad más para las familias y, por ello, al entrar en la sala encontraréis un folleto con diferentes explicaciones y pruebas para realizar con los más pequeños de la casa.

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En esta foto, al lado de un magnífico barco de vela, podéis verme con el director del Museo, el Sr. Jon Ruigómez.

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FOTOS: ANDONI RENTERIA.

 

 

UN FORZUDO BIZKAINO

De sobra es conocida la fama de los vascos y, de los bilbaínos más concretamente, de forzudos, de hombres aguerridos, de chicarrones del norte.
Sin duda, a lo largo de la historia muchos son los personajes que han destacado por esta cualidad pero, uno en especial fue legendario.
Juan Bautista Artaza Iraolaga, más conocido como “Ansonekoa” por haber nacido en el caserío Ansone de Urduliz, quizá sea el gran forzudo bizkaino.
En 1827, a sus quince años, ya poseía una altura colosal con un cuerpo bien formado.
Muchos de sus vecinos le solicitaban ayuda para mover kupelas de mil kilogramos o para desplazar carros cargados con leña.
En 1832, en plena guerra carlista, quisieron obligar a Ansonekoa a alistarse pero, este no se prestaba a ir a ninguna contienda, por lo que un día que se encontró con un famoso reclutador y sus ayudantes, se enzarzó en una trifulca que terminó a tortas; motivo por el cual el joven tuvo que huir dirección Portugalete para enrolarse en la goleta Euskalduna, cuyo capitán era familiar suyo.
El barco puso rumbo al Pacífico y, cuenta la leyenda, que no pasaba un día a bordo sin que demostrara su fuerza con los diferentes aparejos, jarcias y demás objetos pesados.
Terminada la guerra, regresó al caserío, pero para poco tiempo, ya que le había cogido gusto a esto del mar y se embarcó de nuevo en otro bergantín que se dirigía a Liverpool.
Allí, nada más bajar a puerto, fue testigo de una pelea y, sin pensarlo dos veces, se metió en medio con tal mala fortuna que llegó la policía para detenerle, acto que le valió la deportación.

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De nuevo se enroló en el Euskalduna y, esta vez, arribó en Londres donde participó en algún combate en el que se admitían apuestas. Siempre ganaba dejando a su contrincante tirado en el suelo.
Él era muy consciente de su fuerza por lo que, a veces, le gustaba apostar como aquella vez que retó a doce hombres en sokatira y, dicen, que a consecuencia del esfuerzo falleció en su caserío.
Sin duda fue un tipo forzudo, tanto de complexión como de carácter.

LA NOBLEZA LLEGA AL MUSEO VASCO

Una nueva exposición se ha inaugurado en el Euskal Museoa-Museo Vasco de Bilbao.

Se trata de una colección de fotografías realizadas por Ignacio de Murua, Conde del Valle, titulada «EL CONDE DEL VALLE, MODERNIDAD Y TRADICIÓN. EL FIN DE UNA ÉPOCA».

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Este noble aficionado a la fotografía vino al mundo en 1863 en la población gipuzkoana de Bergara en el seno de una familia acomodada.

De espíritu conservador en cuanto a religión y política; era, sin embargo, muy adelantado a su tiempo y le fascinaba todo aquello que se podía calificar de moderno, como las diferentes técnicas de fotografía que utilizó para retratar la vida de finales del siglo XIX y principios del XX.

En esta muestra se pueden admirar aquellas imágenes expuestas en varios paneles en las que se destaca la vida familiar, la vida política o religiosa, además de las diferentes excursiones a las que acudía con regularidad.

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Ignacio de Murua era un fotógrafo muy detallista, como así lo demuestran todas las explicaciones que escribía en el reverso de cada foto. Gracias a eso el trabajo de los  historiadores que han comisariado esta exposición ha sido más fácil, ya que les ha aportado muchos datos que, de otra manera, hubiera sido imposible averiguar.

En una vitrina se pueden admirar diferentes objetos de este gipuzkoano ilustre.

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La directora del museo, Sorkunde Aiarza, nos ha dado la bienvenida a todos los que hemos asistido a la inauguración y ha explicado brevemente lo que minutos después veríamos.

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También Nekane Alonso, concejala de cultura, ha agradecido a los que han hecho posible que estas fotografías viajaran hasta el Museo Vasco.

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Para terminar el acto, antes de la visita a la sala donde nos esperaban las fotografías, Arantzazu Oregui, responsable del archivo municipal de Bergara ha comentado que se sentía muy feliz y satisfecha de que un museo como este se interesara por la obra de uno de sus vecinos más importantes.

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Antes de marchar, unas fotos para el recuerdo con Sorkunde Aiarza y Jose Mari Amantess.

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Os aconsejo una visita a la exposición que permanecerá hasta el 26 de marzo en el museo.

 

FOTOS: ANDONI RENTERIA.