PILDORITAS BILBAINAS EN EUSKAL ETXEA DE MADRID

El pasado viernes 23 de enero, pasé dos horas magníficas en la sede de Euskal Etxea de Madrid, situada en la calle Jovellanos frente al Teatro de la Zarzuela.

Al llegar, Paco, Julio, Alicia y Aitor nos trataron de maravilla preocupándose en todo momento de atender cualquier necesidad que tuviéramos en el salón de actos para poder presentar mi último libro NUEVAS PILDORITAS DE LA HISTORIA DE BILBAO.

Poco a poco comenzaron a llegar amigos de Bilbao residentes en Madrid, amigos de Madrid e, incluso, alguno que no conocía personalmente pero que nos seguimos en las Redes Sociales desde hace tiempo.

A las siete y media de la tarde en punto me presenté desde el escenario de este acogedor salón de actos y, en la pantalla, comenzaron a proyectarse las imágenes de Bilbao que aparecen en el libro y que Andoni había preparado para que todos los asistentes disfrutaran de nuestra villa a cuatrocientos kilómetros de distancia.

No fue una presentación al uso sino, más bien, una tertulia entre amigos. Hablamos mucho del Bilbao gris e industrial de hace décadas, de cómo se ha transformado en la preciosa villa que hoy disfrutamos, de sus montes, de sus museos, de su ría, de la gastronomía, del carácter bilbaino…

Realmente fue un acto entrañable, divertido y muy cercano.

Al terminar, llegó el momento de las firmas, los besos, los abrazos, los agradecimientos, las fotos…Siempre disfruto mucho cuando los asistentes se acercan, me saludan e intercambiamos impresiones más de tú a tú.

 

Guardaré siempre el recuerdo de una maravillosa tarde en la que todos me hicistéis sentir muy dichosa y satisfecha de contar con la amistad de gente tan valiosa en mi vida.

Muchas gracias a Euskal Etxea Madrid por cederme su espacio.

Muchas gracias a los que me dedicateis un rato de vuestro valioso tiempo.

Mila esker guztioi!

Las fotos son de ANDONI RENTERIA

 

EL AFFAIRE REAL

El 30 de julio de 1476, en la iglesia de Santa María La Antigua de Gernika, el rey Fernando el Católico juró los Fueros de Vizcaya. El monarca, aprovechó el viaje para permanecer en capital vizcaina durante varios días, donde pudo atender asuntos importantes de la villa. Sin embargo, no solo se ocupó de cuestiones políticas sino que, al parecer, se ocupó su tiempo con una bella joven bilbaína de nombre Toda de Larrea.

Don Fernando, a pesar de llevar solo siete años casado con la recatada y católica reina Isabel, no le era fiel y sus devaneos con mujeres de la corte eran muy habituales. En esta ocasión la muchacha bilbaína de una conocida familia noble se dejó impresionar y seducir por el regio amante que la adulaba con halagos, haciendo mella en su vanidad.

El fruto de aquella pasión apareció nueve meses más tarde con el nacimiento de un precioso bebé al que su madre bautizó con el nombre de María. Durante el embarazo, Toda de Larrea, compuso varias coplillas que cantaba a las vecinas donde quedaba clara su aventura con el monarca. Después del alumbramiento, la amante del rey alardeaba de haber dado a luz a una hija suya a la que todos en Bilbao comenzaron a llamar con mucha guasa: Excelenta.

Tanto pavoneo llegó a oídos de la reina Isabel quien decidió enviar a un grupo de fieles caballeros a Bilbao para terminar con aquel escándalo. Los servidores de su majestad se ganaron la confianza de la dama bilbaína a base de joyas y buenas palabras; y, de esta manera, accedieron a su casa de la calle Carnicería Vieja. Una vez dentro le taparon la boca para secuestrarla a ella y a su bebé sin que nadie escuchara nada y evitara aquella tropelía.

Las trasladaron al convento de Madrigal de las Altas Torres en Ávila donde transcurrió toda su vida y, cuando María se hizo mayor, tomó los hábitos. Tiempo después se convirtió en la abadesa del monasterio de Las Huelgas donde la tildaron de tener un carácter áspero e irascible, posiblemente causado por una existencia plagada de secretos y engaños.

Respecto a su madre, nunca más se supo y su aventura cayó en el olvido.

(Imagen tomada de Internet)

LOS ALMACENES AMANN

Emiliano Amann Palme, bilbaíno nacido en la segunda década del siglo XIX, procedía de una familia alemana y, además de ser el fundador de este gran centro comercial, trabajó como Agente de seguros marítimos y tomó parte en la creación del tranvía Bilbao-Las Arenas.

Su gran comercio vendía todo lo necesario para el hogar y para la familia; desde ropa, objetos de decoración, artículos de higiene o juguetes. Con veintiséis departamentos, era el mejor surtido de Bilbao, incluso vendían artículos para la práctica del alpinismo; y su sección de los vinos estaba considerada la más selecta de la villa.
En 1864 se abrió la tienda al público ocupando la planta baja, la primera y la segunda, el resto quedaba destinado a las habitaciones y estancias para la familia.

Ya entonces, a principios del siglo XX, estos grandes almacenes situados en la calle Belosticalle del Casco Viejo, realizaban unas magníficas campañas de marketing enfocadas a promocionar sus productos; como el sistema de venta denominado “Al cucharón” por el que los clientes podían escoger tres juguetes al precio de una peseta siempre y cuando cupieran en un recipiente que decidía el propio establecimiento. Otro de sus reclamos eran los adornados escaparates a los que se acercaban los bilbaínos para contemplar la gran variedad de objetos expuestos.

Quizá la del 15 de febrero de 1905 fue la campaña publicitaria que más dio que hablar. Aquella tarde, el hijo menor del dueño, colocó una gran vela y la encendió en uno de los escaparates, a la vez que eran arrojados desde las ventanas del establecimiento cientos de miles de confetis. La prensa de entonces, aseguró que más de mil personas se habían congregado allí. Se aseguraba, incluso, que tuvo que intervenir la policía.
El objeto de aquella “txirenada” no era otro que conseguir que se acercaran los clientes al comercio y apostaran cuánto tiempo permanecería encendida la vela. Los que más se acercaran al resultado final serían agraciados con algún premio.

Fueron unas quince personas las que se aproximaron bastante a las 179 h y 40’ que permaneció el cirio prendido y que acreditaron varios testigos como el vigilante del Ayuntamiento, el sereno de los almacenes y varios señores influyentes de la sociedad bilbaína, para que no hubiera lugar a dudas.
Cuando el 11 de septiembre de 1892 falleció por un problema cardiaco el empresario Amann a los 71 años de edad, la familia se trasladó a la calle Correo y uno de sus trece hijos se hizo cargo del negocio hasta que, en los años cuarenta del pasado siglo, sus puertas se cerraron para siempre.

 

FOTO INTERNET