Acerca de Esme

Soy de Bilbao, vivo en Bilbao y nací enamorada de Bilbao.

ZORIONAK METRO BILBAO!!

El 11 de Noviembre del año 1995 un personaje nuevo vio la luz en nuestra ciudad. No, no era una persona, eran miles de personas, cientos de miles de personas que pasados estos veinte años han escrito la historia de nuestro metro.
Parecía una bilbainada y muchos lo pensaban; otros, los encargados de que el proyecto saliera adelante, no lo veían así, sino como una posibilidad de poner Bilbao en boca de todos, de revolucionar el transporte de la villa y por extensión la vida de los bilbaínos.
Aquellos que lo consideraban algo innecesario han reconocido finalmente que ya no podemos vivir sin este servicio que une tantas poblaciones y a tantas personas en pocos minutos.

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Muchas pegas se le pusieron, muchos vecinos del centro de Bilbao temían por el derrumbe de sus casas durante las obras, los taxistas o conductores de autobuses temían por sus puestos de trabajo y, sin embargo, los habitantes de poblaciones en el extrarradio se ilusionaron con este nuevo transporte que estaba dando tanto que hablar.
Son muchas las anécdotas acaecidas en dos décadas, como por ejemplo el acto vandálico de un sujeto que cortaba trozos de la tapicería de los asientos y las mandaba en un sobre a las oficinas del suburbano. Nunca lo llegaron a detener. Ni las cámaras de seguridad, revisadas cientos de veces, consiguieron desenmascarar a aquel malintencionado individuo.

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Son curiosos algunos datos que conocemos hoy:
Se han realizado 1.352 millones de viajes, lo que equivale a 75 millones de kilómetros recorridos.
En la factura de la luz se han gastado 8,2 millones de euros.
Las 41 estaciones son completamente accesibles para todos los usuarios, no existen barreras arquitectónicas. Y, en diez de ellas, se ofrece WIFi gratuito desde hace un año.
Otra curiosidad es que desde 2006 se pueden tomar fotografías en sus instalaciones, solo deben pedir permiso a Metro Bilbao en el caso de que las imágenes o videos se usen para fines comerciales.
El diseño tan vanguardista ha servido en multitud de ocasiones como escenario para rodajes de películas, videoclips o anuncios publicitarios.
No todo ha sido maravilloso en estos veinte años, también debemos recordar aquellos meses entre 2011 y 2012 en el que se sucedieron las huelgas apoyadas por casi toda la plantilla y que tanto enfadaron a los usuarios que se habían acostumbrado a un servicio tranquilo y rápido.
Pero, pese a todo, el Metro de Bilbao es un medio de transporte que nos identifica frente a otras capitales de provincia y sin el cual la vida se nos haría mucho más difícil.
ZORIONAK METRO BILBAO!

FOTOS: ANDONI RENTERÍA.

PEÑAS NEGRAS, PARAJE ENCANTADO

Hoy me alejo de Bilbao unos 22 kilómetros, me dirijo por la A8 dirección Cantabria y en el desvío de Zierbena-Gallarta me salgo para subir hacia el polígono industrial El Campillo. Sigo la carretera hasta la Arboleda. Una vez en el pueblo, por un camino hacia la derecha, me dirijo al Centro de Interpretación Ambiental Peñas Negras.
Este edificio se encuentra en plena naturaleza. Dispone de un amplio aparcamiento donde estaciono el vehículo. La entrada es gratuita y abren todos los días en horario de mañana y tarde. Por una puerta accedo a una sala que alberga una exposición de fotos y de paneles explicativos donde se cuenta la historia de este zona minera, de cómo extraían el mineral, de cómo se forma, o de cómo se transportaba.
En una vitrina, el tranvia aéreo de vagonetas, se pone en marcha para mostrar a los visitantes el funcionamiento y, explicar así, cómo bajaban a Gallarta el hierro conseguido de las rocas de estos montes.

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Desciendo por unas escaleras y me encuentro con una estancia grande de cuyas paredes cuelgan fotos con escenas cotidianas de aquellos años de tanto trabajo.

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Enseguida comienza un documental que, durante quince minutos, me habla del mineral, de la manera de arrebatárselo a estos montes mineros, de su lavado, su cocción y su transporte en vagonetas; de aquellos hombres y mujeres que buscaban una vida mejor aunque seguramente, no era lo que hubieran imaginado cuando salieron de sus hogares en pos de una vida mejor.
Al terminar me apetece tomar un refrigerio y decido visitar la cafetería en el mismo edificio. Me llaman la atención unos tarros de miel natural de diversas flores que se exponen en unas baldas para su venta.
En el exterior puedo observar un lavadero de mineral, unas vagonetas y un tranvía aéreo que dan una idea del trabajo y de la vida tan dura de tantos y tantos mineros.

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Por un camino me pongo en marcha hacia las peñas negras. Me han asegurado que las formas divertidas y curiosas de las rocas me sorprenderán. El color de la hierba es un verde fuerte, intenso, gracias a nuestro lluvioso clima.

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Me cruzo con dos seteros de mediana edad ataviados con botas de agua y grandes cestas de mimbre que, en ese momento, acarreaban con ligereza, posiblemente porque se hallaran vacías.

No entiendo de setas pero observo que hay muchas e intento no pisarlas, quizá alguien las coja.

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El paisaje no decepciona, es magnífico, mejor incluso de lo que me habían explicado. A pesar de subir y bajar varias laderas no cansa, es un paseo cómodo.

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Todo lo que estoy pisando fueron en su día galerías a cielo abierto, un auténtico paisaje lunar, dinamitado para extraer el tan preciado mineral.
Pero no siempre fue así, este paraje presumía de castaños, robles y muchas especies autóctonas, además de caseríos que, para nada, imaginaban que todo se convertiría en una gran mina.

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Me consta que existen rutas por este paraje, pero yo he decidido andar sin seguir un orden, simplemente dejándome llevar por la naturaleza, el aire, los sonidos…como el de unos cencerros que me hacen girar para descubrir a unas cabras negras mirándome, posiblemente pensando quién sería aquel ser extraño que parecía venir de la ciudad.
Algunas de las rocas me recuerdan a animales; un dinosaurio parece salir a mi paso, tortugas, rinocerontes… también una cara con una gran nariz, la boca abierta y asomando una lengua. Todo eso es lo que veo o, quizá, lo que ve mi imaginación.

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Transcurren los minutos y me paro a pensar que si en Cuenca tienen la Ciudad Encantada nosotros podemos presumir también de un lugar encantado y mágico en nuestros montes mineros cargados de historia.

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Alcanzo una cumbre y, subida a una piedra, me maravillan las vistas. No hay dinero que pague esta sensación de paz y bienestar.

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Os recomiendo una visita a la zona, os “encantará”.
FOTOS: ANDONI RENTERIA

RECOGIDA DE BASURAS

La ría, nuestra arteria principal, ha sido testigo de muchas historias a lo largo de los siglos y, también, ha sido escenario, sin ella quererlo, de muchas atrocidades como el hecho de que se arrojaran en ella las basuras de los hogares bilbaínos desde tiempos inmemoriales.
Cuando bajaba la marea se podían ver todos aquellos desperdicios y, lo que era peor, se podían oler.
Ya en 1415 las ordenanzas municipales prohibían esta insalubre práctica sancionando a los que incumplieran la ley con diferentes penas. Según aquellas ordenanzas los vecinos debían depositar sus basuras en unas embarcaciones destinadas a ello, que luego las transportarían hasta la zona de Erandio.
El punto de amarre del batel iba cambiando. Unas veces era el Hospital de Atxuri, donde en el año 1761 se construyó un contenedor de recogida de deshechos, otras veces en Carnicería Vieja o en el muelle de Urazurrutia.
La zona de “desembarco” era un problema, ya que los habitantes más cercanos a la ría no estaban de acuerdo en que se depositaran allí. Finalmente, se decidió arrojar todas aquellas basuras en unos solares alejados de la ciudad donde pudieran secarse al sol para así ser vendidos como abono.
Los encargados de este servicio ya eran unos ecologistas sin ellos saberlo puesto que separaban los trapos, el vidrio y los metales de la basura orgánica.
No faltaron los espabilados que vieron en las inmundicias ajenas una fuente de negocio. Iban por los domicilios recogiendo aquellos cubos para echarlos en las embarcaciones pero antes los revisaban por si hubiera algún objeto de valor para quedárselo.
El Ayuntamiento puso al servicio de los ciudadanos un carro tirado por bueyes y conocido como “El carro de la sarama”. Circulaba por las calles mientras su conductor hacía sonar un cornetín como señal para que las amas de casa bajaran con sus cubos a vaciarlos en este curioso transporte.
Este sistema tuvo sus detractores por el hedor que desprendía un carro descubierto. Poco a poco se fueron ideando sistemas como los camiones de motor de gasolina forrados de zinc, cubiertos y con volquete.
¡Cómo han cambiado los tiempos! ¿Os imagináis ahora bajando a la calle con las bolsas de basura a ritmo de cornetín?

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Foto cogida en Internet y utilizada en el Blog de César Estornes