ORIGEN DEL PARQUE, EL DE LOS PATOS

En el año 1873 tres personalidades de Bilbao: el arquitecto Achúcarro y los ingenieros Alzola y Hoffmeyer, presentaron un proyecto al Ayuntamiento para construir un parque en la villa.
Establecieron que el mejor lugar sería la ladera que descendía desde la prolongación de la Gran Vía hacia la ría, ya que reunía todos los requisitos para convertirse en un elegante y lúdico jardín.
Se acordó construir un lago artificial en la parte baja del terreno al lado de la ría y que se llenara de agua en la pleamar, con unas compuertas para que no dejaran desaguarlo en bajamar.
En la parte de arriba se instalarían kioskos para música, cafés, columpios y demás entretenimientos para diversión de paseantes.
Se pensó en dotar al parque de cascadas, bosques, jardín botánico, retretes y un paseo para que los carruajes elegantes trasportaran a sus elegantes clientes.
Sin embargo, pese a tener bastante clara la idea, corría el año 1904 y todavía las obras para tan grandilocuente proyecto no habían siquiera empezado.
Tres años después, por fin, se tuvo la certeza de que el parque sería una realidad, pero más pequeña de lo proyectado anteriormente, ya que los benefactores de la villa que iban a donar terrenos, los habían empleado para construcción de viviendas, en vista de que el consistorio no se decidía.

parque patos foto blog

Finalmente, el arquitecto Ricardo Bastida y el ingeniero agrónomo Eguiraun, se pusieron manos a la obra con este maravilloso parque de estilo inglés, que no tuvo cascadas ni muchas otras cosas, pero no por eso carece de importancia para todos los bilbaínos, quienes lo conocemos por el parque “De los patos” o, simplemente, “El parque”, aunque todos sepamos que lleva como nombre el de una de las mayores benefactoras de la ciudad: Doña Casilda Iturrizar.

PASEANDO LA CAMISETA

Todos sabéis que el próximo día 30 será una fecha para recordar. Los leones se disputan la Copa en Barcelona contra el Barça. En cualquier rincón de Bizkaia y extrarradios se pueden ver banderas rojiblancas, los escaparates decorados, los edificios lucen, henchidos de orgullo, los colores de nuestro equipo, las pastelerías crean nuevos dulces en honor del Athletic…Todo, absolutamente todo, se está preparando para la gran final y, claro, yo no iba a ser menos. Durante dos días he paseado por Bilbao con la camiseta puesta, sacándome fotos delante de algunos edificios importantes de la villa o en lugares emblemáticos. También he visitado a dos amigos y grandes athleticzales. ¿Os apetece acompañarme? El primer sitio al que me dirigí fue la Alhóndiga Azkuna Zentroa. P1110971 P1110949 Era el momento de visitar a mi amigo Martin, el peluquero txirene de Iparraguirre 54, al que realicé una entrevista para este blog que os invito a leer en la sección Esme con… En cuanto me vio aparecer con la camiseta me mostró la mejor de sus sonrisas y con cara de pillo me dijo: «Tengo mi entrada aquí» Orgulloso y feliz se le ve en la foto con su «papelito» que le autoriza a acceder al Camp Nou para ver ganar a los leones. «Para perder una final hay que jugarla y nosotros llevamos varias finales» me asegura Martin y  tiene razón. Ese es el espíritu. Otros no van a la final, pero el Athletic, si. Me despido de él con dos sonoros besos y un fuerte abrazo deseándole que disfrute mucho en Barcelona y que se traiga la copa.

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Continuo mi camino hacia el edificio de la Diputación en Gran Vía. Mucha gente me mira y me sonríe, algunos incluso me dicen: AUPA ATHLETIC!!! a lo que contesto: AUPA!!! P1120014 En la plaza Circular, siendo Don Diego López de Haro testigo, me tomo una foto con la fachada principal del edificio de Turismo. P1120016 Vamos hacia el Arenal. Alli tengo de frente el edificio de Laboral Kutxa con dos grandes banderas y, en el otro lado, nuestro querido teatro Arriaga. P1120040 P1120052 Las calles del Casco Viejo muy animadas, están preparadas para la victoria, las banderas cruzan de lado a lado. Estoy en Belosticalle porque quiero saludar a mi amiga Lourdes, de la Paragüería Leoz, quien tiene uno de los escaparates más lucidos de Bilbao. P1120063 P1120087 Lourdes recuerda con nostalgia aquel día que vimos subir la gabarra por la ría y me deja un deseo: «Ojalá todos los que no pudieron verla porque no habían nacido, lo hagan ahora» Pues eso, ¡¡Ojalá!! Me despido de ella porque es la hora de comer y ella cierra su negocio hasta la tarde. No había terminado mi reportaje pero lo continuaría al día siguiente. Las once de la mañana y el Museo Guggenheim rebosaba visitantes, sobre todo, extranjeros. Salgo a la terraza y allí con la araña vigilándome me tomo la primera fotografía con mi camiseta rojiblanca. P1120238 Los tulipanes y el gran árbol y el ojo, también querían salir en la imagen apoyando a los leones. P1120274 Vamos dentro, nos camuflaremos bien, nadie se fijará en mi, jajaja P1120305 Próxima parada: el parque de doña Casilda, el de los patos de toda la vida. Pero, antes, Puppy también quiere salir en la foto. P1120324 Al llegar al parque voy directamente al estanque; los patos debían estar descansando porque no he visto ninguno, sin embargo el géiser, aunque sepamos todos que es artificial, es un icono de este bucólico lugar. P1120341 El siguiente lugar que elegí para la foto también tiene agua y una mujer con nombre difícil mirando al cielo, como si suplicara la victoria de nuestro equipo. La fuente de Melpómene vestida en Uribitarte. Por supuesto, me subí. P1120381 Para terminar este recorrido no podía faltar la casa de todos, la casa consistorial, que también está engalanada para la ocasión. P1120394 Ojalá podamos ver a nuestros leones en ese balcón levantando la copa, una vez que hayan descendido de la gabarra. Jamás perderemos la esperanza.

AUPA ATHLETIC!!!  BETI, BETI ZUREKIN!!!

Fotos: Andoni Renteria.

FERRERÍA EL POBAL, UN VISTAZO AL PASADO.

El 17 de junio de 2004 se inauguró este museo; aunque no se trata de un museo cualquiera, sino de un conjunto de construcciones, salas y jardines en los que, además de disfrutar, se aprende y se vive una experiencia única sobre una profesión en desuso hoy en día y ejercida solo como artesanía.
El lugar al que me refiero es la FERRERÍA EL POBAL.

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Para llegar hasta aquí desde Bilbao se debe ir primero a Muskiz y, de allí, os dirigís hacia Sopuerta, donde empezaréis a ver por la carretera carteles indicando el camino a seguir.
Eran las doce y media de un sábado cuando aparco el coche en el estacionamiento habilitado para los visitantes del museo.
La ferrería desde aquí no se ve, hay que atravesar un pequeño puente rodeado de naturaleza en estado puro junto al río Barbadún. Antes de acercarme a las instalaciones del museo decido ver la presa construida para suministrar de agua y, mediante un canal, alimentar a la Ferrería.

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El campo está precioso con ese verdor y tantas flores. Me detengo atraída por unas amarillas y una solitaria cala.

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En la presa no puedo hacer mucho el tonto ya que puedo terminar en el agua y a ver quién me rescata. Pero, en la orilla del río disfruto tirando alguna piedra para conseguir hacer ondas, sin mucho éxito.

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A muy pocos metros me adentro en un increíble bosque de bambú, no recuerdo nunca haber estado en uno igual. Los troncos son muy flexibles y si los mueves un poco se balancean produciendo un curioso sonido.

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Me dirijo hacia la ferrería donde lo primero que veo es la casa palacio de los Salazar del siglo XVI edificada como vivienda para los ferrones y que, actualmente, se utiliza como recepción y salas de exposiciones, además de contar con una pequeña tienda donde adquirir algún objeto como recuerdo de la visita.

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En el exterior existe una pequeña catarata que da movimiento al molino para el fuelle.
A la hora fijada, uno de los guías, nos indica que le sigamos mientras nos va dando detalles de este lugar donde se trabajaba el hierro.

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Pasamos por una sala que es el depósito de carbón, donde vemos unas pilas enormes de este mineral y llegamos al fuelle. Nuestro guía nos explica que, para su funcionamiento, el agua debe pasar por el molino y, de esta manera, el aire alimentará el fuego que se encuentra al otro lado de una pared, en otra estancia donde el calor era soportable para permanecer un ratito, eso me hace imaginar lo duro que sería trabajar allí varias horas seguidas.

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El encargado de mostrarnos cómo funcionaba se llama Luis Mari y él pone en marcha el martillo pilón, advirtiéndonos del ruido para que no nos asustemos, que golpea sobre un yunque.
Mientras continúan los golpes observo un pequeño rincón con unas alacenas que sirvió como oficina donde se realizaban las cuentas administrativas.

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Finalizada esta demostración, continuamos la visita en la sala de metalurgia. Allí, el mismo Luis Mari, nos enseña diferentes barras de hierro y sus variaciones de color cuando se calienta.
La temperatura para trabajar y moldear estas barras oscila entre los 1200 y 1400 grados.
Desde una posición segura observo y atiendo a todas sus explicaciones que recibimos delante de la fragua.

Son muchas las herramientas de las que disponían para trabajar el hierro y las exponen para recrear lo que fue aquella durísima profesión.

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Pasados unos minutos y, después de habernos mostrado este ancestral arte, el guía nos invita a salir y visitar el molino fluvial construido a principios del siglo XVII que funcionó hasta los años cuarenta de la pasada centuria.

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A él acudían los labradores de la zona donde, por un precio ya estipulado, se les permitía moler tanto el maíz o pienso como el trigo ya que, como se puede ver, disponía de dos muelas.
No me resisto a coger una criba y probar a colar la harina de trigo.

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En el exterior, unas ruedas de molino apoyadas contra el muro del edificio, me sirven para subirme y pedirle a Andoni una foto.

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A pocos metros un horno donde cocían el pan que, seguro, estaría delicioso.

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Antes de marchar me detengo un minuto a firmar en el libro de visitas y manifestar, así, mi agrado por el Museo al que, indudablemente, volveré.

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La visita es altamente recomendable para conocer y aprender una parte muy importante de nuestra historia, de nuestro pasado industrial.
Os aconsejo una excursión por la zona, os sorprenderéis.
Fotos: Andoni Rentería.