ARTE SACRO EN EL ANTIGUO CONVENTO.

Hoy os llevo a la plaza de la Encarnación del barrio bilbaíno de Atxuri a visitar el Museo Diocesano de Arte Sacro.
En el año 1961 nacía este museo con un objetivo claro: la conservación, el estudio y la divulgación del patrimonio histórico y artístico de la Diócesis de Bilbao.
Tuvo varias ubicaciones como el Seminario de Derio, donde fue instalado y visitado exclusivamente por investigadores hasta que, en 1991, se firmó un convenio por el que el Ayuntamiento de Bilbao cedía el antiguo convento de la Encarnación, la Diputación Foral de Bizkaia corría con los gastos de la rehabilitación y el Obispado de Bilbao aportaba la colección de arte y un equipo técnico del Museo.
Puestos todos de acuerdo y, tras cuatro años de obras, el museo se inauguró en el año 1995.

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Actualmente cuenta con más de 2000 piezas, aunque solo se exponen unas 500 que abarcan desde el siglo XII hasta el XX; incluso cuentan con alguna pieza arqueológica del siglo III.
El museo tiene bien diferenciadas tres zonas: Una de pintura y escultura, otra de orfebrería y la última de ornamentos y vestiduras.
Yo he ido varias veces, tanto a la exposición permanente como a diferentes exposiciones temporales que suelen realizar o a algún evento que organizan durante el año.
El coqueto claustro es escenario de un mercado de dulces que se celebra cada mes de mayo. En su centro, un pequeño estanque es la vivienda de varios peces rojos.

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Este edificio construido en el siglo XVI se conserva magníficamente, no hay más que ver sus bien cuidadas galerías que asoman curiosas al claustro.

En una de las esquinas, por unas escaleras, accedo a un pequeño pero muy coqueto jardín.Museo Diocesano Jardin

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Empiezo mi visita subiendo a la última planta y lo hago utilizando las escaleras de madera que mantienen ese aire rústico que tanto me gusta.

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Llego a una sala donde las esculturas y pinturas son las protagonistas. Veo tallas de madera de mucha importancia artística como así me explica el guía. Algunas han perdido con el paso del tiempo los colores.

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Estos alabastros ingleses del siglo XV y XVI son una verdadera joya. Cuando se tallaron fueron pintados pero, en el siglo XVII les borraron aquella policromía a propósito.

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Otra pieza importante y de gran valor artístico es este San Jorge del año 1500.

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Deambular por esta sala es realizar un recorrido por la historia, por la cultura, por las tradiciones que permanecen durante varios siglos.
En la sala de orfebrería muchos son los objetos que relucen en sus vitrinas.

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El guía comenta que, a mediados del siglo XV, había trece plateros trabajando en Bilbao. Teniendo en cuenta la población de entonces, eran muchos los que se dedicaban a este arte. Los orfebres recibían muchos pedidos de la gente pudiente que no dudaba en demostrar su buena economía haciendo alarde con objetos para el hogar o como complementos para sus vestimentas.
En la siguiente sala los protagonistas son los ornamentos y la indumentaria eclesiástica. Casullas, hábitos, estolas, sotanas y, hasta mantones de Manila, se exponen en unas vitrinas acristaladas.

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Algunos de estos objetos fueron traídos desde Filipinas enviados por el Deán de Manila en el siglo XIX.
Se termina la visita y solo queda agradecer al guía sus explicaciones y su tiempo.
Los martes podéis visitar este museo gratuitamente.

FOTOS: ANDONI RENTERIA

LAS RUINAS DEL ANTIGUO CONVENTO

Hoy día dos de mayo de 2016 una parte de los vestigios bilbaínos más importantes han sido presentados en sociedad.

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Se trata de los restos arqueológicos pertenecientes al antiguo convento de los franciscanos del siglo XV que, en 2007, encontraron mientras excavaban para llevar a cabo unas obras de un parking.

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El barrio de San Francisco se quedó sin aquel aparcamiento, pero Bilbao ganó un espacio y un trozo de nuestra historia que permanecían ocultas bajo la plaza Corazón de María.
Estas ruinas, que ocupan una superficie de 2000 metros cuadrados, han sido testigos de retazos de nuestra historia tanto religiosa con los franciscanos como militar con las guerras carlistas.
En el convento llegaron a residir hasta 100 frailes, posteriormente se convirtió en cuartel militar y, de entonces, fueron descubiertos restos óseos pertenecientes al menos a 15 personas que fueron enterradas en el claustro y en el huerto.
El recinto se ha cubierto con un techo acristalado que permitirá entrar la luz pero protegerá las ruinas de las inclemencias del tiempo.

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Hay varias salidas de emergencia y se podrá acceder a través de las escaleras desde la plaza o por las oficinas del Museo de Reproducciones.
Está previsto que haya visitas guiadas pero, de momento, no tengo más información sobre eso.

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Al acto han acudido diferentes concejales, arqueólogos, personalidades de la cultura y, por supuesto, el alcalde de la villa Juan Mari Aburto, que ha escuchado atentamente las explicaciones del arqueólogo que les ha acompañado en su visita por este espacio que nos permitirá conocer más de nuestro Bilbao.

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Un pozo preside el centro del claustro.

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FOTOS: ANDONI RENTERIA

UNA CASA MUY MATERNAL

A finales del siglo XIX se hizo necesaria la creación de una Casa de Maternidad en la villa. La sociedad estaba cambiando y, cada vez, eran más las jóvenes y no tan jóvenes que por su inocencia o, por todo lo contrario, quedaban encinta. Por ello, la Diputación Provincial de Vizcaya impulsó este proyecto social.

Al principio se instaló para tal fin un piso refugio en la Plaza de la Cantera, atendida por las Hijas de la Caridad de San Vicente de Paul, quienes debían cuidar de la ropa, las camas, la comida y la limpieza.

Además había una comisión asignada por la Diputación para gestionar aquella obra benéfica.

Por supuesto contaban con un médico que visitaba a aquellas mujeres acogidas en el piso, una vez al día, por lo menos. Debía permanecer siempre de guardia y ocuparse de intervenciones y partos complicados.

Asimismo, la comadrona, era de vital importancia en este proyecto. El médico delegaba algunas funciones en ella, como por ejemplo los partos sin problemas.

Varias enfermeras y un capellán completaban los servicios de la Casa de Maternidad. El religioso debía inculcar a las mujeres allí alojadas, el arrepentimiento por los errores cometidos.

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Para solicitar el ingreso debían cumplir tres condiciones:

  • Ser soltera y primeriza
  • Ser de la provincia o llevar al menos tres años residiendo en ella
  • Encontrarse, al menos, en el sexto mes de embarazo.

Ya admitidas, se formaban dos grupos. Por un lado las que abonaban 2,50 pesetas diarias. Y, por otro, las llamadas «De comunidad» que no contaban con recursos económicos.

Ni qué decir tiene que el trato hacia ellas también era diferente; a las del primer grupo no se les  hacía preguntas e, incluso, se las inscribía con nombres falsos para que no se las pudiera relacionar con ninguna familia importante.

Era tal el cuidado que se dispensaba a estas mujeres para mantenerlas en el anonimato, que se las facilitaba un velo a las que asi lo querían para cubrirse la cara.

Muchos de los niños nacidos en esta casa terminaban entregados en la Casa de los Expósitos de Bilbao.

En 1895 se construyó el edificio para este fin en el barrio de Santutxu que, actualmente, funciona como Centro de Salud.

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FOTOS: ANDONI RENTERIA