ESTACIÓN DE LA CONCORDIA

El origen del nombre de la estación de la Concordia hay que buscarlo en los terrenos donde se encuentra ubicada.

En el siglo XIX muchas familias adineradas de Bilbao habían invertido su dinero en la compañía del Ferrocarril Tudela-Bilbao. Dicha compañía se declaró en suspensión de pagos, lo que causó importantes tensiones entre los inversores. Hubo mucha tirantez entre la empresa y los afectados y, tras varias negociaciones y reuniones, se llegó a un acuerdo que se firmó en estos terrenos donde hoy en día se sitúa la estación. Aquella firma se denominó “firma de la concordia”.
En el año 1893, el ingeniero Valentín Gorbeña fue quien realizó el proyecto ferroviario; mientras que, el arquitecto Severino Achúcarro artífice del Plan del Ensanche, fue el encargado de diseñar un edificio de estilo modernista y elegante que diera prestigio a la compañía, dotándole de ese aspecto singular de la fachada con su reconocible rosetón; así como la magnífica galería porticada que hace las veces de andén y sala de espera, desde la que se contempla una bonita estampa bilbaína con la ría, el Teatro Arriaga y el Arenal. En el hall de entrada, en el que destacan sus columnas de hierro forjado, se organizan diferentes actos culturales y exposiciones temporales.

En el andén de salidas se colocó el 8 de enero de 1902 el busto del empresario Víctor Chávarri en reconocimiento por haber sido el principal promotor de la línea Santander-Bilbao.
A lo largo de la vida de esta estación terminal han sido numerosas las reformas que han ido poco a poco modificando el aspecto original para ofrecer un mejor servicio y una mayor accesibilidad a todos los usuarios que, a diario, viajan hacia Santander o a los pueblos de las Encartaciones con la compañía Renfe Feve.

FOTO: ANDONI RENTERIA

EL CUARTEL DE GARELLANO

El Regimiento de Garellano, creado en Ciudad Real en 1877, fue bautizado así en honor a la batalla en la que, los españoles y los aliados, vencieron a los franceses en la desembocadura del río italiano del mismo nombre en el año 1503 en el marco de la segunda guerra de Nápoles.
Este regimiento fue destinado primero a Madrid y, posteriormente, a Orduña para terminar en Bilbao en 1887 ocupando un edificio en la confluencia de las calles Conde Mirasol y San Francisco; donde anteriormente se ubicó el Convento Imperial de San Francisco.
Años después, en 1932, los militares se trasladaron a los recién inaugurados cuarteles de Basurto que formaban un conjunto de pabellones en torno a un patio central edificados en un estilo neo-árabe con varios elementos neo-mudéjar.


Cincuenta años ocuparon los soldados estas dependencias; ya que, en 1981, fueron trasladados a Mungia pasando, el cuartel, a ser propiedad del Consistorio Bilbaino quien lo puso a disposición del Cuerpo de Bomberos y de la Policia Municipal de Bilbao.
Existe una leyenda que asegura que a los militares les llamaban “zortzis” (ocho, en euskera) debido a que ese era el número de tranvía que utilizaban para llegar al cuartel desde Atxuri, pero no es cierta esa versión. El origen del nombre se remonta a la mitad del siglo XIX cuando todavía no había llegado el regimiento Garellano y el cuartel lo ocupaba el regimiento África. Aquellos soldados llevaban en el cuello de su guerrera un número correspondiente a su unidad que, en aquel caso, era el número ocho.
El regimiento de Garellano contaba con una magnífica banda de música que actuó en el Teatro Campos Elíseos durante los carnavales de 1887 y que solía ofrecer conciertos en el Kiosko del Arenal.
Otra de las anécdotas de aquel ejército de Garellano fue su firme posicionamiento a favor de la República el 18 de julio de 1936, día del levantamiento fascista, manteniéndose leal al Lehendakari Aguirre.

FOTO de INTERNET

CASA TORRE URIZAR

No es habitual encontrarse una casa de estas características en la entrada de una gran ciudad. Sin embargo, la Casa Torre Urizar ha sido un icono que todos los bilbaínos hemos conocido en el barrio de Irala, con gallinas en sus terrenos y su aspecto deteriorado.
Los historiadores aseguran que no fue casa torre, a pesar de que siempre se la ha denominado así; sino un caserío de algún campesino adinerado que construyó su propiedad emulando a las casas torres o pequeñas fortalezas, pero con un uso más residencial, como se aprecia por su planta más ancha si la comparamos con la de las casas torres.
Edificada en el siglo XVI, fue reformada casi completamente en el siglo XVII, aunque conserva algunas ventanas saeteras de la construcción original. Este caserío también conocido con el nombre de Gina, actualmente es propiedad del Ayuntamiento de Bilbao y tuvo que ser sometido a una reforma integral debido al mal estado tanto de la estructura como de las fachadas y la cubierta. Los vecinos vieron en la restauración una posibilidad de disponer de un edificio que se usara como lugar de actividades culturales o reuniones sociales.


En los trabajos de reforma hace más de diez años, el jefe de obra, al derribar un cobertizo, descubrió en el suelo una moneda medio tapada con el barro. Comenzó a excavar con una azada y, para su sorpresa, se encontró un total de doscientas setenta monedas y restos metálicos. lo que hace suponer que habrían sido escondidas en una caja de ese material. Estas piezas fueron datadas entre el año 1869 y 1937 y, algunas de ellas, muestran la efigie de Amadeo de Saboya o de Alfonso XII de niño, denominadas “pelones”.
Alrededor de este caserío se edificó una zona residencial llamada Torreurizar, proyectada por el arquitecto Ricardo Bastida en 1919 en la que se dio respuesta a la necesidad de vivienda barata. Casi trescientos domicilios de diferentes tamaños y distribución pensados para acoger a familias numerosas o a personas solteras.

FOTO: ANDONI RENTERIA