LA CASA AMERICANA

En los años cincuenta del siglo pasado Bilbao contaba con varias zonas de chabolas o viviendas distribuidas en las laderas de los montes que nos rodean que carecían de salubres condiciones de habitabilidad. Sus moradores se hacinaban en enclenques edificaciones que, en su mayoría, se construían de noche para burlar los problemas legales que aquello suponía.
Pero, llegó un momento en el que las autoridades y el sentido común decidieron cambiar esa situación y comenzaron a proyectar urbanizaciones que garantizaran unos mínimos requisitos higiénicos. Aunque aquello sucedió en varios puntos de Bilbao, en esta PILDORITA os hablaré del barrio de San Ignacio y, más concretamente, de su grupo de viviendas conocido como Casa Americana.
En el año 1963 se convocó un concurso por parte del Ayuntamiento de Bilbao para la edificación de más de doscientas viviendas en el barrio de San Ignacio. No era mucho el presupuesto con el que contaban, pero Rufino Basáñez supo ingeniárselas para ser el elegido junto con dos compañeros de profesión y realizar el encargo con materiales de calidad; siendo un ejemplo de construcción y urbanismo radical en España. Su inspiración fue un edificio marsellés firmado por el arquitecto suizo Le Corbusier, aunque con algunas diferencias de tamaño y altura. El grupo Pedro Astigarraga, que así se llama, se inauguró cinco años más tarde.

Una de las más vistosas características y que le da el sobrenombre de Casa Americana es la distribución de las viviendas en unos largos pasillos exteriores, así como sus escaleras. Ahora nos parece normal pero, en su momento, hubo arquitectos que aseguraban que aquel proyecto transgredía las ordenanzas; además de profesionales de la medicina que vaticinaban serios problemas mentales en los futuros residentes.
No cabe duda de que, hace más de cincuenta años, resultó ser una idea innovadora frente a la monotonía de las habituales construcciones de viviendas sociales; tanto es así que, en octubre de 2013, recibió el reconocimiento como Patrimonio Arquitectónico del Movimiento Moderno otorgado por la Fundación Docomomo.

 

FOTO: ANDONI RENTERIA

ESTACIÓN DE LA CONCORDIA

El origen del nombre de la estación de la Concordia hay que buscarlo en los terrenos donde se encuentra ubicada.

En el siglo XIX muchas familias adineradas de Bilbao habían invertido su dinero en la compañía del Ferrocarril Tudela-Bilbao. Dicha compañía se declaró en suspensión de pagos, lo que causó importantes tensiones entre los inversores. Hubo mucha tirantez entre la empresa y los afectados y, tras varias negociaciones y reuniones, se llegó a un acuerdo que se firmó en estos terrenos donde hoy en día se sitúa la estación. Aquella firma se denominó “firma de la concordia”.
En el año 1893, el ingeniero Valentín Gorbeña fue quien realizó el proyecto ferroviario; mientras que, el arquitecto Severino Achúcarro artífice del Plan del Ensanche, fue el encargado de diseñar un edificio de estilo modernista y elegante que diera prestigio a la compañía, dotándole de ese aspecto singular de la fachada con su reconocible rosetón; así como la magnífica galería porticada que hace las veces de andén y sala de espera, desde la que se contempla una bonita estampa bilbaína con la ría, el Teatro Arriaga y el Arenal. En el hall de entrada, en el que destacan sus columnas de hierro forjado, se organizan diferentes actos culturales y exposiciones temporales.

En el andén de salidas se colocó el 8 de enero de 1902 el busto del empresario Víctor Chávarri en reconocimiento por haber sido el principal promotor de la línea Santander-Bilbao.
A lo largo de la vida de esta estación terminal han sido numerosas las reformas que han ido poco a poco modificando el aspecto original para ofrecer un mejor servicio y una mayor accesibilidad a todos los usuarios que, a diario, viajan hacia Santander o a los pueblos de las Encartaciones con la compañía Renfe Feve.

FOTO: ANDONI RENTERIA

BUENAS NOTICIAS EN 2020

A pesar de que son muchas las noticias malas y tristes que nos ha dejado este año 2020. A pesar de que un virus nos ha cambiado muchos planes, nos ha mantenido en casa, nos ha impedido abrazar y besar. A pesar de todo eso, este año que termina nos ha dado, también, buenas noticias.

Ayer, en su cuarta edición, la Asociación de Periodistas de Radio y Televisión de Euskadi, en colaboración con Laboral Kutxa y el Museo de Bellas Artes reunió en el auditorio de la propia pinacoteca, a un grupo de personas manteniendo todas las medidas de seguridad sanitaria, para hacer entrega de los premios BERRI ONAK SARIAK 2020.

El periodista Agustín Herranz, como presidente de la asociación, subió al estrado para ejercer de maestro de ceremonias. El también periodista, Patxi Herranz le acompañó en esta tarea. Los dos forman un dúo de profesionales de la información. Aunque, teniendo en cuenta el buen humor que les caracteriza, bien podrían formar un dúo cómico.

Agustín bromeó con el trofeo que, a cierta distancia, parece una pequeña bomba. Pero, no. Se trata de una bola de Navidad única, ya que la realizan unos artesanos de Portugalete exclusivamente para estos premios.

Sin más dilación y tras agradecer a las instituciones colaboradoras, al público y a la prensa allí congregados, comenzaron a subir los premiados de uno en uno para recibir el ansiado trofeo.

El primero en hacerlo fue Luis Crovetto, vicepresidente del Banco de Alimentos de Bizkaia quien, orgullosamente, comentó que este año había sido muy bueno en cuanto a donativos y que somos la Comunidad Autónoma que más generosamente aportamos a este fin. El galardón se lo entregó Isidro Elezgarai, Presidente de UNICEF Euskadi.

El siguiente en subir fue Fredy Irujo, responsable de relaciones con las administraciones sanitarias de la empresa Pfizer, que recibió el premio al tesón e investigación de este laboratorio mundialmente conocido por desarrollar la vacuna contra la COVID-19, de manos del doctor Ignacio Ansotegui, Jefe del servicio de inmunología del hospital Quirón Salud Bizkaia.

Como destacó Fredy Irujo, no solo ellos merecen este galardón sino todos los laboratorios que realizan un gran esfuerzo para conseguir el antídoto para detener este virus.

El polifacético y carismático actor Lander Otaola, subió con brio a la tarima a recibir de manos de Miguel Zugaza, director del Museo de Bellas Artes de Bilbao, la bola de Navidad muy merecida por su trabajo como artista.

Entre el público se encontraba su esposa, la también actriz, Ylenia Baglietto quien grababa con su móvil el momento.

Javier Novo, coordinador de Conservación e Investigación del Museo de Bellas Artes de Bilbao recogió el premio por su labor como comisario de la exposición OBRAS MAESTRAS DE LA COLECCIÓN VALDÉS en el propio museo, que reúne setenta y nueve obras de autores como Zurbaran, Murillo, Sorolla y El Greco entre otros.

Andoni Goikoetxea, querido y admirado exjugador del Athletic Club, también estaba en la lista de los premiados por su dedicación e implicación con el deporte. Lanzó un deseo de volver a ver surcar la gabarra por la ría como ya sucedió en los años ochenta del siglo pasado.

El premio se lo entregó Koldo Bilbao, vicepresidente del Loiola Indautxu Fútbol Club.

Tras el laureado deportista, una mujer. En este caso fue María José García, Presidenta del Colegio de Enfermería de Bizkaia quien recogió el trofeo en nombre de todo el colectivo y aseguró sentirse orgullosa y feliz por ese reconocimiento que les sirve para seguir trabajando arduamente. También aconsejó que sigamos con las precauciones a pesar de las próximas vacunaciones.

Gonzalo Olabarria, concejal de Cultura del Ayuntamiento de Bilbao, le entregó el premio.

Al finalizar todos subieron de nuevo para que los medios gráficos tomaran fotografías para el recuerdo.

Antes de abandonar el museo, hubo unos minutos para compartir imágenes con los amigos premiados.

¡Felicidades a los premiados!

Muchas gracias a los hermanos Herranz por invitarme al evento.

Y muchas gracias a Andoni Renteria por sus magníficas fotografías.