PARQUE NATURAL DEL GORBEA

El Parque Natural del Gorbea es un lugar de referencia para todos los vascos amantes o no de la montaña. Un espacio natural entre Vizcaya y Álava cuya cumbre se encuentra a 1482 metros de altitud y a la que se puede acceder desde todas sus vertientes.
En lo más alto se encuentra el símbolo conocido por todos: La Cruz del Gorbea.


En el año 1899, el papa León XIII exhortó a los católicos a instalar cruces en todas las cimas de los montes de las zonas cristianas para recibir al nuevo siglo. Los vecinos de la zona no lo dudaron y para ello organizaron una comisión encabezada por el párroco de Zeanuri con el objetivo de recaudar fondos para la construcción de dicha cruz.
El día de la inauguración, los pastores de la zona vaticinaron que no aguantaría mucho tiempo en pie por su altura de 33 metros. Un mes más tarde se cayó.
Casi dos años después, en 1903, se colocó la nueva cruz bendecida con agua del río Jordán pero, desafortunadamente, solo duró tres años, ya que en 1906 fue derribada por un vendaval.
La tercera cruz se proyectó en 1907 con una altura de 17 metros, algo menos que las anteriores, y se realizó en hierro con una estructura semejante a la Torre Eiffel de Paris.
De momento, esta parece que se mantiene después de más de un siglo.
Los paisajes de este parque natural son muy diversos: suaves campos, zonas kársticas, magníficos hayedos o zonas rocosas muy escarpadas.


Es muy grande el sentimiento de los vascos por este paraíso natural y, por ello, se organizan muchas actividades como senderismo, rutas en bicicleta o rutas a caballo.
Históricamente es uno de los cinco montes bocineros de Vizcaya desde donde se realizaba la llamada, por medio de hogueras y con el sonido de los cuernos, a Juntas Generales.
Existen dos Centros de Interpretación: uno en la parte alavesa y otro en la parte vizcaína.
También podemos encontrar varias zonas de esparcimiento y de recreo donde poder descansar o comer un bocadillo.
Hace unos días decidí subir a una de las zonas más bonitas de este parque natural: las campas de Arraba.
Mi intención no era llegar a la Cruz, sino pasar unas horas en plena naturaleza sin realizar el gran esfuerzo que supone llegar hasta la cima.
El coche lo estacioné en el aparcamiento de Pagomakurre y comencé mi camino de ascenso con muchas ganas. Hacía frio aunque el día estaba soleado.


El sendero es ancho y el piso se encuentra en bastante buen estado teniendo en cuenta que estamos en el monte. Además, la pendiente no es muy costosa y se puede realizar con niños sin problemas.
Con cada paso iba admirando la belleza del paisaje y me preguntaba por qué había tardado tantos años en subir.


Algo más de media hora más tarde me encontraba en el comienzo de las Campas de Arraba. Allí me detuve a observar lo que nos ofrece la madre Naturaleza; eso que solo puedes apreciar si escalas una montaña y miras al horizonte.
La vista es tan impresionante que, durante unos minutos, no pude articular palabra. Solo admirar la belleza, respirar el aire fresco y sentir mucha emoción.

Allí, en aquella magnífica extensión, los caballos pastan sin preocuparse porque unos humanos llegan a compartir su espacio con sus mochilas y sus bastones de monte.
Para los que quieren reposar tomando un tentempié, pueden hacerlo en el refugio.


Yo continué el camino hacia Eguiriñao por un sendero un poco más complicado que el anterior con grandes piedras y bastante barro.


Minutos después apareció ante mí un fabuloso y frondoso hayedo que ocultaba, entre sus árboles, otro refugio cerrado en aquel momento.

 


A pocos metros algo llamó mi atención, se trataba de una pequeña ermita donde se aloja la virgen Nuestra Señora de las Nieves.


Como ya os he contado al principio del post, mi intención aquella mañana no era alcanzar la cumbre, ya que no me sentía preparada físicamente; así que, di la vuelta y volví a las campas de Arraba donde me comí el bokata con el mundo a mis pies. O, al menos, así me sentí yo ante tanta belleza.
Y, para los que no os atreváis a subir a la Cruz, esta excursión os aseguro que no tiene nada de dificultad.
FOTOS: ANDONI RENTERIA.

LA ACEÑA, GALDAMES.

En el pueblo de Galdames, concretamente en el barrio de La Aceña, existe un parque llamado Atxuriaga donde hace muchos años las minas Tardía y Berango daban trabajo a cientos de hombres y mujeres.
Se trata de un área recreativa provista de mesas y bancos donde relajarse. Así como barbacoas para preparar una sabrosa comida campestre.

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Una mañana de primavera decidí darme una vuelta por allí. En el aparcamiento estacioné el coche y comencé mi exploración observando el monte de donde, muchos años atrás, los mineros extraían el mineral de hierro y que, actualmente, son los pinos los que han ocupado el lugar de las betas.

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La paz y la limpieza son las dos características que más llamaron mi atención.
El nombre del parque se debe a la torre medieval Atxuriaga que existió hasta principios del siglo XX y que desapareció cuando comenzó la actividad minera.
Todavía quedan vestigios de aquella época como el camino que, antaño, fue un trazado del ferrocarril minero.

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La vegetación es frondosa y la variedad de árboles va desde arces, fresnos y hasta algún olivo solitario.

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No falta de nada, incluso un precioso caballo es parte del paisaje.

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Una gran balsa ocupa el lugar de una de las minas. Alrededor de este embalse han construido varios miradores que sirven tanto para pescar como para imaginar desde allí la actividad frenética que hubo bajo esa agua.

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Cerca de allí varias viviendas y algún restaurante completan este barrio tranquilo de Galdames.
Después de hora y media de paseo decido regresar a Bilbao feliz de haber conocido otro rincón de nuestra maravillosa geografía.
FOTOS: ANDONI RENTERIA

IURRETA, EN EL DURANGUESADO

A treinta kilómetros de Bilbao, un pequeño municipio de unos 3800 habitantes, se extiende en sus casi 19 kilómetros cuadrados.
Situado en la comarca del Duranguesado, en el valle del río Ibaizabal. Aquí se fundó la villa de Durango a la que estuvo anexionada desde 1926 hasta 1990.
Hoy os llevo a Iurreta.
Desde Bilbao se puede ir por carretera nacional o por autopista pagando algo más de tres euros. Decido esta última opción ya que el tiempo es importante para mí.
Aparco sin problemas y me dirijo a la plaza San Miguel donde se encuentra la Iglesia del mismo nombre.

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Es una plaza amplia y a esas horas tranquila. Frente a la iglesia el palacio Goikola que, desde finales de 1992, alberga las oficinas del ayuntamiento.

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Cuando esta población era anteiglesia las reuniones entre vecinos y la corporación municipal, se realizaban delante de la iglesia, en lo que fue el cementerio y donde todavía se puede ver en el suelo alguna lápida.
En este lugar también se decretó la desanexión de la villa de Durango.

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La industria fabril siempre ha tenido mucha importancia en Iurreta. En el siglo XIX seis fueron las ferrerías en funcionamiento.
Desde mediados del siglo pasado y debido a su orografía y situación geográfica son muchas las empresas que se instalaron aquí de celulosas o de fundición.
Otro edificio a destacar es el frontón. Un frontón grande y cubierto que, en ese momento, se hallaba vacío pero que es escenario de importantes torneos.

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Se rehabilitó hace unos meses para mejorar tanto el exterior como los vestuarios.
Delante del frontón observo un carrejo donde se disputan el arrastre de piedras los bueyes más fuertes de nuestra geografía.

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A pocos minutos de aquí me topo con el hórreo de Ertzilla que data del siglo XVI. Está realizado con madera de roble y elevado sobre pilares de piedra. En 1987 fue rehabilitado como patrimonio del Duranguesado.

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Para todos aquellos que siempre habéis oído hablar de Iurreta pero que nunca habéis sentido curiosidad para conocerlo, os aseguro que merece la pena.
FOTOS: ANDONI RENTERIA.